Volver al inicio     
Suscripción
Información Personal

* E-mail:
Idioma / Language:


He leído y estoy de acuerdo con los términos y condiciones / I’ve read and agree to terms and conditions


Cerrar Ventana [x]
La construcción de un pequeño parque agrícola de secano en Candeleda, Ávila

 

Ramón López de Lucio

“Había visto otros países de la misma manera, que se entregan cuando vas a  dejarlos, pero había olvidado lo que significa. Lo único que pensaba es que nunca había visto el país tan hermoso, como si su contemplación fuera suficiente para hacerte feliz durante toda tu vida” 

(Karen Blixen/Isak Dinesen en vísperas de abandonar para siempre su granja próxima a Nairobi, “Tiempos difíciles”, “Memorias de Africa”, 1937, pag 340 ed. esp. 2016)

1. Introducción

Figura 1. El macizo de Gredos nevado en Abril 2007
Figura 1. El macizo de Gredos nevado en Abril 2007

La comarca de La Vera se extiende por las laderas meridionales de la sierra de Gredos, entre los 400 y 500 m  de altitud, a lo largo de más de 80 kms, desde Poyales del Hoyo en Ávila hasta Plasencia en Cáceres.Una antigua carretera la C-501 (ahora  su denominación se trocea en cada una de las Autonomías que atraviesa), recorre toda la comarca. Su trazado, diseñado para servir una larga serie de pueblos, serpentea por las cotas bajas de la sierra dominando el amplio valle del Tiétar.

Figura 2. Candeleda y la comarca de La Vera: pueblos a lo largo de la 501, río Tiétar, embalse de Rosarito y gargantas que bajan desde la sierra.
Figura 2. Candeleda y la comarca de La Vera: pueblos a lo largo de la 501, río Tiétar, embalse de Rosarito y gargantas que bajan desde la sierra.

La  franca exposición de la comarca a mediodía, protegida de los vientos fríos del Norte, unido a una pluviometría relativamente elevada y a la densa red de arroyos (“gargantas”) que bajan de la montaña, determinan unas circunstancias favorables para la agricultura y para el desarrollo forestal. Lo que permite la existencia de unos paisajes cuya densidad y variedad vegetal son ciertamente excepcionales dentro del centro peninsular.

La evolución de la pequeña finca de 3 hectáreas emplazada en la pedanía de El Raso (municipio de Candeleda), cuyo desarrollo y mejora he tenido la suerte de pilotar durante casi 25 años, entre el otoño de 1993 y finales del 2017, va a ser el objeto  de estas páginas. Una experiencia práctica a caballo entre la jardinería y la arboricultura, entre el cuidado y  mejora de la herencia recibida y la construcción gradual de un paisaje más variado y contrastado.

Contemplando con la perspectiva que ofrece un cuarto de siglo cómo se fueron tomando las diferentes decisiones y diseñando las sucesivas intervenciones sobre el espacio rural original, creo poder afirmar que en realidad nunca existió un  proyecto previo de conjunto  preciso.

Salvo si se quiere decir que sí había una idea directriz desde el primer momento: conservar y poner en valor la morfología territorial y el arbolado existente valioso, en particular los olivos, los robles rebollos y los alcornoques. Pero no tanto la densa y oscura repoblación de altos y desmadejados pinos realizada en la década de los 80’ en terrenos accidentados, al Norte de la finca, que habían sido, en parte todavía lo eran, dominio de distintas clases de quercus (el q. pirenaica, rebollo, el q. suber, alcornoque y el q. faginea, quejigo).

Evidentemente la decisión de hacer una pequeña inversión en aquel lugar obedecía a sus valores intrínsecos, a la belleza y variedad de su naturaleza, a su estratégica situación al pie del Almanzor (2592 m), dominando el valle del Tiétar precisamente en el tramo donde se sitúa el vasto pantano del Rosarito, visible desde  las cotas altas de la finca. Pero aparte de esto (que es mucho, sin duda) insisto en que no hubo un proyecto finalista, bien definido en sus componentes y detalles.

