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Plaza de Skanderbeg (Tirana, Albania)

Freek Persyn

El marco

En muchos países un ‘no’ indica el fin de una discusión. En Albania puede implicar el comienzo de una negociación”. (1)

¿Qué implica realizar un proyecto de 15 millones de euros en el centro de un país donde un trabajador de la construcción con experiencia gana alrededor de 25 euros al día? Si el deber del Estado es ofrecer a sus ciudadanos seguridad, ¿no sería mejor invertir en el sistema de bienestar, vivienda social, infraestructuras en áreas periféricas… en lugar de en un espacio tan simbólico? Aunque es difícil discutir estas cuestiones – ¿quién podría estar en contra del bienestar estatal? – la historia reciente de Europa invita a no infravalorar el poder del simbolismo, en una clara narrativa de unidad, de la necesidad de representar, de una manera tangible, lo que aspiramos a ser. En el caso de Bélgica, encontramos inversiones similares – pienso por ejemplo en el Stadshal de Gante – que han dado lugar a discusiones similares, con argumentos similares. Esto demuestra que este debate – considerando todas las diferencias – va más allá de Albania.

Figura 1. Estado previo a la remodelación de la plaza.
Figura 1. Estado previo a la remodelación de la plaza.

La cuestión de la plaza de Skanderbeg es política y personal. No es sobre qué es Albania hoy; es un Proyecto sobre en qué quiere convertirse la gente que usará la plaza. Y es exactamente en esta “conversión” en la que el aspecto físico de Skanderbeg juega su principal papel: como un espacio donde se reflejan las tensiones entre “qué es” y “qué quiere ser”. Es sobre hacer espacios que permiten organizar los grandes acontecimientos de la vida, así como los diarios. Espacios que no se reducen a un conjunto de funciones predefinidas, sino que se centran en dar pie a un amplio rango de posibles situaciones que invitan a la gente a relacionarse, redefinen las relaciones de la comunidad a través de su confrontación, o incluso mediante la contemplación mientras ves como la gente reacciona y conecta en un vacío de tal amplitud y sus múltiples bordes.

La plaza de Skanderbeg es un lugar para ser, para tomar conciencia de sí mismo, y para mirar al pasado y reflexionar. Crea un lugar, como un trasfondo, un lugar común. Su apertura genera cierta tensión, con un centro aún sin ocupar pero que supone una invitación, un desafío, a ser ocupado. Un centro vacío, creando una sensación de infinito. Un sentido de pertenencia, como elección. La arquitectura no es un espectáculo, sino un escenario, creando condiciones para la actuación de la vida pública. Un espacio común, con múltiples situaciones y acciones posibles. Este rango de situaciones espaciales es necesario para producir un espacio común, tanto en la escala de la vivienda, del edificio, de la plaza y de la ciudad.

Diseñar un espacio con esta ambición comienza por reconocer el hecho de que la Plaza de Skanderbeg – en su estado de 2008 – ya contenía estas cualidades. Era un lugar que inspiraba un sentido de sobrecogimiento, y tenía una falta de definición que provocaba una sensación de apertura. En este sentido, la tarea en cuestión era analizar detenidamente lo que ya había y hacerlo con los ojos del extranjero, que puede mirar más allá de lo que las cosas terminaron significando. Para descubrir cómo se organizaron las cosas, lo que queda de ellas cuando las separas, y luego volver a armarlas, en un nuevo conjunto de relaciones, apelando a la sensibilidad en evolución.

Figura 2. Estado tras la remodelación de la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.
Figura 2. Estado tras la remodelación de la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.

Diseñar en un espacio así, cargado de historia y aspiraciones, es replantear y revelar, como crear una nueva imagen que contenga las anteriores. No se trata de situarse en una oposición binaria de lo antiguo versus lo nuevo, sino de ver la historia y la herencia que ha generado como una larga secuencia de ideas e intervenciones, y entender la intervención actual como simplemente una de muchas, que han llegado y que aún están por venir. Situarse en este extenso marco histórico supone considerar el contexto como recurso. Como un palimpsesto, contiene una historia que ha sido escrita y será rescrita muchas veces. Es un objeto vivo que necesita transformarse para mantenerse vivo.

