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Una mirada multiescalar y sistémica en los estudios de impacto e integración paisajística

 

La experiencia de Galicia.

Francisco Castillo Rodríguez + Manuel Borobio Sanchiz

La noción de paisaje, cuya riqueza es insondable, se encuentra en el principio y en el término de la ordenación.

J. Labasse.

Introducción. El paisaje como sistema.

El término paisaje surge con frecuencia en nuestras conversaciones dada su polisemia y su enorme capacidad evocadora. Quizá porque nuestra propia existencia no sería comprensible sin un paisaje de referencia. Pero esta familiaridad se desvanece si la reflexión se centra en el paisaje como objeto de conocimiento. Cuando nos aproximamos académicamente al paisaje nos topamos frente a una sofisticada construcción conceptual, no libre de interpretaciones diversas; según sea la disciplina desde la que se aborde o la historia particular de cada analista.

Una muestra de esta complejidad conceptual es la falta de una definición universal, capaz de envolver todas las dimensiones y lecturas que admite el paisaje. Quizá, porque el paisaje, como objeto de conocimiento, se sitúa en la misma encrucijada de diversas disciplinas científicas. En cualquier caso, convenimos en que el paisaje es un producto cultural, una construcción humana y una representación del territorio. Y resulta igualmente cierto, que cualquier parte del territorio sobre el que proyectemos nuestras miradas posee una estructura y una dinámica ecológica. Es un sistema caracterizado por delicados equilibrios que derivan de las interrelaciones y acoplamientos dinámicos de sus componentes. Unos equilibrios que son sensibles a leves cambios en las condiciones iniciales en alguna de sus variables; hasta el punto de llegar a forzar al sistema en su conjunto a la búsqueda de un nuevo estado de equilibrio. La evolución en el tiempo de tales sistemas muestra, además, acusadas fluctuaciones, de modo que no podemos esperar de ellos variaciones graduales sino saltos abruptos. Cada nuevo estadio es sólo un período de “reposo antrópico”, tal y como lo bautizó uno de los padres de la teoría del caos, Ilya Prigogine (1984).

Figura 1. Teoría del Casi. Gráficas de Lorentz Atractor. Fuente: Elaboración propia con código abierto de R, realizadas en R-Studio.
Figura 1. Teoría del Casi. Gráficas de Lorentz Atractor. Fuente: Elaboración propia con código abierto de R, realizadas en R-Studio.

La escala es una ayuda para ordenar el análisis y una imposición teórico-metodológica necesaria para descifrar la realidad de tales sistemas. Y también una exigencia operativa de la gestión administrativa. El paradigma sistémico entiende la trama del ecosistema y de la vida en términos de relaciones e integración. El planeta en su conjunto, “es un sistema vivo autorregulable” (Capra y Luisi, 2014).

En definitiva, el paisaje es un sistema socio-ecológico adaptativo y complejo, cuya comprensión está sometida a las limitaciones impuestas por las escalas espacial y temporal.

La multiescalaridad espacio-temporal de los sistemas socio-ecológicos.

La escala contribuye a ordenar el conocimiento y a acotar las acciones y la gestión de un determinado paisaje. Pero no sólo su dimensión material está sometida a la precisión escalar. El paisaje es la proyección cultural y social sobre un territorio a lo largo del tiempo; un palimpsesto que contiene un maravilloso relato escrito a ritmos dispares. El paisaje es un “mosaico de tiempos” (Santos, 1996-b)en el que se entreveran huellas materiales de hechos pretéritos y acontecimientos presentes. Por ello, la escala temporal resulta tan decisiva en el esfuerzo de comprensión de un paisaje como la espacial. El paisaje posee una dinámica no lineal, que se manifiesta a través de acontecimientos cotidianos y continuos –diarios, estacionales-; salpicados de episodios puntuales, de “arritmias”. Una aproximación diacrónica nos sumergirá en el “tiempo profundo” de los territorios, en la sugerente búsqueda de las claves históricas de su acerbo patrimonial. Mientras que la mirada sincrónica, nos permite contemplar esa afinada sinfonía de tempos y ritmos con la que el paisaje nos regala los sentidos. Inevitablemente, el análisis multiescalar es, en definitiva, una exigencia para la comprensión de la heterogeneidad espacio-temporal de cualquier paisaje objeto de estudio (Wu et al., 2000).

Figura 2. “El flujo circular de colores representa el parque de Boston Common a lo largo del tiempo, con el verano en la parte superior; (…) El resultado final es un experimento visual cuyos materiales son el color y el tiempo.”Fuente: Meirelles, I. 2014.
Figura 2. “El flujo circular de colores representa el parque de Boston Common a lo largo del tiempo, con el verano en la parte superior; (…) El resultado final es un experimento visual cuyos materiales son el color y el tiempo.” Fuente: Meirelles, I. 2014.

Las propiedades emergentes del sistema. La transferencia informativa entre las diversas escalas.

