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Entrevista a José Mª Ezquiaga Domínguez

 

Este es el resultado de una conversación distendida con uno de los urbanistas más conocidos de nuestro país. Con un perfil muy diverso en el que destaca su labor como redactor de planeamiento tanto en España como en el extranjero, así como su actividad docente en la Escuela de Arquitectura de Madrid, ha ocupado cargos de responsabilidad en la administración madrileña y recientemente ha ejercido como Decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, lo que le da una visión muy amplia a la hora de responder a las cuestiones planteadas.

 

Entrevista

Realizada por Alberto Leboreiro Amaro

 

A lo largo de tu Carrera te has especializado en el estudio de la ciudad tanto en aspectos teóricos como investigador y profesor de la ETSAM como en la práctica a través de trabajos profesionales. Además en tu web divides tu experiencia como profesor y arquitecto-urbanista tanto en planes naciones como internacionales. ¿Cómo crees que se complementan ambas visiones en tu caso?

Mi inclinación personal ha sido siempre hacia la reflexión, pero la experiencia durante la carrera y primeros pasos profesionales durante el singular periodo histórico de la Transición política y los enormes cambios que supuso para el país me convenció de que no era suficiente interpretar el mundo era necesario participar en su transformación. Hoy es difícil de imaginar, pero el comienzo de los Ayuntamientos democráticos en los años 80 del pasado siglo fue una etapa enormemente fructífera del urbanismo en la que los municipios expresaron a través de sus planes una parte importante de las aspiraciones de cambio y modernización de la sociedad.

Por este motivo mi carrera se inicia desde la Administración municipal con una visión cercana a los problemas reales de la ciudad y de la gente. Recordemos por un instante las reivindicaciones de la época: escuela, zonas verdes y no pisar más barro. Desde entonces, en paralelo al desarrollo social y económico de España, los problemas urbanos se han hecho mucho más complejos y desgraciadamente el urbanismo se ha alejado de las necesidades de la gente.

Para conocer es necesario investigar y en urbanismo es muy difícil incidir sobre el núcleo de los problemas alejado de la experiencia real de la intervención en la ciudad y el planeamiento. Ahí entra en juego la segunda componente de mi experiencia profesional: investigar y trabajar en la práctica urbanística implica la necesidad de aprender y compartir conocimiento con los estudiantes y con la sociedad en su conjunto. Es otra manera de transformar la vida.

 

Al tiempo que te doctoraste en arquitectura estudiaste sociología, ¿Qué aporta esta visión a tu percepción de la ciudad?

Estudiar sociología fue la expresión de la necesidad de entender los problemas urbanísticos en un contexto más amplio, fruto, como ya he dicho, del convulso momento histórico de la Transición. Pero desde entonces conocer de manera más profunda los resortes clave de nuestra sociedad expresa también, en mi opinión, la voluntad de defender una visión más ambiciosa de la arquitectura.

Hoy en día, cuando la preocupación por la crisis ambiental y la creciente inequidad social han vuelto al primer plano del debate público, observo como los estudiantes integran con naturalidad la arquitectura y la ciudad en el contexto cultural más amplio de la época que les ha tocado vivir. Cuando éramos estudiantes está perspectiva no era tan común. Dominaba una visión disciplinar de la arquitectura de la cual se pretendía alejar como perturbadora cualquier referencia contextual a la sociedad o a la ciencia. Solo la historia a través de la perspectiva patrimonial abrió una brecha en esa tendencia al encapsulamiento de la disciplina, desgraciadamente todavía visible en su versión más icónica.

 

¿Cuál es tu opinión sobre la situación del urbanismo en la actualidad y en particular en nuestro país?

Los planes municipales han reducido mucho su ambición y alcance, limitándose a regular los crecimientos de las ciudades. De esta forma han terminado resultando poco relevantes para que la sociedad exprese en ellos sus preocupaciones y aspiraciones en relación con la calidad de vida, la salvaguarda ambiental, la resiliencia, la equidad, por no mencionar los temas clásicos del urbanismo: la movilidad y el equilibrio funcional y los equipamientos.