Figura 3. Plano 1 – Morfología del terreno (izquierda). En este croquis se representan los accesos rodados exteriores (carretera de Candeleda a El Raso, Camino de la Sayuela),  los caminos interiores, los muros de contención de piedra (líneas negras gruesas), los taludes y zonas de pendiente apreciable (trazos paralelos cortos en sentido perpendicular a las curvas de nivel), las principales masas de arbolado de porte, las terrazas de cultivo de inclinación moderada y las construcciones principales. Figura 4. Plano 2. Unidades de cultivo y vegetación iniciales (derecha) Terrazas de olivos existentes (1, 2, 2bis); Antiguos campos de labor, Terraza alta (3); Bosquete autóctono Sur (4); Vaguada baja, zarzal (5); Manchas de bosque autóctono  a la derecha del camino de subida a la casa (6); Bosque Norte, rebollos, alcornoques y pinos (7); Vaguada alta, pradera estacional (8); Charca grande de tierra, construida c 1996 (9).   

Figura 3. Plano 1 – Morfología del terreno (izquierda). En este croquis se representan los accesos rodados exteriores (carretera de Candeleda a El Raso, Camino de la Sayuela), los caminos interiores, los muros de contención de piedra (líneas negras gruesas), los taludes y zonas de pendiente apreciable (trazos paralelos cortos en sentido perpendicular a las curvas de nivel), las principales masas de arbolado de porte, las terrazas de cultivo de inclinación moderada y las construcciones principales.

Figura 4. Plano 2. Unidades de cultivo y vegetación iniciales (derecha) Terrazas de olivos existentes (1, 2, 2bis); Antiguos campos de labor, Terraza alta (3); Bosquete autóctono Sur (4); Vaguada baja, zarzal (5); Manchas de bosque autóctono a la derecha del camino de subida a la casa (6); Bosque Norte, rebollos, alcornoques y pinos (7); Vaguada alta, pradera estacional (8); Charca grande de tierra, construida c 1996 (9).

El resultado final, la finca que abandono a finales del 2017, es producto de docenas de decisiones, la mayor parte de las cuales se tomaron en la etapa que va de 1993 al 2003, pero que en cierto modo se han ido produciendo a lo largo de estos veintitantos años. El progresivo conocimiento del lugar, su observación cuidadosa, las conversaciones con unos y otros, los recuerdos recuperados, la intuición y los incidentes imprevistos, supongo que en algún caso también el capricho, han sido los factores que, superpuestos y concatenados, han permitido ir dándole su forma actual. Por no hablar del vigor relativo y de los imponderables en el crecimiento de cada ejemplar y de cada especie…

Lo que sigue es un intento de racionalización a posteriori de las decisiones tomadas a lo largo del tiempo en que trabajé y cuidé de la finca, el resumen de las estrategias que condujeron mis actos. Estrategias que, desde luego, solo ahora, al final, toman este carácter ordenado y sistemático con el que paso a relatarlas brevemente.

Figura 5. Plano 3. Estrategias de intervención. •	Conservación (1): Zonas de olivar existente (1-1); Alineaciones y taludes de viñedo (1-1v); Bosque autóctono mixto (1-2);  Praderas naturales estacionales (1-3). •	Regeneración y compleción (2): Olivar (2-1); Bosque autóctono mixto (2-2); Mixto olorosas arbustivas y bosque autóctono (2-3).   •	Nuevos cultivos y nuevas especies forestales (color lila) (3): Higueral (3-1); Frutales (3-2); Bosquetes de caducifolias (3-3); Emparrado vertical uva blanca (3-4); Cítricos (3-5); Alineaciones de caducifolias (3-6); alineaciones de almendros (3-7).   •	Hitos vegetales singulares (color rojo) (4): Cipreses (4-1); Chopos columnares (4-2); Alineación borde reguera de adelfas y sauces de ribera (4-3); Círculo de lirios (4-4); Era antigua bordeada de rebollos (4-5).   •	Construcciones y movimiento de tierras (5):  Casa nueva (5-1); Alberca de riego/ baño (5-2); Charca de tierra (5-4); Casa vieja (5-5)

Figura 5. Plano 3. Estrategias de intervención.

• Conservación (1): Zonas de olivar existente (1-1); Alineaciones y taludes de viñedo (1-1v); Bosque autóctono mixto (1-2); Praderas naturales estacionales (1-3).

• Regeneración y compleción (2): Olivar (2-1); Bosque autóctono mixto (2-2); Mixto olorosas arbustivas y bosque autóctono (2-3).

• Nuevos cultivos y nuevas especies forestales (color lila) (3): Higueral (3-1); Frutales (3-2); Bosquetes de caducifolias (3-3); Emparrado vertical uva blanca (3-4); Cítricos (3-5); Alineaciones de caducifolias (3-6); alineaciones de almendros (3-7).

• Hitos vegetales singulares (color rojo) (4): Cipreses (4-1); Chopos columnares (4-2); Alineación borde reguera de adelfas y sauces de ribera (4-3); Círculo de lirios (4-4); Era antigua bordeada de rebollos (4-5).