Este requisito analítico de la definición de escalas debería dar sus frutos en la siempre deseada y no siempre satisfecha, fase de síntesis. Momento en el que la comprensión holística de los sistemas socio-ecológicos requiere transferencias continuas entre los niveles de análisis manejados. Esta “movilidad informativa” entre diversas escalas abre una ventana de oportunidad para desvelar los flujos inherentes al sistema. En cada nivel de análisis surgirán las llamadas “propiedades emergentes”, exclusivas de esa escala espacio-temporal. Este peculiar rasgo, propio de los sistemas complejos, debería focalizar nuestra atención, no tanto en los elementos y patrones espaciales, sino en las dinámicas que los originan, y que solo se desvelan en el nivel apropiado de análisis. Afirmaba Peter Senge (1998), en su sugerente obra titulada “la quinta disciplina” que “...Desde muy temprana edad nos enseñan a fragmentar el mundo. Al parecer esto facilita las tareas complejas, pero sin saberlo pagamos un precio enorme. Ya no vemos las consecuencias de nuestros actos: perdemos nuestra sensación intrínseca de conexión con una totalidad más vasta...”. No olvidemos que el objetivo último de cualquier estudio de paisaje es, precisamente, llegar a desvelar esa urdimbre que anima el sistema, asomarse a aquellos procesos esenciales del “criptosistema”. Ese “alma invisible” que se formaliza en estructuras y patrones espaciales tangibles y conforman la expresión perceptual del paisaje. El reto intelectual consiste, por tanto, en descifrar los “flujos de información” verticales y horizontales inherentes al sistema, y que sólo salen a relucir cuando operamos en las escalas espacio-temporales adecuadas.

Un eficaz andamiaje conceptual para desarrollar esta estrategia de investigación es la “teoría de la jerarquía” (Baudry et al., 1992), desarrollada en los estudios ecológicos y que muestra que existe una estrecha correlación entre las escalas espaciales y temporales. De tal suerte, que los fenómenos que se manifiestan sobre grandes superficies son mucho más lentos que los que operan en espacios reducidos. Por tanto, en un paisaje podemos agrupar las escalas según velocidades y radios de acción semejantes (Burel y Baudry, 2001).

Experiencias de referencia en el desarrollo del Convenio Europeo del Paisaje.

La literatura científica conviene en la necesidad de desarrollar metodologías útiles, no sólo en términos científicos, sino también prácticos, para alcanzar una actuación administrativa eficaz en la ordenación territorial y paisajística. El Convenio Europeo del Paisaje (CEP) (2000) insta a los países firmantes al estudio y clasificación de sus paisajes, como primer paso para la puesta en práctica de una efectiva política en materia de ordenación, gestión y protección del paisaje. Esta exigencia ha llevado a la comunidad científica a reactivar con ahínco sus esfuerzos para ofrecernos una metodología capaz de dar respuesta a la necesidad de identificar unidades o tipos de paisaje. Este reto, como se puede deducir, se topa de frente con el dilema de las escalas.

Entre la prolija obra científica reciente cabe destacar la titulada: “Marco conceptual y metodológico para los paisajes españoles. Aplicación a tres escalas espaciales”(2009). En este ensayo, se sugiere, en aras de una estrategia operativa común, la selección de tres escalas espaciales de referencia: región, comarca y lugar (Riesco et al., 2008). Esta multiescalaridad permitiría, según el estudio, sistematizar jerárquicamente el conocimiento de un fenómeno continuo como es el paisaje. La elección de estas escalas de referencia no debería entenderse como una simple convención clasificatoria, sino como una vía operativa que facilite la deseable interacción entre método y objeto de análisis. Es decir, cada aproximación a las interacciones, procesos y patrones espaciales exige su escala adecuada. Sabiendo que la interpretación última nos invitará, como señalábamos, a la transferencia de información entre diversas escalas en el proceso final de síntesis.(Borobio et al. 2012), en la misma línea podemos encontrar reflexiones más recientes, como es el caso de “The landscape taxonomicpyramid (LTP): a multiscale classification adapted to spatial planning” (Gómez-Zotano et al., 2018)

La intensidad y la complementariedad multiescala en el análisis territorial.

La metodología desarrollada por la escuela británica “Landscape CharacterAssessment” (2002) ha contribuido a consolidar el principio de la escalabilidad. Un principio que se resume en la obligada necesidad de adecuar la intensidad del análisis paisajístico a la escala espacio-temporal definida.

El estudio de un territorio/paisaje se realiza a través de un recorrido metodológico que nos lleva a construir un relato de aproximación, desde lo lejano en el tiempo y la escala macro-espacial hasta lo próximo y lo pequeño. En cada etapa de ese itinerario, el concepto de escala irá filtrando el “ruido” informativo e iluminando los procesos que en cada nivel o “círculo de influencia” son jerárquicamente dominantes (Senge, 1998).