En el caso de la plaza de Skanderbeg, la intervención en la plaza consiste en la disposición de una nueva forma – un cuadrado que es también una pirámide – rodeándola de un cinturón verde. Entre ambos crean un marco que es también una secuencia especial y una decisión sobre como las cosas se relacionan entre sí. Establecer el marco es establecer el escenario, la jerarquía general; decidir qué va a ser dominante y qué no; decidir qué se puede cambiar y qué no. La decisión de ver el centro como un vacío es también verlo como un espacio cívico, que no sirve a una lógica comercial, sino que permite que todos los restos de la historia estén igualmente presentes, creando juntos un panteón de creencias e ideologías. La decisión de acceder al centro a través de un denso anillo que iguala edificios y naturaleza es también imaginar cómo las personas atravesarán esa secuencia y como estructurarán su experiencia y afectará a sus cuerpos y mentes. Establecer este marco implica estructurar la vida y usar la autonomía de la arquitectura para crear un sentido de intemporalidad, una estructura que sobrevivirá al tiempo. El proyecto deriva su carácter del contraste entre este marco atemporal y el caos y proliferación de la vida.

Esta es una cualidad que puede ofrecer la arquitectura, una cualidad que se olvida con facilidad: abandonar un presente permanente. Es algo que anhelamos profundamente: vivir con una referencia al pasado y una perspectiva hacia el futuro. Una sociedad donde este horizonte temporal no se crea, donde nada está institucionalizado, asusta y da lugar al miedo y al populismo. Es este marco el que genera la posibilidad para el compromiso, como un punto de inicio de una negociación, una activación. El objetivo de este marco no es aportar un orden definido: solo debe dar suficiente estructura para que la libertad se aferre. El marco es solo una oportunidad para restablecer o desestabilizar, no un fin en sí mismo. Fijar el marco supone tratar con cosas pasadas, pero también mirar hacia el futuro y asumir la responsabilidad de prescribirlo, reconociendo que fijar algo es condición necesaria para estructurar el futuro. Ofreciendo resistencia aparecen nuevas libertades. En ese sentido, crear un marco supone también reclamar una cierta seguridad, una seguridad que aporte la comodidad de sentirnos conectados y ser libres.

Figura 3. Nuevas fuentes de la plaza. Fotografía: © Blerta Kambo
Figura 3. Nuevas fuentes de la plaza. Fotografía: © Blerta Kambo

Paradójicamente, el diseño de este marco solo funciona si el centro de atención no es el propio marco. ES un concepto que tiene que ser liberado de todo debate estético. Es importante comprender que el proyecto no se limita a establecer el marco. El proyecto no reside en la forma, sino en la tensión que genera. Especialmente en un proyecto de esta escala, la decisión de que “la vida surja por sí misma” no valdría mucho. Con el marco, se debe establecer un nuevo conjunto de reglas; abriéndose a inventar nuevas formas de juego. Tras establecer este marco y tomar la decisión sobre qué es negociable y qué no, la vida futura del proyecto y las condiciones y prácticas que lo hacen florecer, pueden y deben definirse de forma activa.

A posteriori, la gran oportunidad que tuvimos fue que el proceso de diseño de la plaza se interrumpió debido a las elecciones municipales. Cuando retomamos el diseño cinco años después vimos atónitos que los jardines que habíamos imaginado eran actualmente estériles: fueron concebidos solo para apoyar la idea de enmarcar el vacío, pero no tenían una calidad real y una lógica por sí mismas. Además, la facilidad con que se había desechado el diseño nos hizo darnos cuenta de que la propuesta no tenía una propiedad real más allá del círculo cerrado de políticos y técnicos municipales con los que habíamos estado tratando. Fue una llamada de atención para empezar a pensar más allá del marco y en organizar y diseñar las tensiones que genera. Cuando se retomó el proyecto, se decidió postar por reformularlo de dos maneras.