La garantía jurídica del urbanismo y el papel clave de los planes en la regulación del derecho de propiedad del suelo fue un inicio necesario para poner límites a una concepción absoluta de la propiedad, pero desgraciadamente ha terminado convirtiéndose en una cuestión autorreferente. La idea de someter el uso del suelo al dictado de los planes urbanísticos orientados por la búsqueda del interés general es en sí misma irreprochable, pero lo cierto es que los planes han terminado rigidizándose y convirtiéndose en garantía de los valores del suelo al margen de las necesidades reales de los territorios y ciudades.

 

¿Crees que la enseñanza de la arquitectura a nivel universitario está suficientemente valorada o crees que hay que acometer cambios sustanciales?

El enfoque de nuestra enseñanza está vinculada al proyecto y creo que es positiva. Hay otros países en que es más cercana a la geografía. Acercar la enseñanza a las humanidades da una visión más analítica, pero hay que pensar que el arquitecto debe tener la habilidad de traducir su diagnóstico y el de otros en propuestas reales: en proyectos. Transformar la realidad a través del proyecto está en el ADN de la arquitectura y el urbanismo, así como de otras muchas profesiones vinculadas a las ciencias, tecnología e ingeniería.

El urbanismo es el ámbito de convergencia de profesionales diversos, los arquitectos tienen la capacidad de volcar el análisis a la acción, pero necesitamos inputs diversos según los problemas.

Cabe preguntarse: ¿No sería mejor una formación académica en urbanismo? A mi juicio, se correría el riesgo de abandonar el proyecto en aras de un entendimiento más general de los problemas. Creo que es más interesante entender el urbanismo como una disciplina que no pertenece a ninguna profesión en concreto y que, por tanto, precisa de la contribución de muchas, entre ellas muy singularmente la arquitectura.

 

¿Consideras que los procesos urbanos están burocratizados, como señalan muchos de los agentes implicados, en cuanto a exceso de legislación e incluso últimamente demasiado judicializados?

Hay que ir a planes más flexibles, con más margen de adaptación en los aspectos normativos y un mejor control social. Lamentablemente, la clave hoy es tramitar bien el plan, moverse en una selva normativa, llevarlo a puerto seguro, aunque no se sepa bien con que propósito. Lo procedimental ha llegado a dominar todo el escenario. Hemos creado un monstruo y se ha convertido en un sistema de privilegio, los que navegan bien en ese sistema complejo pueden moverse con éxito en la incertidumbre.

Hay que defender el urbanismo. Hábitat 3 dice que hoy es más importante que nunca. Hay que cambiar de mentalidad, convertir el planeamiento en algo más innovador, negociado, transparente. Aceptar la vigilancia social y confiar más en los procesos abiertos de diálogo entre los diversos actores. Hay que reconocer que, por ejemplo, los convenios han generado aberraciones, pero también han servido para generar buenas actuaciones. El problema no está en los instrumentos, sino en el uso que hacemos de ellos.

 

¿Percibe la sociedad la necesidad de la planificación, participa y se identifica con su ciudad? ¿O crees que existe una desafección con los procesos, debido a falta de información, conocimiento, asesoramiento o de cauces continuos y con lenguaje común de participación?

Es necesario que la opinión pública se sensibilice y haga propias cuestiones como la equidad y el cambio climático. En su momento la protección del patrimonio fue motivo de confrontación, hoy no se discute. Es preciso identificar como palancas aquellas que potencian la mejora de la ciudad. Por ejemplo, el confinamiento nos ha privado temporalmente del uso del espacio público o lo ha sometido a unos límites horarios muy rígidos. Con anterioridad usábamos con naturalidad las calles plazas y parques, pero no reivindicábamos específicamente la calidad del espacio público. Súbitamente una situación sobrevenida desencadena la conciencia de que nuestras calles están mal conformadas, una parte muy importante de la ciudadanía visibiliza en su propia experiencia el beneficio de una ciudad sin automóvil y aire limpio y surgen en muchos países desarrollados demandas de mejora del espacio público y de limitación razonable del uso del automóvil. No es muy distinto a la toma de conciencia del valor estratégico de las infraestructuras sanitarias para salvar vidas en momentos críticos, más allá de los ahorros presupuestarios en salud producto de la mera visión coyuntural.