• Construcciones y movimiento de tierras (5): Casa nueva (5-1); Alberca de riego/ baño (5-2); Charca de tierra (5-4); Casa vieja (5-5)

Figuras 5, 6 y 7. Arriba, el conjunto de la finca desde el Norte. Campos de olivos, higueras, bosquetes de rebollos; al fondo el valle del Tiétar. Abajo izquierda, el camino de acceso a la finca desde la carretera de El Raso, Abril 2017. Abajo derecha, vista panorámica desde el Sur en la primavera 2017.

    
Figuras 5, 6 y 7. Arriba, el conjunto de la finca desde el Norte. Campos de olivos, higueras, bosquetes de rebollos; al fondo el valle del Tiétar. Abajo izquierda, el camino de acceso a la finca desde la carretera de El Raso, Abril 2017. Abajo derecha, vista panorámica desde el Sur en la primavera 2017.

2. Estrategias de intervención

Conservación de los elementos naturales más valiosos, incluyendo por supuesto la morfología del territorio, que básicamente no cambió (Plano 1). Esos elementos son los olivares de las terrazas 1 y 2, baja y media, así como las alineaciones de vides que sujetan los taludes de sus costados meridionales (Pl. 2, 1-1).Además de las masas compactas y de los ejemplares aislados de bosque autóctono mixto (Pl.2, 1-2), las praderas estacionales y algunos sectores de arbustos y aromáticas.

Figuras 8, 9, 10, 11 y 12. Arriba izquierda, los olivos de la vaguada alta con los pies labrados, Abril 2017. Arriba centro, un alcornoque centenario en el bosque Norte,  Noviembre 2017. Arriba derecha, vides en espaldera entre la terraza baja de olivos y el vallejo del zarzal, Abril 2015. Abajo izquierda, los olivos de la terraza baja con la tierra labrada en el verano 2017. Abajo derecha, rebollos y alcornoques de porte en el bosque Norte, primavera 2017.      

   
Figuras 8, 9, 10, 11 y 12. Arriba izquierda, los olivos de la vaguada alta con los pies labrados, Abril 2017. Arriba centro, un alcornoque centenario en el bosque Norte, Noviembre 2017. Arriba derecha, vides en espaldera entre la terraza baja de olivos y el vallejo del zarzal, Abril 2015. Abajo izquierda, los olivos de la terraza baja con la tierra labrada en el verano 2017. Abajo derecha, rebollos y alcornoques de porte en el bosque Norte, primavera 2017.

Regeneración y compleción de las zonas de olivar (Pl. 2, 2.1) y de bosque mixto (2-2).

Lo que ha supuesto: la tala sistemática, en varias fases, del 95% de los pinos existentes en el bosque Norte (Pl. 1, 7); el aclarado de la excesivamente compacta masa de rebollos del bosquete Sur (Pl.1, 4); la eliminación de las zarzas  que ocupaban la vaguada Sur (Pl.1, 5)  y del espeso jaral que colonizaba un espacio residual al Sureste (Pl.1, 6); la reconstrucción vegetal del lindero NE cuyos altos rebollos fueron talados por el propietario colindante después de lo que aparentaba ser una inocua regularización de los límites parcelarios.

Creo que es interesante señalar que esa regeneración del bosque, una vez desaparecidos los pinos, zarzas y jaras, se ha hecho sin plantar ningún árbol nuevo, solo seleccionando y cuidando los que con rapidez empezaron a crecer espontáneamente al desaparecer la densa sombra y la gruesa capa de acículas de los pinos que cubría el suelo del bosque Norte y la despiadada competencia de zarzas y jarales en las otras áreas. 

Además de los nuevos y abundantes ejemplares de rebollos y alcornoques, el bosque se ha diversificado por sí solo apareciendo quejigos, madroños, espinos blancos, lentiscos y algunos enebros.

En cuanto a las zonas de olivos se completó el vértice NW de la terraza 1 (Pl 2, 2-1), así como algunos huecos en la terraza 2.

Figuras 13, 14, 15 y 16. En la página anterior, izquierda, regeneración de especies autóctonas en el bosque Norte: rebollo y alcornoque de 6/7 años con sus correspondientes pies, diciembre 2017. Página anterior, derecha, regeneración en el bosque Norte: un quejigo de 7/8 años en primer término; detrás 2 madroños de 4/5 años, abril 2017. Arriba izquierda, regeneración en la vaguada baja (vallejo del zarzal): rebollos jóvenes, al fondo chopos columnares. Arriba derecha, regeneración rebollos entre la terraza alta de higueras y la terraza de olivos baja.    