En primer lugar, comenzamos entendiendo el diseño de la plaza como una oportunidad para intervenir en el metabolismo del contexto: analizar las condiciones que le dan forma y establecer las condiciones que le permiten estar vivo. En el caso de la plaza, esto implicaba prestar atención el tráfico que había sido expulsado de la plaza y a la zona peatonal que se había liberado con ello. También significaba implicarse en profundidad en la gestión de recursos: cómo y dónde obtener piedra y vegetación, qué clase de piedra y plantas. Esta gestión de recursos es un enfoque en el que las interdependencias juegan un papel importante: imaginar como las plantas modificarán las condiciones climáticas y cómo comenzarán a conformar un sistema por sí mismas, funcional y resiliente.

Figuras 4 y 5. Detalles del anillo verde y del vacío de la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.    
Figuras 4 y 5. Detalles del anillo verde y del vacío de la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.

Diseñamos el espacio como un ecosistema urbano: algo que nos protege del clima creando unas nuevas condiciones climáticas, fusionando elementos naturales y artificiales, y más allá de eso, entendiendo también a los seres humanos como parte de la ecuación, a través de la creación una ecología de prácticas. El diseño de estos sistemas nace a partir de nuevas formas de hacer las cosas, incluso si es tan simple como evitar el uso de pesticidas. Este cambio de mentalidad es un desafío que es, por defecto, complejo y multidisciplinario, requiriendo el debate entre campos que usan vocabularios completamente diferentes. En este caso el marco sirve únicamente como punto de partida. Es el comienzo que se establece para generar un sistema abierto que tenga un impacto económico y cultural, y que pueda crecer más allá de lo que es el proyecto hoy.

En segundo lugar, comenzamos a activar el marco imaginando cómo permitiría que otros contribuyesen. Lo llamamos diseñando para empoderar, ya sea en el proceso de diálogo durante el diseño o en las oportunidades de apropiación generadas en el lugar.

Organizamos un intenso periodo de tres meses de interacción, activando a las distintas partes interesadas, que en las condiciones anteriores, solo hubiesen escuchado algo sobre la plaza una vez se convocasen las elecciones. Establecer el espacio y el tiempo para discutir, criticar e intervenir en el proyecto fue una experiencia muy gratificante. Surgieron nuevas ideas y provocaron nuevas inversiones. La idea de tematizar un jardín y conectarlo con la rehabilitación de la biblioteca nacional es solo un ejemplo que es resultado directo del proceso de diseño abierto a voces tan distintas. Una de las nuevas inversiones que surgieron fue la integración de la zona de acceso del Tirana International Hotel.

La energía que sentimos durante estas discusiones nos llevó a diseñar la plaza como un lugar de apropiación, incluso más que antes. Desarrollamos la arquitectura para que los límites generen momentos productivos. Diseñar una silla de 80 centímetros de ancho produce una proximidad que puede ser molesta o cómoda, dependiendo de la persona con la que esté sentado. Al proporcionar ese "obstáculo", usar algo de repente provoca una elección, una elección que hace que un encuentro sea significativo. Diseñar para empoderar supone ser consciente de esas cosas que marcan la diferencia, pues lo que revelan (o impiden) afecta a cada persona de igual forma. Observar la plaza como esta multitud de puntos de contacto es ver el marco como un sistema que genera un entorno rico y complejo a partir de un conjunto de elementos básicos. Y producir con esos elementos un espacio que genere memoria debido a todas las acciones que ha desencadenado, los encuentros que se han producido.  Lo que queremos es que ese tipo de espacio vaya más allá de lo simbólico con una infinita capacidad de detonar nuevas actividades. Esto es lo que imaginamos cuando hablamos sobre el marco.

Figura 6. Acceso principal del Museo Histórico Nacional desde la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.
Figura 6. Acceso principal del Museo Histórico Nacional desde la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.

Durante una curva de aprendizaje que nos llevó nueve años, el diseño del marco ha llegado a representar la administración de diferentes lógicas de diseño a la vez, desde el diseño de la forma, el diseño del metabolismo hasta el diseño para el empoderamiento. Ahora, la combinación de estas tres lógicas nos permite gestionar las fuerzas a menudo contradictorias con las que trata un proyecto. Esta aproximación nos ayuda a estructurar la complejidad, a la vez que le permite permanecer presente de manera total y contundente.