Por supuesto, el propósito del estudio o proyecto influirá decisivamente en el nivel de detalle que será necesario proporcionar a sus usuarios finales. Del mismo modo, que al hablar de lugar es obligada la consideración de la escala, al hablar de intervención se ha de tener presente la intensidad de la misma. Escala e intensidad serán, por lo tanto, cuestiones determinantes a la hora de determinar el alcance de cualquier análisis implicado en la ordenación y gestión territorial. Esto es una necesidad, tanto teórica, como práctica que contribuye a ordenar el conocimiento para la gestión de un determinado paisaje.

El reto de partida de toda investigación aplicada a la ordenación y gestión territorial es su “conceptualización” como un sistema acotado. La decisión de cómo abordar una realidad que no presenta límites precisos, sólo se justifica como una arbitrariedad inevitable, en aras de la puesta en práctica de medidas eficaces en el contexto de las limitaciones de las competencias administrativas. Una decisión consciente que no debe hacernos olvidar que las respuestas esenciales sobre la realidad que pretendemos comprender, ordenar y gestionar se encontrarán probablemente, a una escala diferente a la elegida y/o impuesta para el análisis y por lo tanto en un ámbito que, posiblemente, trascienda del inicialmente escogido como propio.

En todo territorio conviven formas y procesos que sólo son abordables en la escala a la que trabajan disciplinas como la geología o la paleoclimatología, junto a otras como la antropología o la sociología que operan a escalas históricas. Esta evidencia nos lleva a preguntarnos si existe una escala espacio-temporal única en el análisis del paisaje o, por el contrario, nos vemos abocados a manejar con habilidad diferentes escalas que nos hagan comprensible ese producto final, que es fruto de hechos tan dispares como los procesos geológicos y las decisiones políticas. ¿Es posible? Cuando empleamos expresiones de trabajo como “macro”, “meso” o “micro escala” en los estudios del paisaje, ¿en qué sintonía del dial tenemos que ubicarnos?¿Tienen el mismo significado esas expresiones macro y micro para un geomorfólogo y para un sociólogo? En el paisaje comparten protagonismo la escala de la tierra y la escala del hombre. En esta amalgama de escalas, los procesos que operan en cada una de ellas se sustancian en elementos y dinámicas claramente diferenciadas, aunque interconectadas en la coevolución de ese prodigioso sistema socio-ecológico que llamamos paisaje.

En un trabajo reciente (Pérez Alberti et al., 2014) se propuso para el territorio gallego una línea metodológica para la clasificación de tipos de paisajes que sintoniza con los postulados de la metodología anglosajona –Landscape Character Assessment- (2002), basada en el concepto de “carácter”, entendido éste como el “patrón diferenciable y reconocible de elementos que se presentan de forma consistente en un paisaje” (Swanwick, 2004).

Esta aproximación ecosistémica apuesta por la convergencia de escalas tan dispares como las geológicas y las históricas para desvelar la diversidad estructural, la adaptación de la actividad humana y los equilibrios ecológicos en los paisajes de clara dominancia cultural que permite un manejo de carácter más textural. Sin olvidar la lectura semiológica, es decir, aquella que persigue descifrar los significados y representaciones sociales otorgadas a las formas del territorio desde una perspectiva plurisensorial, de carácter emocional… (posible ubicación del círculo nuestro)

Figura 3. Esquema de dinámicas y procesos de paisaje. Modificado a partir de Borobio et al, 2014
Figura 3. Esquema de dinámicas y procesos de paisaje. Modificado a partir de Borobio et al, 2014

A la luz de estos planteamientos se distingue entre elementos estructurales y texturales. De tal suerte que el análisis macro será preciso emplearlo, si se quiere comprender las formas y procesos de los elementos estructurales, caso del relieve o del clima, que cambian a lo largo de miles de años. En este caso hablamos de tiempos largos, de los tiempos de la Tierra. Por el contrario, el análisis a corto plazo y escalas de detalle son las exigidas, si lo que se pretende entender son las modificaciones en los elementos texturales que “visten” el paisaje, caso de los cultivos, las vías de comunicación, urbanizaciones, etc. Estaríamos en los tiempos del hombre y de aquellos fenómenos naturales que se manifiestan en tiempos cortos, desde los estacionales a los diarios.

Figura 4. La interrelación de elementos del paisaje. Fuente: Borobio et al, 2016
Figura 4. La interrelación de elementos del paisaje. Fuente: Borobio et al, 2016

Pertrechados con estos fundamentos teóricos que acabamos de resumir, queremos darle a conocer al lector, la experiencia llevada a cabo en la Comunidad Autónoma Gallega en materia de planificación territorial y paisajística.

La experiencia gallega en materia de paisaje.