    
Figuras 13, 14, 15 y 16. Arriba izquierda, regeneración de especies autóctonas en el bosque Norte: rebollo y alcornoque de 6/7 años con sus correspondientes pies, diciembre 2017. Arriba, derecha, regeneración en el bosque Norte: un quejigo de 7/8 años en primer término; detrás 2 madroños de 4/5 años, abril 2017. abajo izquierda, regeneración en la vaguada baja (vallejo del zarzal): rebollos jóvenes, al fondo chopos columnares. Abajo derecha, regeneración rebollos entre la terraza alta de higueras y la terraza de olivos baja.

• Introducción de nuevos tipos de árboles: diversificación de especies, formas, texturas y colores.

La terraza 3 (Pl. 1) se plantó en 1997 con un higueral de la variedad “cuello dama” en cuadro de 8x8 m (Pl. 2, 3-1), excepto en su zona meridional en contacto directo con bosquetes de robles preexistentes, próxima a la era. Esta zona no se labra, solo se desbroza a finales de Junio, y ha quedado reservada a pradera estacional introduciendo algunos bosquetes de caducifolias (plátanos, algún chopo, morera, y álamo blanco (Pl. 2, 3-3). 

Se han introducido alineaciones de caducifolios (plátanos, acacias, castaños, arces) en el lindero NE y bordeando el camino que sube al grupo de cítricos y desde este a la casa (Pl.2, 3-6). Antes del talud que separa las terrazas 1 y 2 se plantaron cinco cítricos variados (Pl.2, 3-5), una pequeña “huerta valenciana”.

Además de algunos grupos de frutales (perales, manzanos, membrillos, granados, cerezos, etc.) cerca de la casita vieja y en el borde del talud exterior del campo de higueras (Pl.2, 3.2), una alineación de almendros al Oeste del higueral (Pl.2, 3.7) y una nueva parra en espaldera al Oeste de la terraza 1 de olivos (Pl.2, 3.4).

Todos estos árboles consiguen modificar la relativa monocromía de la finca inicial, el verde plateado de los olivos y el verde oscuro de las hojas de lo rebollos y los alcornoques, introduciendo verdes más vivos en primavera y verano y, sobre todo, gamas de amarillos y pardos rojizos en la otoñada, Enriqueciendo por supuesto la variedad de formas, frutos y olores (el azahar de los naranjos y mandarinos...).

Figuras 17-23. De arriba abajo y de izquierda a derecha: A. plantación de higueras en la terraza alta, noviembre 2017; B.  Bosquete de caducifolias (plátanos, chopo, morera, álamo blanco) en el talud entre las terrazas alta y baja en otoño. Nov. 2017; C. Rincón de cítricos; al fondo cipreses en la terraza de olivos intermedia y arbolado del bosque Norte. Nov. 2017; D. Alineación de arces campestres en el camino que sube desde los cítricos a la casa en la primavera y otoño del 2017; E. Lindero Este (alineación de plátanos, acacias y castaños) en la primavera del 2017. A derecha el campo de higueras. F. Triángulo de plátanos al fondo de la terraza alta; detrás la plantación de higueras. Abril 2017.         

              
Figuras 17-23. De arriba abajo y de izquierda a derecha: A. plantación de higueras en la terraza alta, noviembre 2017; B. Bosquete de caducifolias (plátanos, chopo, morera, álamo blanco) en el talud entre las terrazas alta y baja en otoño. Nov. 2017; C. Rincón de cítricos; al fondo cipreses en la terraza de olivos intermedia y arbolado del bosque Norte. Nov. 2017; D. Alineación de arces campestres en el camino que sube desde los cítricos a la casa en la primavera y otoño del 2017; E. Lindero Este (alineación de plátanos, acacias y castaños) en la primavera del 2017. A derecha el campo de higueras. F. Triángulo de plátanos al fondo de la terraza alta; detrás la plantación de higueras. Abril 2017.

Hitos vegetales singulares.

A los trabajos de conservación, regeneración/compleción de las  plantaciones existentes e  introducción de nuevas plantaciones y especies, se añade la disposición en lugares oportunos (además de disponibles) de algunos hitos vegetales singulares por su porte, forma y/o color. Tales “hitos” no formaban parte de la concepción inicial de la finca: más bien surgieron como oportunidades que, en un momento dado, se hacen evidentes y se llevan a cabo.

