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La Solana. El placer de habitar

De casas con árboles a árboles con casas

Ana Riaza + Javier Herreros

1. La Solana. Planeamiento mestizo

La Solana fue tierra de cultivo, parte de una amplia extensión de campos de labranza situados a distancia accesible desde los núcleos de población próximos. Hoy es un espacio vacante de 109 ha que se marchita entre el suelo urbanizado de La Moraleja y el Parque de Valdebebas, al norte de Madrid, limitando con el municipio de Alcobendas.

Muchos de los propietarios de suelo son aún las familias que cultivaban estas tierras. Ellos nos guiaron por la historia del lugar: el pozo de San Benito, donde se resguardaban los labradores para descansar y conversar; el mirador de la Solana; las siestas sobre las lomas de las pequeñas vaguadas; los relatos de la vereda de Los Toros, ….

Figura 1. La Solana. Situación.
Figura 1. La Solana. Situación.

De su mano, una lectura fresca y desprejuiciada del área de intervención proporcionó un inventario de valores y una forma de hacer:

  • Se mantiene la topografía, de suave pendiente hacia el sur y con ligeras ondulaciones.
  • Se preserva el sistema hídrico que conduce las escorrentías hasta el arroyo de Valdebebas, regenerando las vaguadas e integrándolas como infraestructuras verdes y espacios públicos activos.
  • Por su singularidad, se preserva el promontorio central del mirador de la Solana, una plaza natural donde poder crear un espacio representativo de la comunidad.
  • La vereda de los Toros se reubica para reconectar su trazado con los recorridos actuales exteriores al ámbito. Se dispone en paralelo al arroyo de Valdebebas, el cual constituye el borde meridional de la actuación.
  • Se adopta el criterio de evitar la alteración de la vegetación de valor.

Trasladado lo anterior al modelo tridimensional apareció la estructura básica del paisaje y, con ella, la de la ordenación.

Figura 2. Inventario del lugar
Figura 2. Inventario del lugar

A la luz de los valores existentes nos resultó claro que en la Solana se debía evitar el recurso a tramas urbanas regulares convencionales, habituales en otros crecimientos de Madrid. Para intervenir era necesario extraer del lugar sus propias leyes. La ordenación proyectada es consecuente con la naturaleza de su soporte y responde a su carácter. El lugar genera la estructura y no ésta el lugar.

La intervención no se atiene a categorías clásicas de urbanismo, edificación o paisaje. Es el resultado de la interacción de todas ellas y, además, de la atención al medio ambiente y a la biodiversidad. Un planeamiento mestizo que fusiona naturaleza y artificio.

Figura 3. Usos del suelo
Figura 3. Usos del suelo

2. La Solana, un barrio de velocidad lenta

Sobre la estructura de paisaje se superpone la red de movilidad, con especial acento en su responsabilidad sobre la sostenibilidad.

El Plan General planteaba viarios de cruce de norte a sur en el interior del ámbito. Sin embargo, de nuestras conversaciones con los propietarios habíamos aprendido que La Solana no era un cruce de caminos, sino más bien un remanso al que se accedía desde la periferia.

Optamos, de forma consecuente, por canalizar el tráfico de paso por el borde, mediante una calle perimetral concebida como espacio de conexión y de intermediación con la ciudad anexa. Liberado de este tráfico, el nuevo barrio adquiere en su interior un carácter peatonal.

Las calles se amoldan a la topografía -muchas de ellas se sitúan sobre antiguos caminos agrícolas- conformando  una red adaptada, con distancias entre cruces que facilitan la permeabilidad de los recorridos a pie.

Destaca entre todas una calle central singular, de trazado este a oeste; un lugar de actividad social más intensa que canaliza el transporte público y cuyas fachadas las definen la edificación colectiva y servicios de barrio.  