En el año 2009 la Xunta de Galicia crea la Dirección General de Sostenibilidad y Paisaje (I) (DGSP) de la Xunta de Galicia, cuya estructura orgánica ya reflejaba una aproximación conceptual y escalar en la administración del territorio. Ya que asumió, tanto las competencias que afectaban a la escala regional, como aquellas vinculadas a la educación y participación social, claves para resolver las cuestiones de detalle a partir del diálogo directo con la gente de cada lugar. No es objeto de este artículo adentrarse en los pormenores de cómo se fraguó aquella Dirección General, reconvertida, un tiempo después, en Instituto de Estudios del Territorio (II); pero, sin duda, ayudará a entender las decisiones tomadas en materia de territorio y paisaje, si se conocen los hitos más importantes alcanzados.

Aunque no vería la luz hasta el año 2012, la llamada “Estrategia de Paisaje” diseñada por la DGSP fue el punto de inflexión de un proyecto concebido tres años antes, con la puesta en marcha de una batería de instrumentos encaminados a mejorar la información, el análisis, la planificación, la gestión y la educación en la gobernanza del territorio. Para la comprensión, en definitiva, del paisaje, entendido en todas sus escalas, no sólo físicas sino también sociales.

Figura 5. Portadas de la estrategia de paisaje y las guías de la colección Paisaxe Galega del periodo 2011-2013. Fuente: Elaboración propia a partir de las publicaciones mostradas.
Figura 5. Portadas de la estrategia de paisaje y las guías de la colección Paisaxe Galega del periodo 2011-2013. Fuente: Elaboración propia a partir de las publicaciones mostradas.

En el ámbito de la información y análisis se reorientó y consolidó la Infraestructura de Datos Espaciales, otorgándole el rango debido dentro de la administración, con la puesta en marcha de la Comisión de Sistemas de Información Geográfica; cuya finalidad era la de coordinar la información territorial de los diferentes departamentos para, en definitiva, hacerla aflorar de cara a su uso por parte de la sociedad en general.

Esa información no sólo valdría para mejorar la calidad de los instrumentos estratégicos como las Directrices de Ordenación del Territorio (III) (DOT), el Plan Territorial Integrado de Ordenación del Litoral (IV) (POL), el Plan Territorial Integrado de la Cuenca del Eume (V), o los Planes Sectoriales, como el de Parques empresariales o de Acuicultura Litoral, entre otros. También servía de base para la evaluación y seguimiento de las actuaciones derivadas de dichos instrumentos.

Bajo tales planteamientos, nace el Plan de Seguimiento de la Sostenibilidad Territorial (VI) cuya finalidad era triple:

Por un lado, una evaluación en la escala política, para valorar el grado de cumplimiento de los objetivos y determinaciones marcados por el modelo territorial propuesto a través de los instrumentos de ordenación que lo desarrollen. Con ello queríamos dar respuesta cabal a la pregunta de si ¿se está haciendo lo que se dijo que se iba a hacer y que se definió como necesario?

La segunda finalidad del citado Plan fue disponer de una evaluación en la escala técnica, para valorar los efectos de la planificación territorial, evaluando los instrumentos que la desarrollan. Es decir, cuestionarse sobre si, aquello que se estableció como necesario, ¿realmente conduce a la sociedad a un escenario más sustentable?

Y, por último, queríamos abordar una evaluación social, a partir del procesado de información derivada de la percepción de la ciudadanía sobre los instrumentos de ordenación del territorio y/o de urbanismo.

Figura 6. Extracto del cuaderno de un indicador. Fuente: Primer informe de seguimiento de la sostenibilidad territorial de Galicia, 2014.
Figura 6. Extracto del cuaderno de un indicador. Fuente: Primer informe de seguimiento de la sostenibilidad territorial de Galicia, 2014.

Sobre todo, pretendían verificar el grado de efectividad de dichos instrumentos para gozar de calidad de vida. Las preguntas esenciales se podrían simplificar en ¿cómo lo entiende la sociedad? Y ¿cómo valora las estrategias e instrumentos diseñados? Estos tres niveles o escalas de aproximación se concretaron en indicadores de diferente complejidad:

El primer nivel se sustanció a través de una serie de indicadores cuantitativos (VII) elementales, que miden tan sólo si, a nivel político y administrativo, se han puesto los medios y se han desarrollado los instrumentos comprometidos.

El segundo (VIII) nivel, implica una gran complejidad técnica, ya que aspira a alcanzar la capacidad de medir, evaluar y prever las consecuencias de las actuaciones desarrolladas. Algunas de las mediciones diseñadas se resuelven de forma más lineal y simple, mientras que otras necesitan el desarrollo y ajuste continuado de modelos matemáticos complejos, que cuándo se plantearon en el año 2009 eran algo utópicos pero hoy, gracias a la evolución de la ciencia de datos, combinada con la irrupción de la inteligencia artificial en el día a día, lo hacen más factible. Este nivel constituye la base del modelo que denominamos como de “gestión dinámica y evolutiva”.

Resta el tercero de los niveles previstos (IX), que resulta sin duda el más complejo ya que implica una estrategia a largo plazo que garantice disponer de información representativa del pulso social, de sus inquietudes, demandas y objeciones a las estrategias territoriales y paisajísticas puestas en marcha. Obtener y procesar esa información con una extraordinaria carga cualitativa supone un reto complejo.