Por ejemplo, los 3 cipreses que se plantan en la terraza 2, próximos a la casa y en línea con las perspectivas que desde su terraza se abren hacia el Sur y el valle del Tiétar (Pl. 2, 4-1), ocupan huecos que subsistían en la plantación de olivos original. Otros huecos se habían completado con nuevos ejemplares de la misma especie dentro de la estrategia de regeneración/ compleción comentada antes.

La imagen de ejemplares de cipreses dispersos entre extensos olivares proviene de algún viaje juvenil al Peloponeso o a Delfos: recuerdo en particular la impresión que nos causaba esta insólita combinación en el olivar sagrado que se extiende a los pies del recinto arqueológico (es muy distinto su empleo lineal en la Toscana, acompañando rítmicamente caminos y linderos o en la huerta valenciana en compactas formaciones que actúan como barreras contra el viento).  

Los 2 cipreses que flanquean la entrada Sur cumplen más bien el papel simbólico, también adjudicado a la especie, de elementos de bienvenida (y señalización).

Los 3 espigados chopos que se plantan en la parte alta de la vaguada Sur (Pl.2, 4-2) se sitúan en una zona rica en agua, la parte baja de la  vaguada que recorre la finca de Norte a Sur. En un espacio vacío una vez eliminado hacia 1996 el zarzal que la ocupaba. La humedad les asegura un crecimiento rápido: después de 20 años alcanzan los 20 o 25 metros de altura y sobresalen por encima de la pared de piedra y el seto de viñas, por encima de los olivos de las terrazas 1 y 2. Vistos desde la casa destacan sobre el valle verdeante, el embalse de Rosarito, la lejana línea azulada de los montes de Toledo y el horizonte de cielos sobre ellos.

Su esbeltez asegura que no cierren por completo la perspectiva, su dorado amarillo otoñal se adelanta al de las masas de rebollos que los encuadran, coincide con el de los arces que acompañan a la casa y sombrean los caminos cercanos a ella, contrasta con las oscuras pirámides estilizadas de los cipreses.

El tercer hito (el primero en materializarse) fue el seto de adelfas, intercaladas con sauces de ribera y algún laurel o madroño, que siguen  la amplia curva de la reguera de desagüe de la alberca (Pl. 2, 4-3). En los duros meses del estío verato introducen en el lugar las únicas notas alegres de color (rosa, rojo, blanco) y delimitan el pequeño jardín de secano que rodea la casa. 

Ese seto, situado al mediodía de la casa, se corresponde en su fachada Norte con un amplio círculo de lirios contenido dentro de una plataforma bordeada por muretes de piedra. Durante 2 o 3 semanas, hacia Abril, se cuaja de flores de un azul intenso; esas plantas con su espectacular eclosión primaveral es de las pocas que soporta, sin riego alguno, el tórrido verano.

Figuras 24, 25 y 26. Arriba izquierda y abajo, los cipreses en medio de los olivos en la  terraza intermedia; vista desde la terraza de la casa y al atardecer. Nov. 2010 y 2017. Arriba derecha, los chopos de la vega baja otoñeando entre las terrazas de olivos y el bosquete Suroeste de rebollos. Nov. 2017.            


Figuras 24, 25 y 26. Arriba izquierda y abajo, los cipreses en medio de los olivos en la terraza intermedia; vista desde la terraza de la casa y al atardecer. Nov. 2010 y 2017. Arriba derecha, los chopos de la vega baja otoñeando entre las terrazas de olivos y el bosquete Suroeste de rebollos. Nov. 2017.

• Los elementos construidos de nueva planta.

La pequeña casa (Pl.2, 5-1) emplazada entre el bosque y las terrazas de olivos domina desde su elevada cota la práctica totalidad de la finca.

Desde su amplia terraza, también desde el emparrado colindante, las diferentes masas boscosas y las alineaciones de árboles en los linderos delimitan y protegen el espacio privado, permitiendo a la vez fugas visuales más allá de sus límites, hacia las estribaciones del macizo de Gredos al Este, el pantano del Rosarito, el valle del Tiétar y los Montes de Toledo al Sur, las masas de arbolado, encinares y pinares, que cubren el valle en dirección Suroeste, hacia Madrigal de la Vera.

Figuras 27 y 28. A la izquierda, La casa, fachada Sur y jardín estacional. A la derecha, el emparrado al este de la casa sobre la terraza de olivos intermedia. Sept. 2010.   
Figuras 27 y 28. A la izquierda, La casa, fachada Sur y jardín estacional. A la derecha, el emparrado al este de la casa sobre la terraza de olivos intermedia. Sept. 2010.