 

¿Cómo acercar a los vecinos al urbanismo cómo se comunica hoy la visión de desarrollo del barrio?

Ha cambiado la percepción de los vecinos, se ha recuperado con la salida a las ventanas y balcones el recuerdo de una ciudad en la que los niños podían jugar en la calle bajo la vigilancia los vecinos y podían ir al colegio caminando con seguridad. Por mucho que se predique no puede sustituirse la experiencia directa de la gente. En general se confunde comunicación y participación con propaganda. Hay que escuchar desde el primer momento los sentimientos y necesidades de las personas y después elaborar análisis, contrastar y tomar decisiones que requieren un conocimiento técnico. Los profesionales debemos ser más humildes y no actuar hasta que no tengamos un conocimiento suficientemente profundo y completo de las necesidades de la gente real. Si estos perciben los beneficios apoyarán las propuestas.

 

¿Existe un desprestigio de los urbanistas a nivel social? Todos hablamos de urbanismo, ¿se ha banalizado?

Al convertirse en una técnica instrumental, cualquier representante político, empresario o colectivo puede decir lo que hay que hacer sin un análisis objetivo de las consecuencias de sus decisiones. Un ejemplo evidente ha sido el manejo de las edificabilidades tantas veces con resultados inesperados de exceso de congestión o de carencia de una mínima densidad para crear una ciudad viva.

La experiencia como Decano del COAM me ha mostrado la importancia de la comunicación -en el doble sentido de saber escuchar y saber proponer- para ganar el respeto de la sociedad y mejorar la posición técnica de los profesionales. Pero el respeto hay que ganárselo cada día mostrando la utilidad y beneficio social de la arquitectura y el urbanismo. Ciertamente los profesionales no somos ajenos a los intereses contradictorios presentes en la sociedad civil y es muy legítima la defensa de los intereses específicos de cada segmento profesional, pero la arquitectura y el urbanismo deben entenderse desde la consecución más amplia del interés colectivo.

Tras bastantes años de uso, la palabra “urbanismo” se ha asimilado en nuestro país con burocracia, cuando no con corrupción. Paradójicamente, en un momento en el que en el mundo anglosajón se recupera la palabra latina “urbanismo” como expresión de la sensibilidad hacia la ciudad en su complejidad social y espacial, frente a la actividad más convencional del planeamiento (town planning). En un momento de cambio social las palabras son accesorias, lo importante es lo que vehiculizan. Recuperaremos el sentido más profundo de la palabra urbanismo, pero hoy en día es importante hablar de “ciudad”, un concepto con el que la gente se siente apelada en su sensibilidad.

 

Los temas de siempre siguiendo a Gehl o Jacobs: densidad, gente viviendo cerca, la proximidad, la mezcla de usos, la diversidad y los diseños con espacios abiertos de relación y espacios para el peatón. ¿Qué papel juegan en la actualidad estos temas? Y más considerando un proceso como el del Covid-19 en el que estamos.

Como es sabido, en las últimas décadas las sociedades desarrolladas apuntan a una mayor inequidad y desequilibrio. Esto es de gran trascendencia para las ciudades, de por sí espacios de integración y convivencia colectiva. Desgraciadamente parece haberse perdido la memoria de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, tan presente en la generación que construyó la Unión Europea, en la que veo un paralelo con la generación que edificó más tarde la transición política y económica de España hacia la modernidad.