El resto de las calles, eximidas de la sumisión funcional al coche, retoman espacio para el peatón, la convivencia y el juego. Son lugares públicos intermedios entre los espacios naturales de las vaguadas y el ámbito privado. Calles sinuosas que alternan perspectivas cerradas y abiertas, amortiguando por su naturaleza la velocidad de circulación. No existen glorietas en el interior del barrio.

El sistema de movilidad se completa con una red de carril ciclista que conecta con el Parque de Valdebebas.

Figura 4. Modos de movilidad
Figura 4. Modos de movilidad
Figura 5. Sección de la cale central
Figura 5. Sección de la calle central

Es un barrio de velocidad lenta (no necesita otra), donde resulta fácil y seguro caminar a los sitios (ver a los amigos, jugar, pasear, ira a las tiendas, a los servicios, etc.). La velocidad la proveen otros medios, como las conexiones digitales o las infraestructuras externas. Esta forma de estar en el lugar hace posible una aproximación de escala humana al paisaje y a la escena urbana.

Figura 6. Planta general
Figura 6. Planta general

3. Paisaje urbano y espacio público

El paisaje es una cuestión principal en la intervención.

La Solana es tanto un nuevo barrio como una operación de reforestación y recualificación de los sistemas naturales existentes y latentes. El proyecto propone la cohabitación del sistema natural y el edificado, en una relación respetuosa y productiva para ambos. Posibilita la experiencia directa de la naturaleza y de sus ritmos, como espacio inmediato al doméstico.

Figura 7. Reforestación de La Solana. Evolución del suelo desde el estado anterior a la explotación agrícola hasta la intervención de ordenación
Figura 7. Reforestación de La Solana. Evolución del suelo desde el estado anterior a la explotación agrícola hasta la intervención de ordenación

Se adoptan para la urbanización técnicas agrícolas de mínima alteración, encauzamiento natural, plantación, y suaves aterrazamientos, que preparan el soporte para acoger los nuevos usos. Este método alude a su historia reciente pero, sobre todo, permite un uso responsable y eficaz del suelo y de sus valores.

La intervención mantiene y regenera la capa vegetal existente, y minimiza las superficies impermeabilizadas, con una importante reducción de la huella de la construcción y de la urbanización.

El sistema natural compuesto por el promontorio, las vaguadas y el arroyo de Valdebebas dota de identidad a la intervención, protege la red de drenaje natural existente e integra la vegetación y el arbolado de valor.

A lo largo de las sendas peatonales de las vaguadas se experimenta una inmersión en el paisaje, arropado por el terreno y la vegetación natural.

Las sendas conectan con el mirador de la Solana, lugar de encuentro y cohesión social, cuya vegetación y arbolado responden a un valor simbólico de comunidad. Tomando ventaja de su posición central, fácilmente accesible en bici o a pie, acoge los servicios básicos al barrio. Pero también es la puerta de contacto, visual y físico, con el parque del arroyo de Valdebebas, situado en el borde sur.

Figura 8. Estudios de paisaje. Mirador de La Solana

   
Figura 8. Estudios de paisaje. Mirador de La Solana
   Figura 9. Estudios de paisaje. Tratamiento de mirador del área central
Figura 9. Estudios de paisaje. Tratamiento de mirador del área central
   Figura 10. Imagen desde el mirador
Figura 10. Imagen desde el mirador

El arroyo de Valdebebas y la vereda de los Toros son los espacios naturales que, al tiempo que ofrecen una escala mayor para la actividad al aire libre, conectan el sector con el resto de la ciudad.

La disposición de los usos del suelo y de las tipologías edificatorias obedece a criterios de diálogo y transición con las unidades de paisaje existentes. Al norte se da continuidad a la trama colindante de la Moraleja, con tipología de vivienda unifamiliar con espacios libres ajardinados, si bien en parcelas de menor dimensión.

La calle central marca el punto de inflexión, con tipología de viviendas y edificación en bloque aislado configurando la vía pública, tipología que se mantiene hasta el borde sur.