Complejidad que crece de forma exponencial cuando se pretende trascender de cada individuo aislado para aproximarse a la comprensión social del sistema en el que nos encontramos. Y es en este punto, donde entendimos que este esfuerzo tenía una derivada vital en el mundo educativo y en su potencial transformador.

La importancia de la educación en la Estrategia de Paisaje.

Estamos persuadidos de que la pieza angular de cualquier política eficaz en materia de paisaje es, sin duda, la educación y, más aún, cuándo las escalas de trabajo implican el desarrollo en las escalas temporales de la tierra. Por ello, de forma temprana, a la par que se planteaban y desarrollaban los instrumentos de planificación estratégica y territorial de Galicia, se desplegaron acciones tácticas experimentales en determinados centros escolares, para que sirvieran de experiencia de base para definir la hoja de ruta en materia educativa. En paralelo se diseñaron en la otra gran línea estratégica, la científica, acciones dirigidas al avance en el conocimiento de la complejidad estructural y dinámica de los paisajes gallegos. Iniciativas experimentales basadas en postulados interdisciplinares y en el manejo de diversas escalas de análisis. Mientras, en las aulas se profundizaba en el papel del aprendizaje emocional sobre los paisajes cotidianos, como punto de partida en la construcción de una “cultura paisajera” (Berque, 2009).

A tal efecto, se pusieron en marcha, acciones de formación, sensibilización y educación dirigidas a la sociedad gallega en general, y a los gestores y usuarios del territorio en particular. El resultado no tardó en llegar a través de una racionalización de la oferta formativa en Educación Ambiental, integrando todas las iniciativas impulsadas desde diferentes instancias en una estrategia común que, con la imprescindible complicidad de la dirección general de educación, se concretó en un programa de innovación educativa conocido como Plan Proxecta, que permite reconocer estos esfuerzos del profesorado por la mejora de la práctica docente. A modo de ensayo, desde la DGSP ya se había activado un programa educativo bautizado como “12 meses 12 paisajes”, que sería reconocido en el 2014 por el programa Hábitat de las Naciones Unidas como “Good Practice” para la mejora de las condiciones de vida desde el respecto por el medio ambiente y el territorio.

Figura 7. Detalle del póster con el que se presentó la iniciativa 12 meses 12 paisajes la convocatoria de UnHábitat. Xunta de Galicia, 2014.

Con toda esa experiencia fuimos capaces de elaborar el currículum de una nueva materia pionera, a nivel nacional, para el primer ciclo de la ESO en nuestra comunidad autónoma, llamada “Sostenibilidad y Paisaje”(1). Que en el curso 2015 -2016 estaba siendo ofertada en 644 centros. Estas cifras son el fruto de la complicidad de la comunidad educativa gallega por un proyecto de enorme calado social, y conscientes de su trabajo en el aula tomaron el relevo de esta iniciativa que se inició desde el equipo de paisaje del IET en el año 2012 en tan sólo 12 centros. Finalmente, se puso en marcha la definición de un Grado en Paisaje, impartido de forma conjunta por las tres universidades públicas del sistema educativo de Galicia, y que ha comenzado su andadura en este curso 2018-19.

Los estudios de impacto e integración paisajística.

Como herramienta de apoyo, en todas las escalas de actuación, se decidió poner en marcha una colección bibliográfica “Paisaxe Galega” (X) que agruparía un conjunto de manuales de buenas prácticas sobre la intervención en el territorio, inspiradas en el principio de la integración paisajística. Con estas guías queríamos dar respuesta a la necesidad de actuación que tenían los diferentes agentes implicados, desde un enfoque consensuado e integrador. La colección comenzó en el año 2011 con la “Guía para la elaboración de los Estudios de Impacto e Integración Paisajística”(Borobio et al. 2012). El trabajo fue redactado por un equipo transdisciplinar, que se esforzó en establecer una metodología de aproximación sistémica y multiescalar que, desde la comprensión y caracterización de los elementos que se dan cita en un territorio; pusiera el acento en los procesos y dinámicas. Una metodología que facilitase la elaboración de los “Estudios de Impacto e Integración Paisajística” (EIIP) y ofreciese herramientas al planificador y proyectista para desarrollar actuaciones integradas, así como para su posterior seguimiento y evaluación. Una guía que buscaba la consolidación de un lenguaje común dentro de la administración, así como el acercamiento de estos conceptos a la ciudadanía en general.

El EIIP es un documento técnico concebido para prever el resultado que sobre el paisaje puede tener una determinada propuesta, y desde la comprensión del lugar y los elementos que actúan en él, plantear la mejor manera para llevar a cabo dicha intervención; exponiendo los criterios adoptados para su integración paisajística. Su objetivo principal, no es determinar las medidas correctoras, sino demostrar que los criterios de intervención elegidos y las medidas planteadas son las más adecuadas para garantizar la integración de las actuaciones en el paisaje.