Hemos aprendido a utilizar la tensión entre las distintas lógicas como un elemento enriquecedor más que limitador; este enfoque nos permite conceptualizar las múltiples formas necesarias de producir un espacio común. Requiere un proceso con puntos en los que uno debe decir no, pero incluso más puntos en los que es mucho más interesante decir “sí, pero”. Es una actitud que ve la tensión o el conflicto como una oportunidad de provocar diferentes realidades y de ver estas realidades no como algo que debe ser reducido, sino como situaciones que pueden ser reveladas y que pueden incluso superarse a sí mismas. Como en una buena improvisación, una actitud de “sí, pero” es una forma de tratar con el conflicto como una fuente de innovación o como una provocación para más creatividad e imaginación. En el proyecto de la plaza de Skanderbeg se entiende "un buen plan" como una forma de estructurar nuestra conciencia para poder reaccionar a diferentes circunstancias de una manera diversa; diseñar como método para prepararnos para las oportunidades ocultas en el proceso.

La plaza de Skanderbeg es una prueba de que nosotros – todos los que hemos estado involucrados en el proyecto – podemos obtener resultados enriquecedores, atractivos y cualitativos. Pero sobre todo muestra que el contexto albanés puede ser tomado en serio. En este sentido, es una muestra de las capacidades del contexto, de su capacidad pata hacer que las cosas sucedan y producir excelentes resultados cuando se activan de la forma correcta, cuando la gente trabaja conjuntamente como hicieron para la plaza. El resultado de Skanderbeg no se debe presentar como un final o una conclusión, sino como el inicio de una nueva dinámica, el primer paso que inaugura una serie de proyectos que pretenden mejorar las condiciones urbanas de Tirana. El proyecto fue un primer intento de definir las intenciones principales que van más allá de la plaza, que tienen un período de tiempo más largo.

Figura 7. Vista de la plaza hacia la Opera. Fotografía: © Filip Dujardin.
Figura 7. Vista de la plaza hacia la Opera. Fotografía: © Filip Dujardin.
Figura 8. Vista del acceso al Museo Histórico Nacional. Fotografía: © Filip Dujardin.
Figura 8. Vista del acceso al Museo Histórico Nacional. Fotografía: © Filip Dujardin.

Durante la ceremonia de inauguración, el punto de referencia fue aún la estatua de Skanderbeg. Esperemos que en algún momento sea para Albania la apertura de la plaza. Así es como entendemos el papel de la arquitectura y el espacio público hoy en día: no como una confirmación de una identidad sólida, sino como un marco para investigar y ofrecer medios para construir una identidad abierta y fluida, ofreciendo a los ciudadanos un campo de pruebas en el que queremos convertirnos. El espacio público puede ser un espacio para el potencial, una plataforma.

Finalmente, el proyecto no ha aportado un marco fijo, sino un conjunto de situaciones potenciales, preparadas para tomar forma. Con límites como lugares, como posible punto de conexión que genera apertura, a la vez orquestada y por casualidad. El objetivo es que esa apertura invite a otros a sumarse: usar el escenario como una oportunidad de producirse a sí mismos. Pero la realidad es que esto es algo que no puede planearse, sino que solo podemos mantener la esperanza.

El problema inherente del espacio es que es solo espacio. El potencial que ofrece solo existe cuando se materializa: cuando es usado por las personas que creen en él, que hacen que suceda cada día. Siendo testigos del comienzo del crecimiento de un ecosistema renovado en el corazón de la ciudad. Mirando edificios históricos con los que quizás no puedes identificarte, pero que aceptas como parte de tu historia. Caminar descalzo por el centro de la capital, usando el espacio como si fuese privado. Aportar esta posibilidad es una señal fuerte que puede dar una institución, una ciudad o un estado.

Es un hecho destacable que el 25% de la población de Albania viva en un radio de 2,5 km alrededor de esta plaza. Si así lo quieren, pueden usar la plaza de Skanderbeg como parte de su sistema urbano diario. Si así lo hacen, no será el espacio sino su actividad diaria la que tenga el impacto final.

Figura 9. Vista general de la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.
Figura 9. Vista general de la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.