La integración de la edificación en armonía con el paisaje se fundamenta reglas simples: el aterrazamiento de los planos de implantación; evitar la ocupación de los perfiles dominantes del paisaje; limitación de alturas (dos plantas en vivienda unifamiliar y tres en el resto de los usos), nunca imponiéndose a la altura del arbolado;  limitación del desarrollo de fachadas; y disposición intercalada de edificación y vegetación.

La orientación de la edificación permite la captación de vistas próximas y lejanas y la instrumentación de técnicas bioclimáticas de eficiencia energética. El mantenimiento de pendientes y laderas garantiza la preservación de las brisas naturales y su utilización en el control de las condiciones de confort de espacios abiertos y edificados.

La dimensión contendida de las manzanas y la disposición de accesos peatonales a las mismas asegura el contacto de las viviendas con las calles circundantes. Para garantizar la seguridad se limita la altura de cerramientos opacos, de tal forma que se permita la visibilidad desde la edificación hacia la calle y viceversa. Los cerramientos se tratan como elementos de configuración de la escena pública.

Figura 11. Adaptación a los perfiles del terreno


Figura 11. Adaptación a los perfiles del terreno
Figura 12. Estudio de tratamiento de las vaguadas
Figura 12. Estudio de tratamiento de las vaguadas

3. La estructura pública, vertebradora de los usos.

En La Solana la estructura pública vertebra la organización de los usos del suelo. El elemento icónico es el espacio público. En este barrio resulta natural y cómodo usar los corredores verdes y los recorridos peatonales para ir a comprar el pan, salir a correr, ir al médico, o que los niños jueguen fuera de casa.

Los espacios libres se conciben sin condicionar de antemano su destino. Cada usuario, cada actividad, irá encontrando su lugar, haciéndolo suyo. Hay una primera propuesta organizativa que tiene que ver con las distintas necesidades por grupos de edad pero, más allá de eso, será el tiempo el que vaya perfilando el carácter y de cada sitio.

Figura 13. La distancia al hogar y el incremento de la apropiación del espacio público por distintos grupos de edad
Figura 13. La distancia al hogar y el incremento de la apropiación del espacio público por distintos grupos de edad

El espacio libre privado se proyecta complementario al público y activa relaciones de menor escala, siendo el elemento de intermediación con el espacio doméstico privado. En su entorno se dispone la edificación.

El mirador de La Solana agrupa usos de servicios colectivos, comercio, restauración y ocio, propios del barrio. Es un ágora abierta a las vistas del sur, con árboles en lugar de columnas.

Al norte se localizan los usos residenciales de menor densidad, viviendas unifamiliares en manzanas que permiten la organización de espacios libres interiores. A ellas se accede en puntos acotados por calles de tráfico local muy reducido. La conexión entre las áreas residenciales y las redes verdes se asegura mediante el contacto directo de los espacios libres privados y los públicos, así como por los recorridos peatonales transversales que enlazan unos con otros.

Al este y al sur, se localizan las viviendas colectivas, por una parte configurando el paisaje de la calle central y, por otra, estableciendo la transición entre el área unifamiliar y el entorno urbano de grandes bloques de la expansión de Alcobendas y del Parque de Valdebebas.

De las 1.393 viviendas proyectadas el 46% lo son en régimen de protección - 637- facilitando acceso a la vivienda en esta zona de la ciudad, en la que no existe vivienda de protección de ningún tipo. Vivienda libre y en régimen de protección se entremezclan con el resto de los usos

Figura 14. Composición de la mezcla de usos del suelo
Figura 14. Composición de la mezcla de usos del suelo
Figura 15. Comparativa uso del suelo en planemiento convencional y en La Solana
Figura 15. Comparativa uso del suelo en planeamiento convencional y en La Solana

Los equipamientos, privados y públicos, ocupan una superficie inusualmente elevada. Ello es debido a la carencia identificada de equipamientos en el entorno, de tal forma que La Solana trasciende sus límites para contribuir a reequilibrar déficits urbanos existentes.

Pero, por otra parte, los equipamientos aportan complejidad y diversidad, creando un barrio compensado en la mezcla de usos y actividades, con una fuerte orientación hacia los servicios.

