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Estudio del paisaje de la industria azucarera de la Vega de Granada

Pedro Salmerón Escobar + Manuel Titos Martínez + Diego Garzón Osuna + Rosa María Pérez de la Torre + Francisco de Asís Ruiz Labrador + Fermín Seño Asencio 

1. Antecedentes

Con carácter general, este estudio se enmarca en el Convenio Europeo del Paisaje (Consejo de Europa, 2000), normativa comunitaria en vigor desde 2004 referida tanto a los paisajes excepcionales como a los cotidianos o degradados de los Estados miembros del Consejo de Europa. Las disposiciones del presente convenio convergen con las determinaciones vigentes en materia de protección, gestión y ordenación del paisaje contenidas en los instrumentos nacionales.

Según el artículo 5 del citado documento, cada parte se compromete a definir y aplicar en materia de paisajes políticas destinadas a la protección, gestión y ordenación mediante la adopción de las medidas específicas (Instituto del Patrimonio Cultural de España, 2000: 108), entre las que se contempla la identificación y calificación de sus propios paisajes (artículo 6.c), analizando sus características y transformaciones, sin perder de vista los valores que les atribuyen las partes y las poblaciones interesadas. Todo ello, desde el intercambio de experiencias y la aplicación de metodologías adecuadas.

Así mismo, debe citarse la Carta de Nizhny Tagil sobre el Patrimonio Industrial (Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial, 2003) como el documento más completo y específico elaborado para la protección de dicho patrimonio. Entre sus aportaciones, se concede una gran importancia a la catalogación, registro e investigación de los bienes industriales como forma de preservarlos para las generaciones futuras.

De forma particular, el presente trabajo parte de los presupuestos contenidos en los Planes Nacionales de Patrimonio Industrial (2011) y de Paisaje Cultural (2012), que se desarrollan desde el Instituto del Patrimonio Cultural de España en colaboración con las Comunidades Autónomas. Participa, por tanto, de ambos presentando un carácter transversal.

El Plan Nacional de Paisaje Cultural atiende prioritariamente a paisajes relevantes por su significación cultural, también llamados Paisajes de Interés Cultural (Carrión, 2015: 23).  Para ello y partiendo de una fase previa de identificación –basada en la elaboración de inventarios o registros–, plantea la definición de las acciones más apropiadas a cada caso mediante la realización de Estudios y Planes Directores, cuya finalidad es servir como base para la orientación y planificación de iniciativas futuras de distinta naturaleza, con incidencia significativa en su carácter y valores.

Concretamente, los Estudios están encaminados a aportar el conocimiento necesario de un paisaje concreto realizando un diagnóstico de sus valores, problemas y dinámicas, y estableciendo unos criterios claros para su salvaguarda, viabilidad y potencialidad futura (Carrión, 2015). Además, pueden tener una doble vertiente: por un lado, constituir una finalidad en sí mismos, como fuente de conocimiento; y, al mismo tiempo, una valiosa herramienta para todas las administraciones u organismos con responsabilidades sobre el territorio, al proporcionar la información necesaria para programar cualquier actuación, ya sea de carácter medioambiental, urbanístico, patrimonial, etc.

En el contexto particular de este documento de referencia, el Estudio del Paisaje de la industria azucarera en la Vega de Granada tiene una vocación integral, ya que pretende ofrecer no solo un conocimiento global de los aspectos y elementos que constituyen y singularizan dicho paisaje, sino también de las alternativas para gestionarlo eficazmente proyectándolo adecuadamente hacia el futuro.

Por su parte, el Plan Nacional de Patrimonio Industrial surge de la necesidad de proteger y conservar un patrimonio que, por su propia especificidad, presenta un rápido deterioro y está expuesto a desaparecer. En dicho documento, tienen cabida todas las manifestaciones arquitectónicas o tecnológicas de las actividades productivas, distribución de la producción o su consumo (viviendas, almacenes y equipamientos) así como las fuentes documentales (escritas, gráficas y orales), pero siempre dentro del contexto y proceso histórico de que forman parte (Instituto del Patrimonio Cultural de España, 2011: 60). Dichas manifestaciones quedan comprendidas entre mediados del siglo XVIII y el último tercio del siglo XX, cuando se producen cambios sustanciales en la economía, en la tecnología y en los procesos productivos. 

Los Estudios también constituyen un instrumento de gran utilidad para este plan, aunque en este caso se persigue el conocimiento y la documentación de un bien concreto; todo ello, con carácter previo al inicio de las pertinentes acciones de conservación sobre el mismo. Estos cometidos han sido tenidos en cuenta a la hora de orientar el análisis de los bienes inmuebles vinculados con el pasado azucarero de la Vega de Granada, sin perder de vista el entendimiento de dicho patrimonio como un todo integrado por el paisaje industrial (ya sea en contexto urbano o rural), el monumento o bien inmueble, el artefacto o la máquina, el documento y los testimonios relevantes que forman parte de la memoria histórica asociada un determinado sistema de trabajo (Instituto del Patrimonio Cultural de España, 2011).