Figura 8. Gráfico de correlación de la Guía. Borobio et al, 2012
Figura 8. Gráfico de correlación de la Guía. Borobio et al, 2012

Según esta definición, queda claro que se parte de la premisa de que ya se ha aceptado el “qué” se va a hacer. Admitiendo la necesidad de llevar a término el proyecto, el primer paso a dar es encontrar la mejor respuesta a la pregunta del “dónde”. La Ley 7/2008, de 7 de julio, de protección del paisaje de Galicia, en su artículo 11, dedicado a los EIIP, al establecer los contenidos que deben de tener, parte en primer lugar de una diagnosis del estado actual del paisaje: principales componentes, valores paisajísticos, visibilidad y fragilidad del paisaje, lo que puede hacer pensar que se parte de un lugar preconcebido sobre el que se ha de hacer “aterrizar” la propuesta del proyecto. Es decir, la secuencia planteada en la ley requiere primero que se analicen los valores del lugar, después se definirán las características principales del proyecto que se va a desarrollar para, continuar con la evaluación del impacto previsto del proyecto sobre los elementos del paisaje, y de esa manera concluir con las medidas que se van a implementar para alcanzar los objetivos de calidad paisajística definidos en el ámbito de actuación. Tenemos serias dudas sobre esta hoja de ruta que compromete la lógica que dicta que la primera cuestión a dilucidar no es el dónde ni el cómo, sino el qué y el porqué. Da la sensación de que estamos diseñando prótesis ortopédicas, sin cuestionarnos con anterioridad si es necesario amputar la pierna a esa persona plenamente capaz por sí misma para desarrollar la actividad que, vocacionalmente, está llamada a desempeñar en su existencia.

El primer paso que se propone en la guía es, precisamente, cambiar la secuencia para garantizar la lectura e interpretación del lugar sea cual sea su escala, dinámica e intensidad, partiendo de la recopilación de los datos generales y de la caracterización de la actividad que se quiere llevar a cabo. Y, acto seguido, buscar el mejor lugar para concretar el proyecto dando cumplida respuesta a los objetivos de calidad paisajística, a la par que a los impactos previsibles que sobre otros elementos o procesos puede llegar a tener el desarrollo y gestión de dicha actividad. Para ello desarrolla un cuadro resumen que indica la relación entre los contenidos establecidos en la ley y la concreción de los mismos de forma coherente con el desarrollo metodológico.

Del principio de proporcionalidad a la coherencia y consistencia del estudio

Los EIIP se tienen que adaptar a la naturaleza y al alcance de cada propuesta, tienen que permitir en cada caso, seleccionar las variables más significativas y adecuar los tipos de documentos a aportar, respetando el método y el rigor en el análisis. Por ello se plantea que la extensión y la importancia de los diversos apartados de cada estudio, sean variables, en función de la naturaleza de las actuaciones y de los criterios razonados que puedan establecer los equipos redactores. Es lo que se denominó principio de proporcionalidad, que consiste en adecuar los esfuerzos del EIIP al alcance y naturaleza del proyecto analizado y a la capacidad de carga del territorio que lo albergará. Este principio se impuso debido a la diversa naturaleza de las actividades y variopintos usos del territorio con escalas de actuación muy amplias, desde la gran escala de las infraestructuras o del desarrollo de los ámbitos de recualificación, hasta la pequeña escala de los cierres, vallados, postes o contenedores. La guía ejemplifica este principio de la siguiente manera: “En el caso de actuaciones de incidencia supramunicipal, pongamos por caso una carretera o un proyecto sectorial para la implantación de un parque eólico, puede resultar necesario que el alcance de los estudios a realizar abarque toda una comarca paisajística, mientras que, sin embargo, en el caso de un cierre o un pozo, como es lógico, estos estudios deben circunscribirse a su entorno. Es decir, encontraremos EIIP próximos a los estudios de los Catálogos de paisaje y otros cercanos a la descripción básica de un proyecto.” (opus cit, página 16, Borobio et al. 2012)

Del mismo modo que se debe atender a la escala de la intervención, la guía propone analizar la fragilidad del lugar en el que finalmente se implante. Así, escala y carácter del lugar definen y condicionan la profundidad del estudio que se ha de llevar a cabo. Es decir que cuánto más frágil es un paisaje o potencialmente más capacidad de impacto tiene la actividad, más complejo debe ser el estudio. Dentro de esa complejidad, los análisis no son lineales, sino que el apartado de caracterización del paisaje es el que va teniendo un peso específico mayor.

De este principio de proporcionalidad emanan las demás características exigidas a un buen estudio de impacto e integración paisajística, que debe aspirar a ser, riguroso, conciso, expresivo y racional. Cumpliendo estas premisas desarrolladas en la guía se alcanzará una solución coherente, consistente y consciente de las necesidades, no sólo de la nueva actividad, sino sobre todo del lugar en el que se va a implantar.