El proyecto

El proyecto de remodelación de la plaza de Skanderbeg es el resultado de un concurso internacional ganado por 51N4E en 2008. La propuesta del concurso, concebida en colaboración con el artista albanés Anri Salas, reorganiza la plaza central de Tirana, un gran espacio excomunista, de una forma simple y radical. En un contexto urbano denso y complejo, en un lugar que es tanto el corazón de la capital de Albania como un símbolo para todo el país, el proyecto dispone una generosa zona peatonal. La plaza se presenta a sí misma como un vacío en el caos de la ciudad, una pirámide plana rodeada por un denso anillo de vegetación, confirmado por un conjunto de antiguos y nuevos espacios públicos y jardines. El anillo verde resultante actúa como antecámara, gestionando la transición entre la ciudad congestionada y la plaza. La opresiva monumentalidad de la arquitectura comunista es contrarrestada por la amplia y baja pirámide que forma la plaza: cuando se detienen en su punta, los ciudadanos se encuentran a la par con la arquitectura autoritaria del pasado. Pueden contemplar los edificios que definen el pasado de Albania, que de repente se abre a nuevas formas de lectura, y abrazarlo como una historia sobre la que seguir adelante.

Figura 10. Planta de proyecto. ©51N4E
Figura 10. Planta de proyecto. ©51N4E

Tras el comienzo de los trabajos en 2010 y un cambio en la administración, la implementación del proyecto se detuvo. Unas nuevas elecciones hicieron que se retomase el proyecto a finales de 2015. La evolución del contexto urbano, así como una reevaluación de los objetivos ofrecieron la oportunidad de redefinir la propuesta manteniendo intacta la esencia de la idea. El proyecto de paisajismo se estudió de nuevo y se convirtió en un ecosistema local que anticipa la creación de una nueva ecología urbana para la ciudad. Se seleccionaron especies locales para aumentar la resistencia natural del sistema respecto al cambio climático. Se combinaron árboles, arbustos y plantas perennes para fomentar la biodiversidad urbana y controlar el microclima del centro de la ciudad. La riqueza natural de Albania, con toda su diversidad de especies, se pone en valor, permitiendo al espacio público asumir una función tanto recreativa como educativa.

Figura 11. Sección de proyecto. ©51N4E
Figura 11. Sección de proyecto. ©51N4E

El anillo verde alrededor de la plaza está conformado por 12 jardines, cada uno de ellos conectado a una o más instituciones públicas que rodean la plaza. La organización espacial de estos jardines, así como sus aspectos técnicos, fueron estudiado de forma dialogada con los principales actores del proyecto a lo largo de varios talleres. El resultado es un conjunto de intervenciones contextualizadas, que promueven que funciones públicas o semipúblicas vecinas se extiendan en el espacio exterior.

Figura 12. Vista general de la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.
Figura 12. Vista general de la plaza. Fotografía: © Filip Dujardin.

En el marco de reajuste del proyecto, se prestó especial atención a cuestiones de movilidad e inversiones en el entorno inmediato de la plaza. Se desarrolló un aparcamiento subterráneo, capaz de acoger múltiples funciones, en colaboración con los servicios municipales de movilidad. De igual forma, se establecieron conexiones peatonales y ciclistas con la red pública de transporte. Finalmente, se escogieron materiales locales por motivos logísticos y simbólicos, que llevaron a la reactivación de unas canteras locales e hicieron que el proyecto alcanzase un nivel revelador de la riqueza del contexto albanés y una estimulación de su capacidad productiva.

Notas

(1) Andoni, Alan, The Xenophobe’s Guide to the Albanians, London: Oval Books, 2015

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José Mª Ezquiaga Dominguez. Dr. Arquitecto. Profesor Titular de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
José Fariña Tojo. Dr. Arquitecto. Catedrático de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Fernando Fernández Alonso. Arquitecto. Profesor Asociado de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Josep Mª Llop Torne. Arquitecto. Profesor en la Facultad de Geografía de la Universidad de Lleida
Javier Ruiz Sánchez. Dr. Arquitecto. Profesor Titular de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Secretaría: Llanos Masiá
Edita: planur-e
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Traducción: planur-e
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