El paisaje se configura como un anfiteatro cuyo decorado va cambiando con las horas del día y  la intensidad de las luces, desde la mañana cuando el sol naciente platea los olivares hasta el atardecer cuando el poniente dora las masas de árboles que acompañan los límites del terreno. Este paisaje se transforma por completo en las diferentes estaciones; desde Octubre a Mayo se cubre de hierba natural cuyo verde luminoso contrasta con el apagado verde de los olivos; en verano se labra  proporcionando un soporte rojizo (arcillas) a la plantación (excepto en la parte con mayor pendiente donde simplemente se desbroza la hierba crecida y se dibujan los pies de los árboles  con un círculo de tierra removida con ayuda de una mula mecánica).

Detrás de la casa el paisaje cambia por completo, se cierra por el bosque que asciende hacia el perímetro Norte de la Finca. Muy verde en el otoño avanzado, el invierno y el arranque de la primavera, se transforma, igual que los olivares, en un  territorio pardo y amarillo de donde emergen los árboles en sus muy diferentes estadios de desarrollo.  También aquí las luces rasantes de la mañana y el atardecer  le confieren personalidades distintas. Es de agradecer que, dada su situación y topografía, mitigue mucho el sol de las prolongadas tardes veraniegas sobre la casa y su entorno inmediato.

La alberca de riego y baño (Pl.2, 5-2) no tiene depuradora ni consumo energético alguno; simplemente permanece cubierta por una fuerte lona tensada de PVC durante al menos 10 meses al año; en verano se mantiene razonablemente limpia con unas sencillas pastillas de cloro de efecto alguicida complementadas con un cuidadoso control de las hojas e insectos que caen en su superficie.

Su situación no es en absoluto casual, vino determinada cuando se construyó en 1994 por el recorrido, suavemente descendente, del pozo artesiano que la alimenta, cuyas aguas se captan en el escalón que aparece en el límite Norte de la finca.

Su vaso, de 9x6 m, está casi totalmente enterrado, lo que garantiza la relativa frescura del agua incluso en Agosto (a lo que contribuya su continua renovación, pese a que el caudal de la fuente tenga una fuerte caída estival).  La proximidad de olivos y alcornoques de porte, a la vez que complica su limpieza, la convierte en un lugar íntimo  moderando su insolación diurna.

La gran charca de tierra (Pl.2, 5-3) es el único elemento inútil—una intuición fallida—en este paisaje. Pensada para regar por goteo el higueral que se extiende a sus pies (Pl.2, 3-1), finalmente se decidió dejarlo de secano, después de los 2 primeros años que siguieron a la plantación de los árboles. Esa ha sido la práctica tradicional en La Vera, igual que ocurre con el resto de las plantaciones, excepto las praderas y el tabaco. Además resultó que el fondo de la charca filtra y no retiene el agua de lluvia.

Su posición, la escasa calidad del terreno en que se asienta y su poca visibilidad, han supuesto que este error (que ocupa en torno al 6% de la superficie total) no haya tenido excesiva repercusión ni se haya pensado seriamente en subsanarlo.

Figuras 29 y 30. A la ziquierda, la charca de tierra grande en Diciembre de 2007. En primer término jaras y “reviejas”; al fondo terrazas de olivos, cipreses, etc. A la derecha, vista panorámica de la finca desde la terraza en el otoño 2017.   Figura 31. La alberca de riego y baño entre olivos, arces y alcornoques
Figuras 29 y 30. A la ziquierda, la charca de tierra grande en Diciembre de 2007. En primer término jaras y “reviejas”; al fondo terrazas de olivos, cipreses, etc. A la derecha, la alberca de riego y baño entre olivos, arces y alcornoques.

Figuras 31. Vista panorámica de la finca desde la terraza en el otoño 2017.

3. Conclusiones

Un parque agrícola, además de su directa utilidad práctica (producción de frutas y verduras) tiene importantes ventajas en lo que se refiere a cuidados y costes de conservación en relación con un parque convencional. Un cuadro de almendros  de 5 o 6 mil m2  no requiere riego alguno; tan solo una labor de roturación al año (dos como mucho si la temporada ha sido lluviosa) y una poda cada 2 ó 3 años. En torno a los cuadros de cultivo se puede disponer una retícula de caminos arbolados, en los laterales de estos los taludes solucionan las diferencias de cota entre las diversas terrazas, sirviendo a la vez como soporte de arbustos o plantas rústicas con floraciones hermosas: lilos, lirios y otras similares (1).