Figura 9. Matriz de gradientes de intensidad del estudio. Principio de proporcionalidad. Fuente: Borobio et al, 2012
Figura 9. Matriz de gradientes de intensidad del estudio. Principio de proporcionalidad. Fuente: Borobio et al, 2012

El contenido y la aproximación final.

Con todo lo dicho anteriormente, nuestra propuesta (Borobio, 2012)se sustancia en una metodología de aproximación para la lectura y comprensión de cada lugar, que nos permita una mejor propuesta de integración final. Ese camino hacia una integración eficaz comienza con la contextualización administrativa y funcional de lo que se pretende hacer, presentando los datos más representativos de la actuación. Mientras que en segundo se caracteriza la actividad desde el programa funcional y sus condicionantes técnicos, ya que sólo conociéndolas debidamente se podrán plantear alternativas viables de integración.

El análisis.

Conocido el qué se pretende hacer, hemos de analizar debidamente el dónde se plantea hacerlo, para ello se desarrollará la caracterización del paisaje, centrada en el análisis paisajístico del lugar, a través del estudio de sus dinámicas y la valoración del territorio. Para los autores “el análisis paisajístico tiene por objeto conocer los distintos elementos constitutivos del paisaje y sus interrelaciones para así poder establecer cuáles son los componentes singulares, así como sus rasgos y patrones característicos. No se trata de un análisis en profundidad de cada uno de ellos -de eso ya se encarga el estudio de impacto ambiental (EsIA) al que acompaña- sino de conocer los principales rasgos paisajísticos entendidos desde un planteamiento dinámico.” (Borobio, 2012). Esta fase se inicia con la definición del ámbito de estudio y afección. Un definición que claramente ha de trascender del ámbito concreto en el que se pretende llevar a cabo la actuación. El análisis continúa con el abordaje de los elementos que componen la unidad paisajística, así como las relaciones que se dan entre ellos.

Figura 10. Identificación de elementos. Fuente: Borobio et al, 2012
Figura 10. Identificación de elementos. Fuente: Borobio et al, 2012
Figura 11. Relaciones de elementos. Fuente: Borobio et al, 2012
Figura 11. Relaciones de elementos. Fuente: Borobio et al, 2012

Dinámicas

Este apartado busca una mirada retrospectiva para conocer la evolución experimentada en el paisaje a través de sus transformaciones, con el objetivo final de “hacer un esfuerzo prospectivo para esbozar las tendencias futuras, sabiendo que los procesos evolutivos pueden venir de la mano de dinámicas naturales o antrópicas y que pueden ser fruto de bruscas perturbaciones o de procesos graduales”.

Figura 12. Dinámicas de elementos. Fuente: Borobio et al, 2012
Figura 12. Dinámicas de elementos. Fuente: Borobio et al, 2012

Valoración

Finalmente, antes de entrar en el análisis de la propuesta, se pretende establecer una taxonomía clara sobre los valores a considerar en cada lugar, evitando caer en la ponderación cuantitativa o meramente enunciativa de los elementos, se buscan aquellos aspectos del paisaje que merecen especial consideración por ser esenciales en la formación de dicho paisaje. Con el objetivo de permitir la integración y comprensión del paisaje en los procesos de decisión, se clasifican y definen los valores según sean tangibles o intangibles.

Los valores tangibles, responden a su naturaleza física y se agrupan en ecológicos, históricos y productivos. En cada uno de ellos se enuncian aquellos aspectos por los cuales deben ser considerados, llamando la atención sobre aquellos aspectos más significativos, de ahí que se llame la atención a los corredores ecológicos, o las estructuras agrarias tradicionales o la necesidad de identificar además de los recursos, las condiciones (elementos y relaciones) que garanticen su conservación y potenciación.

Para abordar aquellos valores que no se pueden medir de manera precisa pero que también forman parte del paisaje y, más aún, de la cultura de la gente que lo habita, se definen los valores intangibles. Estos valores se han clasificado como valores identitarios, culturales o estéticos. Para su adecuada evaluación es necesario realizar vaciados documentales e implicar de forma más clara y directa a la sociedad.

Estrategias

Más allá del mero ejercicio descriptivo todo este trabajo de análisis se plantea para alcanzar los objetivos más comunes en los procesos de integración paisajística, que se pueden resumir en los siguientes: 1.- La adecuada elección del emplazamiento más idóneo; 2.- Minimizar las afecciones sobre el medio, manteniendo sobre todo la funcionalidad de los ecosistemas; 3.- Integrar en el diseño de la propuesta elementos característicos del lugar; 4.- Establecer una continuidad y complementariedad de la actuación con el lugar; 5.- Potenciar la eficiencia desde el punto de vista ambiental.

Para ello en la guía propuesta se plantean una serie de estrategias para abordar las medidas de integración, estas estrategias son 1.- Naturalización; 2.- Fusión; 3.- Ocultación; 4.- Mimetización y 5.- Singulación. Todas ellas pretenden contextualizar la actuación en su entorno a partir de la potenciación de las relaciones entre los elementos identitarios de ambas.