La pérdida de aprecio de los bienes públicos, fruto de una limitada visión neoliberal, ha puesto en cuestión el urbanismo, asociado a la planificación burocrática. He mencionado antes los límites de la práctica actual del urbanismo desde una perspectiva opuesta: recuperar los cimientos de la actividad pública como expresión de los bienes colectivos irrenunciables: desde la salud al medioambiente, pasando por la calidad de vida en las ciudades. Sin embargo, cuando una catástrofe como la actual crisis sanitaria nos amenaza se evidencia un rápido cambio en las mentalidades: ¿Me fiaría del mercado para que mantenga mi vida a salvo? Preguntas semejantes podemos hacernos en relación con la salvaguarda medioambiental o la equidad urbana.

 

El tema de la rehabilitación urbana siempre ha sido una asignatura pendiente, ¿se trata de un proceso complejo? ¿difícil? ¿Crees que es básico contar con financiación pública, ya que ello no presenta interés para el sector privado? ¿Por qué en otros países europeos sí funciona? ¿Los procesos de desequilibrios sociales en el corazón de la ciudad y la gentrificación pueden ser resueltos?

La gentrificación está vinculada al mercado, va de la mano de una mayor demanda de lugares puestos de moda, identificados por un grupo de vanguardia y atractivos para una población con mayor nivel de renta, haciendo subir los precios y generando el desalojo de los vecinos de menores rentas. Las administraciones deben garantizar la protección de los más vulnerables, no solo por un criterio de Justicia social sino en beneficio de la propia ciudad, ya que en la vitalidad de la mezcla social y de usos la ciudad alcanza su mejor condición. Esta acción debe enfocarse prioritariamente en la oferta de vivienda pública y privada de alquiler a precio asequible. Chueca o Lavapiés han sido fenómenos sociales sin apenas intervención pública. Madrid apostó por modernizarse e hizo la M-30 dejando pendiente el centro histórico y ahora debe ser la gran herramienta para transformar la almendra central, en un ámbito de residentes, más permeable y en red. Hay que generar barrios, complejos, vibrantes y vivos recuperando el concepto de unidad vecinal o célula urbana, entendida cómo el equilibrio entre las funciones básicas y la vivienda, en un entorno de movilidad peatonal.

 

En un área metropolitana siempre se habla de los desequilibrios urbano-rurales. Enfrentada la dependencia del espacio rural de los servicios de la metrópolis a una utilización del espacio rural como espacio de dotación y de ocio de las áreas metropolitanas, se plantean así unas fuertes relaciones (interdependencia) entre ambos espacios. ¿Cuáles serían las soluciones para resolver estos desequilibrios?

Estos desequilibrios tienen su expresión en lo que se ha venido en llamar la España vacía. La experiencia del teletrabajo durante el confinamiento nos muestra una oportunidad para revertir este proceso. Es posible recolonizar ámbitos que por sus infraestructuras digitales y convencionales se encuentran en red, como los entornos urbanos, y hacerlos competitivos en términos de calidad de vida, pero también de integración en los clústeres económicos. Es el momento de ciudades medias como Toledo, Puertollano, Salamanca, Cuenca, Aranda de Duero o Guadalajara, muy bien equipadas, pero difíciles de mantener en ese nivel de calidad sin una reactivación demográfica y económica.

Es importante considerar que las infraestructuras lineales como el tren alta velocidad pueden tener un efecto contradictorio, es decir, puede generar expectativas de crecimiento, pero también de concentración en torno a los nuevos nodos suprarregionales. Es mejor potenciar el policentrismo en torno a los centros metropolitanos como Madrid que potenciar su crecimiento disperso indefinido, con un altísimo coste en energía, consumo de suelo e infraestructuras.

 

Cuando vemos lo que se hace fuera de España y las grandes operaciones realizadas en nuestro país en los últimos años ¿Qué diferencia destacarías? Tamaño, diseño, dotaciones, infraestructuras, participación etc. (PAU’s).