En la finca de El Raso se ha pretendido algo similar. Poner en valor las plantaciones de olivos, completarlas con espacios destinados a higueras, almendros y cítricos, arbolando los caminos interiores y los linderos, plantando nuevos bosquetes o alineaciones de árboles caducifolios diferentes de los existentes  de robles-rebollos. 

La finca agrícola inicial, de secano, se quiso mantener como tal, conservando su carácter de espacio rural dependiente solo de las lluvias estacionales, un espacio que no requiera riegos ni pretenda tener praderas verdes los 12 meses del año, que acepte la belleza de la rueda de las estaciones y de las labores agrícolas. Donde se ponga en valor el carácter de las tierras roturadas o de las praderas estacionales desbrozadas  que se transforman en superficies rojizas o amarillas a la espera de las precipitaciones de otoño.

La economía de medios materiales y de energía (electricidad, gasolina o gasoil) fue un objetivo de partida. Los 30 mil m2 se han mantenido con el agua de lluvia, excepto los 4 o 5 riegos estivales que concedía a los  cítricos o el riego con agua pulverizada  alrededor de la casa durante 5 ó 7 minutos, un par de veces al día, en las anochecidas veraniegas más calurosas con el único objetivo de refrescar un poco el ambiente. 

El empleo de máquinas se limitaba a 1 ó 2 vueltas de tractor al año en la hectárea ocupada por olivos e higueras (3  ó 4 horas de trabajo cada vez), las 20 o 25 horas de desbrozadora necesarias para segar la hierba seca en los caminos y las praderas estacionales y las 5 ó 6 horas de mula mecánica para hacer los pies de los olivos en las zonas que no se araban por sus excesiva pendiente.

En una finca de recreo, como realmente ha sido durante la época que yo la he disfrutado, el trabajo manual asumía un papel importante (por ejemplo en la poda de árboles jóvenes o en la eliminación de los retoños—“chupones”—al pie de los olivos).

La degradación natural de los restos vegetales (podas, ramas caídas, etc.) era la norma excepto cuando se producía una excesiva masa de residuos, por ejemplo al podar cada 2 años los olivos, cuyas ramas se llevaban para alimento del ganado local, las cabras en particular.

El tiempo de la naturaleza y los ciclos de crecimiento de los árboles han sido el reloj que ha medido las transformaciones, desde las plantaciones iniciales a la etapa de madurez del arbolado. Puedo afirmar, como decía la baronesa Blixen en la cita que encabeza estas páginas, que me ha sido dado alcanzar a disfrutar un estadio de esplendor en este pedazo de tierra. Tan solo la regeneración del bosque Norte, cuyos últimos pinos se eliminaron tan solo hace 6 o 7 años, queda como asignatura cuya consecución corresponderá a otros. 

Las imágenes que acompañan este texto es probable que ofrezcan de manera más clara los resultados paisajísticos alcanzados. Parece indudable que las características morfológicas y vegetales de partida han jugado un papel esencial. Lo que he denominado “proyecto evolutivo” ha servido de complemento en esta experiencia que tiene más de aventura vital que de ejercicio de diseño, siquiera sea por su duración y por el esfuerzo personal puesto en ella.

Siempre me sorprendió que en un espacio relativamente reducido se hayan podido conseguir tantos ambientes distintos, tal cantidad de fronteras, transiciones y perspectivas, esa sensación de haber habilitado un pequeño universo vegetal y agrícola que se puede cruzar en un cuarto de hora, a la vez que permite deambular días enteros dentro de su perímetro ocupado en veinte tareas diferentes a la vez que se disfruta de su variedad, belleza y calma.

Por supuesto, se me dirá y con razón, que en mi caso, a diferencia de los campesinos profesionales, ese disfrute no ha estado ligado a  la cuantía de las distintas producciones ni a la rentabilidad económica global de la finca. Esa “rentabilidad” se medía, como sucede en todas las explotaciones de recreo, en términos muy distintos.

Los pocos centenares de litros de aceite recolectado, los higos, pomelos, naranjas y almendras que, en cantidades muy moderadas, traía a Madrid o regalaba entre amigos, no pasaban de ser la gratificante espuma de lo que ha supuesto cuidar y ver crecer los árboles, pasear a distintas horas del día con sol o con niebla, en primavera o en otoño, ver como atardece hacia Madrigal de la Vera y como sale la luna sobre la suave estribación boscosa que nos separa de Candeleda a lo largo de esos casi 25 años que ahora han concluido.

