Este escrito no es exactamente una noticia, sino una reflexión acerca de cómo otros países, en este caso Francia, trabajan en la conservación y mejora de las ciudades pequeñas al objeto de mantener su calidad de vida y atracción turística, en una coyuntura en el que el turismo como actividad económica está en un momento álgido, aunque Francia haya sido siempre y es un país turístico relevante. Se encuentra entre los diez países con mayor industria turística y es el que cuenta con mayor número de visitantes.
Sin embargo, es posible constatar como en los últimos años en los que se habla tanto de territorios vacíos en España en el discurso cotidiano, se observa que este no es un fenómeno singular, en Francia las zonas del Sur interior como Borgoña-Franco Condado o Auvernia-Rodano-Alpes que cuentan con ciudades importantes como Lyon, Dijon o Clermont-Ferrand ven como sus zonas rurales se van vaciando, justamente a favor de esas ciudades o de ciudades pequeñas. Donde antes era impensable no tomar un café a media mañana o comprar una baguette ahora hay que ir a los núcleos cabecera para obtenerlos, el cambio de cultivos, la soja se prodiga, el mayor nivel formativo hace despreciar la vida rural y el territorio rural pierde población en favor de esos núcleos que ven aparecer urbanizaciones en sus bordes y los pequeños pueblos solo se ven con vida en el fin de semana.
El turismo está claro es una fuente de divisas, crea empleo y lo que es más importante contribuye al desarrollo regional y a fijar población y esto Francia lo tiene muy claro, aprovechando su rico patrimonio construido desde el monumental al doméstico y su paisaje muy diverso.
Se cumplen ahora cincuenta y cuatro años de la aprobación de la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (París 1972), la experiencia acumulada en estos años en relación con la protección y difusión del patrimonio edificado ya sean monumentos, conjuntos o lugares y el avance en el cuidado del inmaterial o la valoración del paisaje ya sea natural o antropizado nos permite constatar cómo hemos asistimos a una progresiva ampliación de la conciencia patrimonial en todo el mundo y Francia ha resultado ser pionera en ese reconocimiento en relación con las pequeñas ciudades y lugares a través de la construcción de dos redes de reconocido prestigio: “Les Plus Beaux Villages de France” y “Petites Cités de Caractère”.
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La primera red que se constituye es la de “Petites Cités de caráctere” en Bretaña en 1976, cumple ahora 50 años, su red se ha ido extendiendo hasta contar con 224 municipios con el objetivo de poner en valor la autenticidad y la diversidad del patrimonio, la etiqueta se concede a municipios con menos de 6000 habitantes, que poseen un conjunto arquitectónico de calidad y coherente y se comprometen a mantener su patrimonio y difundirlo entre sus habitantes y visitantes.
El proyecto tiene la intención de acompañar a los municipios que en un tiempo fueron centros políticos, religiosos, comerciales o militares y donde urbanidad y ruralidad se mezclan armoniosamente, muchos han perdido sus funciones, pero cuentan una historia de ciudad. Se les pide que deseen conciliar sus proyectos de desarrollo y la gestión de su legado histórico artístico y poner en valor esas localidades frente al público, en el seno de esta red, estos municipios se abren a la valoración y preservación de su patrimonio, sea construido, material, inmaterial o natural y a su transmisión a las generaciones futuras, la sostenibilidad está presente. Más que una marca o etiqueta es un reto para la promover un marco de vida excepcional, apoyada en una carta de calidad exigente.
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Para formar parte de la red y permanecer en ella hay unos requisitos de selección muy exigentes, entre los que cabe señalar en relación con lo dicho anteriormente la existencia de un programa plurianual de restauración y rehabilitación del patrimonio construido y puesta en valor del patrimonio material e inmaterial.
La otra red es la de “Les Plus Beaux Villages de France”, nacida en 1991, cuenta en la actualidad con 184 municipios, en este caso se distingue a pueblos con menos de 2000 habitantes, disminuyendo sustancialmente la población exigida en relación con la otra red. Para obtener la etiqueta en palabras de la asociación se ha establecido un auténtico proceso de garantía de calidad basado en criterios de selección rigurosos y casi científicos. Este método, que ha demostrado su rigor y selectividad, garantiza la calidad de la etiqueta.
El proceso de selección va desde la presentación de la candidatura y su preselección a lo que se incorpora trabajo de campo de expertos, a los que se exige una máxima objetividad de conformidad con criterios establecidos en un amplio abanico, que van desde la accesibilidad al patrimonio, a la calidad de la ciudad definida por su urbanismo, dimensión, la homogeneidad y compacidad de los espacios construidos, diversidad de itinerarios, cualidades de los bordes y relación entre el espacio construido y su entorno paisajístico, sin olvidar la movilidad, flujos de frecuentación o el establecimiento de aparcamientos en el exterior.
Reconocida la calidad del patrimonio francés y su paisaje no deja de ser ejemplar el tratamiento que definen estas redes y su capacidad de replicabilidad para otros lugares con un patrimonio, quizás no tan valorado pero con una capacidad de atracción innegable frente a otras modalidades de turismo, por hacer una mención el turismo de mar y playa tendencias que parecen estar en proceso de cambio, siendo cada vez mayor la atracción de los turistas hacia lugares del interior, colaborando así a la fijación de población, creación de empleo y a la valorización de un patrimonio que se abandona. Es una cuestión de oportunidad para territorios que se van vaciando sin alternativas claras.
En un tiempo en el que el turismo supera la capacidad de acogida de los lugares más conocidos es necesario preservar la calidad de la experiencia y estas dos redes han sido y son capaces de mantener el patrimonio y el paisaje sino también una calidad de vida elevada en la que se demuestra que el trabajo en red y la implicación de sus habitantes es fundamental.
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