Figura 13. Estrategias. Fuente: Borobio et al, 2012


Figura 13. Estrategias. Fuente: Borobio et al, 2012

Conclusión

Entendemos que la secuencia lógica de contenidos en un EIIP debe guiarse por los siguientes principios (Borobio et al., 2012):

1.   La comprensión del lugar de acogida a través de los recursos y valores que alberga se regirá por los siguientes criterios:

a.   Una eficaz integración comienza en los primeros momentos del proyecto y se resuelve, en buena medida, en el acierto en alcanzar a conocer el carácter del lugar, su singularidad y las claves que lo originan.

b.   Entender el paisaje, a través de sus elementos, tanto estructurales como texturales, sus valores tangibles e intangibles y sus dinámicas. Esta mirada abierta, plural, necesariamente interdisciplinar contiene las claves del éxito, y debe efectuarse a las escalas adecuadas, teniendo en cuenta el carácter continuo y sistémico del territorio.

2.   El conocimiento profundo de las necesidades funcionales del proyecto objeto de análisis a través de sus fases de ejecución y una vez implantado.

3.   La definición de una estrategia de integración que, por lo general, se verá abocada a combinar varias de las definidas en cualquier manual –en nuestro caso en nuestra guía-. Una propuesta que será tanto más eficaz cuanto mayor haya sido el esfuerzo de comprensión a diversas escalas del territorio y las necesidades funcionales del proyecto.

4.   La identificación y valoración de los impactos paisajísticos que provocará el proyecto.

5.   La propuesta de medidas correctoras, en el caso de que haya, frente a la matriz de impactos identificados.

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XUNTA de Galicia, 2011. Directrices de Ordenación do Territorio de Galicia. C 395-2011. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia.

Notas

(I) Decreto 316/2009, de 4 de junio, por el que se establece la estructura orgánica de la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras. Referencia al decreto de creación de la DXSP

(II) La Ley 6/2007, de  11 de mayo, de medidas urgentes en materia de ordenación del territorio y del litoral de Galicia, establece la creación del Instituto de Estudio del Territorio. Que se materializa mediante el Decreto 244/2011 de 29 de diciembre, por el que se aprueban los estatutos del organismo autónomo Instituto de Estudios del Territorio. Referencia al decreto de creación del IET

(III) Decreto 19/2011, de 10 de febrero, por el que se aprueba definitivamente el Plan de Ordenación del Litoral de Galicia. Referencia de aprobación de las Directrices de Ordenación del Territorio

(IV) Decreto 20/2011, de 10 de febrero, por el que se aprueba definitivamente el Plan de Ordenación del Litoral de Galicia.

(V) RESOLUCIÓN de 10 de octubre de 2012 por la que se hace público el Acuerdo del Consello de la Xunta de Galicia de 4 de octubre de 2012 de inicio del procedimiento de elaboración del Plan territorial integrado de la cuenca hidrográfica del río Eume.

(VI) Decreto 176/2013, de 21 de noviembre, por el que se aprueba el Plan de seguimiento de las Directrices de ordenación del territorio de Galicia y de la sostenibilidad territorial. Los informes se pueden consultar en este enlace. https://cmaot.xunta.gal/seccion-organizacion/c/CMAOT_Instituto_Estudos_Territorio?content=Direccion_Xeral_Sostibilidade_Paisaxe/Seguimento_DOT/seccion.html&sub=Informes_PSST/#

(VII) Enlace a los indicadores de desarrollo e implantación del IET (https://cmaot.xunta.gal/indicadores) o del Instituto Gallego de Estadística (IGE)

(http://www.ige.eu/web/mostrar_actividade_estatistica.jsp?idioma=gl&codigo=0101001001)

(VIII) Enlace a los indicadores de sostenibilidad territorial.

https://cmaot.xunta.gal/indicadores?tipo=Xestion%2FIndicador%2FTipo%2FIST%2F&bloque=&subloque=&ambito=&ano

(IX) Los indicadores de Percepción ciudadana, están subsumidos en las encuestas que realiza periódicamente el IGE

(X)https://cmaot.xunta.gal/seccion-tema/c/Desenvolvemento_sostiblecontent=Direccion_Xeral_Sostibilidade_Paisaxe/Paisaxe/seccion.html&sub=guias-metodoloxicas/#

 

(1) ORDE del 15 de julio de 2015 por la que se establece la relación de materias de libre configuración autonómica de elección para los centros docentes en las etapas de educación secundaria obligatoria y bachillerato, y se regula  su currículo y a su oferta.

https://www.xunta.gal/dog/Publicados/2015/20150721/AnuncioG0164-160715-0001_gl.html

Currículum da materia de libre configuración autónomica de Paisaxe e Sustentabilidade

https://www.edu.xunta.gal/portal/guiadalomce/secundaria/materias/lca/ps

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