Los equipamientos públicos se sitúan en conexión con el sistema verde, con calles principales y en puntos fácilmente accesibles a pie por los residentes. Los equipamientos privados resuelven las fachadas urbanas más públicas y se ubican en espacios de transición entre los bordes y las áreas residenciales.

Figura 16. Distribución de la edificación por usos
Figura 16. Distribución de la edificación por usos

4. Ecourbanismo

En La Solana se aplica el principio de aportación de la mínima energía de activación para provocar la evolución del lugar hacia un nuevo estado de eficiencia y autonomía en la regeneración del espacio natural, en el comportamiento de la edificación, y en la interacción entre ambos.

En ciudades como Madrid los efectos del cambio climático no se viven de manera tan visible como en otros lugares y corren el riesgo de resultar minusvalorados. Sin embargo son problemas urgentes no pueden ser obviados. El incremento de las temperaturas (y con ello los desajustes en los sistemas de confort) y la reducción de precipitaciones y del agua disponible (desertificación) son dos de los más evidentes retos con los que es necesario trabajar.

Las estrategias en La Solana son dobles. Por un parte, las orientadas a mitigar el cambio climático. Por otra, las dirigidas a anticipar la adaptabilidad del lugar a nuevas condiciones climáticas y a facilitar su respuesta ante situaciones extremas o cambios imprevistos (resiliencia). Todo ello sobre la base de los sistemas naturales y su comportamiento como medio de control. Sistemas abiertos.

La reforestación del lugar, árboles con casas, será un factor básico en la amortiguación de la condiciones climáticas extremas y en la captación de CO2. La interacción entre vegetación y edificación de lugar a un urbanismo de sombras, orientaciones y brisas y, con ello, de máxima eficacia de los sistemas pasivos.

La edificación se orienta en sentido norte-sur con diferencias de nivel que posibilitan la captura del viento, del soleamiento controlado, y la presencia de un régimen regular de corrientes ascendentes por la ladera, lo que, combinado, prácticamente elimina las necesidades de aportes energéticos para calefacción y reduce en gran medida las necesidades de frío en verano.

Del mismo modo, las necesidades de iluminación eléctrica resultan muy bajas con un manejo responsable de las tipologías edificatorias.

Calefacción e iluminación son dos de los principales responsables de la huella de carbono en barrios residenciales. La reducción de las necesidades de consumo mediante sistemas pasivos tiene un alto impacto en el control de las emisiones, más aún con la inclusión de sistemas activos.

Al aire libre se alternan espacios de sombra y de sol, expuestos y protegidos, siempre estableciendo relaciones con los usos que los rodean, para garantizar el confort y fomentar su utilización a lo largo de todo el año.

Figura 17. Estrategias de sostenibilidad
Figura 17. Estrategias de sostenibilidad

La estrategia de movilidad sostenible proyectada, en un lugar tradicionalmente dependiente del vehículo privado, supondrá una importante reducción en emisiones en comparación con los barrios vecinos, según las modelizaciones realizadas. El tratamiento de los pavimentos se proyecta para evitar el efecto albedo y reducir el impacto de la isla de calor.

La preservación del sistema hídrico consolida una red de drenaje sostenible y de regulación de avenidas, reduciendo la necesidad de infraestructura gris. Los recorridos del agua se complementan con la implantación de lagunas de retención y filtrado. La recuperación de los cursos naturales de agua, junto a la reforestación, introduce también una nueva dinámica en el ecosistema de la zona, más rica y compleja, habilitando corredores biológicos.

Figura 18. Esquema sistema hídrico
Figura 18. Esquema sistema hídrico

La gestión del agua se completa con la separación, reciclado y reutilización de aguas grises, y con la permeabilización del terreno soporte no natural, mejorando la recarga de acuíferos.