Las grandes operaciones urbanas son de largo aliento y requieren tiempos casi históricos. Si consideramos la construcción de la Castellana, observaremos que ha experimentado cambios en tipologías y usos, así como el encaje de piezas muy diversas, desde ministerios al estadio Bernabeu. Todo ello para coadyuvar al éxito final de la transformación urbana. Lo peor de los PAUs es su equivocada concepción global, en parte debida a una visión monofuncional de los nuevos crecimientos residenciales, pero también a su deficiente caligrafía: se ha perdido la escala humana, la geometría no funciona bien, las calles sobredimensionadas no conducen a ningún lugar. En definitiva, es el canto del cisne de una mentalidad que confunde asfalto con espacio público en base a la priorización del automóvil.

Contrasta con la idea de la ciudad de los 20 minutos. Mucho más próxima al principio de la unidad vecinal, sustentada en la cercanía de los servicios esenciales y los equipamientos básicos principalmente la escuela y un diseño basado en el ciudadano.

En otros ámbitos de la vida económica el cliente orienta la actividad empresarial. Hay que potenciar que el ciudadano demande de los gobiernos municipales y de los promotores resultados distintos a los actuales. ¿Educarle? No, hacerle consciente de la necesidad de un espacio público mejor diseñado, de una vivienda más flexible y adaptable a las nuevas formas de vida. El progreso en la sostenibilidad y la edificación nunca hubiera sido posible sin la extensión de la conciencia respecto de los problemas del cambio climático

 

¿Tienen solución las periferias urbanas con paisajes deteriorados y enquistamiento de una población más desfavorecida?

Mientas que los municipios del entorno de Madrid han llegado a un cierto equilibrio entre residencia, empleo y equipamientos en el caso de Madrid la centralización de la inversión ha succionado las posibilidades de los barrios de la periferia como Vallecas o Villaverde. La inversión privada se ha concentrado en las áreas de calidad, no así la pública que ha funcionado como herramienta de reequilibrio territorial. El problema es la calidad de los entornos de los hospitales o los colegios como ejemplo, a nivel de servicios públicos no se pueden hacer más, hay que tomar otras medidas.

Recientemente, en una exposición sobre aniversario de la Ley de Derechos Civiles norteamericana celebrada en la Biblioteca del Congreso de Washington, se podía apreciar como, por iniciativa del Gobierno, se trasladaba a los niños de barrios vulnerables (con población en general afroamericana) a colegios localizados en barrios de mayor renta. ¿Estaríamos dispuestos a respaldar medidas de una radicalidad semejante en el Madrid contemporáneo? Tengo serias dudas.

 

¿Hacia qué tipo de movilidad tendremos que ir en el futuro en nuestras ciudades?

Se universalizarán las calles de residentes, recogiendo medidas más sensibles en temas como mover a las personas dependientes. El acceso a Madrid se limitará antes de diez años, lo que exigirá una mejora del transporte colectivo, incrementando frecuencias y calidad. Habrá que potenciar la actividad económica en los municipios metropolitanos y el teletrabajo para reducir la movilidad obligada. Si la mitad de la población activa en oficinas teletrabajara un día a la semana habría una disminución del 10% del tráfico, que supone pasar del atasco a la fluidez.

 

Debemos considerar la vivienda como una dotación social necesaria y no un mero activo inmobiliario. ¿Qué papel tiene que jugar el alquiler para grupos desfavorecidos, jóvenes y tercera edad en un país de propietarios? ¿Son de aplicar políticas que se presentan como novedosas: coliving, cohousing o la vivienda flexible?

La vivienda es un bien peculiar que el mercado no regula eficientemente, por eso es importante la intervención pública. Por ejemplo, las políticas de intervención pública holandesas facilitando el acceso a la población joven. ¿Gasto público innecesario? El coste de la vivienda repercute de manera muy determinante en los salarios y, en consecuencia, en el conjunto de la productividad del país. La vivienda no debe ser regalada, pero sí tener un coste accesible.

 

¿Cómo ves el papel de las actividades económicas, el papel del teletrabajo, la necesidad de actividades industriales o la logística en la ciudad?