Notas

(1) En esencia este es el esquema seguido en uno de los parques más singulares de Madrid, la Quinta de los Molinos, creación del arquitecto levantino César Cort.

(2) Los Planos y las fotografías son del autor del artículo, excepto las imágenes 1, 5, 7, 9, 11, 12, 24, 26, 27 y 30  que han sido realizadas por Cristina Cañedo-Argüelles.

Nota Legal
Créditos
Suscripción
Directora: María A. Leboreiro Amaro, Dra. Arquitecto. Profesora Titular de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Consejo de redacción: Miquel Adriá, director de la revista Arquine
Carmen Andrés Mateo, Arquitecta. Profesora Asociada de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
José Mª Ezquiaga Dominguez. Dr. Arquitecto. Profesor Titular de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
José Fariña Tojo. Dr. Arquitecto. Catedrático de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Fernando Fernández Alonso. Arquitecto. Profesor Asociado de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Josep Mª Llop Torne. Arquitecto. Profesor en la Facultad de Geografía de la Universidad de Lleida
Javier Ruiz Sánchez. Dr. Arquitecto. Profesor Titular de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid
Secretaría: Llanos Masiá
Edita: planur-e
Avda. Valdemarin, 68
28023 Madrid
Traducción: planur-e
ISSN: 2340-8235
Copyright: (2013): planur-e
Cerrar Ventana [x]
Planur-e: www.planur-e.es es una revista digital editada en España en materias de territorio, urbanismo, sostenibilidad, paisaje y diseño urbano. Nació con el objetivo de exponer buenas prácticas dando voz a los profesionales, planteando que sean los propios autores de los trabajos quienes los presenten. Se colabora así a su difusión, al tiempo que se ofrece, a aquellos que se aproximan al proyecto, la oportunidad de ver otras formas de trabajar y contrastar sus propias reflexiones y propuestas. Planur-e por sus características pretende llenar un hueco, dada la escasez de publicaciones en estas materias. Alcanza en este momento su número diez, con un planteamiento monográfico y da, al tiempo, en su Miscelánea cabida a múltiples temas. Cuenta ya con un número importante artículos alrededor de 150, hasta el momento, y con autores de muy distintos países, lo que enriquece su tarea de divulgación.

Información General
En cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 10 de la Ley 34/2002, de 11 de Julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico (LSSICE), ponemos a su disposición la “información general”, que comprende los datos identificativos de la entidad titular de este sitio web:
Titular: planur-e
Dirección: Avda. Valdemarín, 68-28023 Madrid
Lugar de edición: Madrid

Nota Legal
Los trabajos firmados expresan únicamente la opinión de sus autores así como la documentación gráfica, y son de su exclusiva responsabilidad, a todos los efectos legales y no reflejan los criterios que pueda tener el equipo editorial. Ninguna parte de esta publicación puede reproducirse o transmitirse en ninguna forma sin autorización escrita por parte de la editorial. Aquellas imágenes en las que no se ha podido identificar el propietario de los derechos, se entiende que son de libre uso. En caso de identificar alguna imagen como propia, por favor póngase en contacto con planur-e.
Legal Notice
The signed works only express the opinion of their authors and also the graphic documentation, and are their sole responsibility, for all legal purposes, and do not reflect the criteria that the editorial team may have. No part of this publication may be reproduced or transmitted in any form without the written consent of the publisher. It is understood that those images for which it was not possible to identify the holder of the rights are free to be used. In the event you identify an image as your own, please contact planur-e.
Cerrar Ventana [x]
 Información Personal

* E-mail:
Idioma / Language:


He leído y estoy de acuerdo con los términos y condiciones / I’ve read and agree to terms and conditions



 Protección de Datos
planur-e te informa de que los datos personales que nos proporciones serán incorporados en el fichero “Atención al Consumidor” del que somos responsables, al objeto de gestionar las solicitudes de información, reclamaciones, consultas realizadas ante el departamento de atención al consumidor. Mediante el envío del presente formulario, prestas consentimiento expreso al tratamiento automatizado y documental de tus datos, en los términos de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre (LOPD) y el Real Decreto 1720/2007 de 21 de diciembre.
Te agradeceremos nos comuniques cualquier cambio o modificación en los datos que nos ha proporcionado con el fin de que éstos respondan con veracidad y exactitud a la realidad. Asimismo, te informamos de que puedes ejercitar los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición mediante carta dirigida a planur-e, o bien, mediante correo electrónico a: planur-e@planur-e.es
Cerrar Ventana [x]