Dadas las condiciones óptimas del lugar la generación de energía limpia se confía principalmente a la captación solar, con un sistema de micro-redes interconectadas de producción, almacenamiento y distribución. El potencial de autosuficiencia energética de La Solana es muy alto, siendo la manzana tipo, unifamiliar, colectiva o de equipamientos y servicios, la célula básica del metabolismo urbano.

Mediante un uso responsable del suelo se mejora el lugar sobre el que actúa y se preserva el legado de próximas generaciones. Es un posicionamiento que puede parecer indiscutible pero, para llevarlo a cabo, es necesario que los agentes que intervienen en el desarrollo compartan la visión. La dirección de Eduardo Campo (DECUS), responsable de la gestión del ámbito, no ha podido ser más relevante en este caso.

5. Conectividad y bordes

En La Solana la atención al interior convive con el interés por los límites, para favorecer su apertura y facilitar el intercambio. La intervención se concibe como un sistema abierto tanto en su configuración y propuesta de evolución interna, como en los mecanismos que articula de integración con el resto de la ciudad.

En realidad, hoy no existen bordes sino un catálogo de barreras físicas y funcionales. Al sur, la R2 es una infraestructura que impide la continuidad natural entre La Solana y el Parque de Valdebebas y que genera los ya habituales espacios inanes en sus bordes.

Al norte aparece una empalizada de vallas continuas e infranqueables de las viviendas unifamiliares de La Moraleja, de espaldas al nuevo lugar. No hay una sola calle que rompa esta muralla.

Al oeste, nos encontramos con una barrera funcional y física, el campo de golf de La Moraleja, espacio cerrado con alguna edificación de borde que sólo mira hacia el campo y desdeña el resto.

Sólo al este existe oportunidad de conexión organizada, por la presencia de un suelo de Alcobendas actualmente en desarrollo.

En este contexto, se opta por potenciar la permeabilidad de los bordes y fomentar una conectividad física y funcional que aliente la interacción entre barrios.

Se conecta con el Parque de Valdebebas mediante dos pasos viarios, por encima y por debajo de la R 2 y, sobre todo, mediante la continuidad de las zonas verdes y la vereda de Los Toros.

Con Alcobendas, ampliando las calles existentes de borde, mejorando los nodos de conexión y situando usos de carácter público como fachada urbana de encuentro con el nuevo desarrollo. Además de la continuidad por el este de la vereda de Los Toros.

En el límite con el campo de Golf se completa e integra la zona edificada, con un sentido más abierto de comunidad, y se proyectan paseos de borde que permitan la visibilidad entre ambos espacios.

Al norte, la calle de borde se amplía y se plantea un carril ciclista, acompañado de un corredor vegetal que funcione como fachada verde entre el tejido existente y el consolidado.

Figura 19. Vista general
Figura 19. Vista general

6. Proceso evolutivo

Lo descrito es una aproximación al estado actual de la intervención. Pero nos parece importante insistir en la noción de sistema evolutivo, de tal forma que La Solana se proyecta con la idea de que irá mutando en las siguientes fases de consolidación de la urbanización, el paisaje y la edificación, en función de los principios establecidos, pero con capacidad de mejora y reajuste.

Para ello es necesaria la participación coral de muchos agentes, como ha sido la tónica habitual hasta ahora; administración, promotores, consultores ambientales, de movilidad, de infraestructuras, ciudadanos, todos ellos y otros más han tomado parte en una construcción común y creemos que así debe seguir siendo.

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José Mª Ezquiaga Dominguez. Dr. Arquitecto. Profesor Titular de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
José Fariña Tojo. Dr. Arquitecto. Catedrático de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Fernando Fernández Alonso. Arquitecto. Profesor Asociado de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Josep Mª Llop Torne. Arquitecto. Profesor en la Facultad de Geografía de la Universidad de Lleida
Javier Ruiz Sánchez. Dr. Arquitecto. Profesor Titular de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Secretaría: Llanos Masiá
Edita: planur-e
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28023 Madrid
Traducción: planur-e
ISSN: 2340-8235
Copyright: (2013): planur-e
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