Habrá que pensar en la transformación de terciario a residencial, vivienda más barata y vivienda productiva. El mercado cambia, las grandes cadenas se infiltran en la ciudad. Ahora vemos a IKEA en la calle Serrano. Esto no lo ha cambiado la norma, sino la gente. Ya no interesa el centro comercial, sino formatos menores de mediano y pequeño tamaño. Recuerdo una frase en la excelente serie Years and years: “Vimos cerrar la tienda de ultramarinos de la esquina y no nos importó”. Perdimos el estilo de calle y ahora toca defender el pequeño comercio, la farmacia, la frutería y el espacio público de calidad.

 

¿Qué papel juegan las dotaciones como equilibradoras del territorio?

Esencial, garantizan los derechos a unos mismos servicios por ser de un país.

 

¿Crees necesaria la existencia de un plan integrado estratégico a nivel metropolitano o regional como marco para el planeamiento local? Y si es así, ¿por qué ha habido una oposición o falta de interés hacia el mismo por parte de todos los estamentos?

La mayor dificultad para abordar el planeamiento regional no es técnica. Hay información y talento más que suficientes en Madrid. Radica más bien en la visión de luces cortas de los Ayuntamientos y la Comunidad Autónoma para evitar conflictos competenciales. El Plan Regional es necesario para evitar incoherencias y dar certeza a las inversiones a largo plazo. Sería una gran ayuda para reenfocar el crecimiento de Madrid y potenciar su estabilidad a largo plazo. Vivimos un urbanismo de casino en el que los más avezados sacan partido inmediato. Faltan apuestas económicas y sociales de largo aliento que movilicen a empresarios y sociedad civil en torno a objetivos comunes.

 

¿Cómo deberíamos abordar el reto de la económica circular en la ciudad?

Ya se vivió: en nuestra infancia se rellenaba la botella de aceite, era de sentido común, los jerséis se heredaban de unos hermanos a otros, las cosas se reparaban… La economía circular significa sobre todo un cambio de estilo de vida, un cambio en las pautas de producción y consumo desde principios de economía política ajenos a la falacia del crecimiento indefinido. Hoy en día la tendencia imparable es hacia la sustitución de la mano de obra experta por robots o trabajadores precarios poco cualificados y mal remunerados. Ese modelo de sociedad es muy peligroso e incrementa la fractura y la desintegración social. Recordemos lo antes dicho en relación con el gran acuerdo de la reconstrucción europea sustentado sobre la cohesión social y el estado del bienestar.

 

¿Cómo consideras que debe abordarse el papel del patrimonio histórico en las ciudades globales, frente al afán de innovación y regeneración urbana en profundidad?

El patrimonio es parte de la memoria colectiva. Un inmueble no solo es importante por la arquitectura sino por quienes lo habitaron y por los acontecimientos que acogió. Ítalo Calvino decía “que la memoria de la ciudad es visible en cada rasguño”. Pensemos en el Edificio España. Su arquitectura no es notable, pero forma parte de un imaginario de Madrid que el debate público en torno a su demolición o preservación puso de manifiesto.

 

¿Es posible promover la Inclusión social y la solidaridad en la construcción de la ciudad?

Es imprescindible y eso es cierto en todos los ámbitos de la vida social. Paradójicamente, es fácil tomar medidas que mitiguen la exclusión social: la mezcla de viviendas en precios y tamaños en los tejidos urbanos existentes y nuevos favorece la inclusión. Los guetos no son buenos para la salud de la ciudad, además de ser inaceptables en términos de solidaridad moral.

 

 

Artículos de José Mª Ezquiaga en planur-e:

#02 - Invierno 2013: "Un nuevo urbanismo de transformación y reciclaje: Proyecto Madrid Centro"

#05 - Verano 2015: "Plan del Patrimonio Mundial Unesco de Panamá. Una estrategia creativa de gestión del paisaje cultural histórico de Panamá"

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Josep Mª Llop Torne. Arquitecto. Profesor en la Facultad de Geografía de la Universidad de Lleida

Llanos Masiá González, Arquitecta. Profesora Asociada de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid

Javier Ruiz Sánchez. Dr. Arquitecto. Profesor Titular de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid

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