2. Finalidad

 

El objeto del presente estudio es la redacción de un documento que proporcione un conocimiento integral del paisaje de la industria azucarera de la Vega de Granada y constituya una herramienta que determine sus valores constitutivos y su estado actual sirviendo como base para la planificación de futuras actuaciones desde la preservación de su autenticidad y carácter, y en favor de su desarrollo económico sostenible.

 

 

3. Metodología

Cualquier estudio de paisaje debe partir de una metodología clara que defina su contenido, marcando las pautas para su caracterización y los medios y recursos que han de utilizarse para su realización, siempre basándose en dos parámetros indisociables: espacio y tiempo, que proporcionan la escala territorial y el carácter diacrónico de los procesos que han configurado un paisaje de características determinadas, así como su dinámica y cambios recientes (Carrión, 2015: 32).

3.1. Selección previa y análisis de la información existente

Con carácter previo al comienzo de los trabajos, se inician los contactos con los diferentes municipios implicados (1) para solicitar la información general de los bienes inmuebles contemplados en el encargo y obtener los datos necesarios relativos a la propiedad para concertar futuras visitas a los mismos y evaluar su estado de conservación y uso. La respuesta e implicación de las distintas corporaciones locales es heterogénea, recibiendo una atención directa solamente de tres de ellas.

El reto de realizar un Estudio de paisaje de la industria azucarera de la Vega de Granada requiere acotar desde el principio el campo de trabajo y filtrar la rica información disponible hacia una propuesta de caracterización paisajística capaz de destacar los aspectos más relevantes de dicho paisaje: los testimonios arquitectónicos industriales vinculados a la producción de azúcar, sus infraestructuras de servicio y su contexto agrario. Para ello, se elabora una completa bibliografía sobre dichos aspectos y un inventario sistemático, de carácter cronológico, de los primitivos emplazamientos azucareros preexistentes, describiendo brevemente cada uno e indicando expresamente su uso y estado de conservación. Este instrumento de información constituye un punto de partida excelente para obtener un primer mapa general de localización de las fábricas azucareras instaladas en la Vega de Granada. Dicha aproximación permite iniciar coordinadamente los correspondientes trabajos de documentación, análisis cartográfico y visitas de campo.

3.2. Catalogación sistemática de los bienes inmuebles asociados con la industria azucarera

Analizada la información disponible sobre el tema objeto de estudio y, más concretamente, sobre los complejos fabriles azucareros heredados, se plantea la necesidad de examinarlos pormenorizadamente para desentrañar sus valores patrimoniales, establecer un diagnóstico adecuado, conocer sus problemáticas y realizar un estudio comparativo de su situación actual. Para ello, se fija un calendario de visitas de campo y se inician los contactos pertinentes con los agentes públicos y privados implicados. Complementariamente, se diseña una ficha tipo para recopilar la información solicitada y canalizar adecuadamente los datos obtenidos a posteriori salvando, al mismo tiempo, las carencias en materia de conocimiento detectadas en la fase anterior:

 

Durante las visitas a los bienes inmuebles, además, se celebran una serie de entrevistas con los agentes implicados –ayuntamientos y particulares, principalmente–, para obtener otros datos de interés complementarios: necesidades y aspiraciones de los propietarios e instituciones en relación a los testimonios fabriles, problemáticas que les aquejan e iniciativas de uso y puesta en valor desarrolladas con éxito, entre otros aspectos. La ficha integra, por tanto, la información obtenida en la fase previa de documentación, los datos derivados de la observación en contacto directo con los elementos objeto de estudio y las ideas clave manifestadas durante las entrevistas realizadas. Con ello, se persigue plasmar la realidad de cada caso superando el mero discurso patrimonial teórico. También, se activa la reflexión interna dentro del equipo y la comunicación con los agentes implicados, aspectos fundamentales para perfilar posibles propuestas de futuro para los bienes estudiados.  

Figura 1. Emplazamiento de la antigua Azucarera del Rosario (Pinos Puente), hoy sede de la empresa Jalsosa
Figura 1. Emplazamiento de la antigua Azucarera del Rosario (Pinos Puente), hoy sede de la empresa Jalsosa

3.3. Estudio de las percepciones

3.3.1. Percepción histórica

El estudio de la percepción histórica en torno al paisaje vinculado a la industria del azúcar implica la recopilación y tratamiento de la información procedente de las fuentes bibliográficas y documentales relacionadas con la imagen proyectada por la Vega de Granada a lo largo del tiempo.  Para ello, se seleccionan y extractan distintos testimonios generados en torno a ella, tratando de identificar sus transformaciones o cambios más significativos, especialmente aquellos relacionados con la implantación y desarrollo del cultivo de la remolacha y la industria azucarera.

En ningún momento, se pretende realizar un análisis minucioso de las percepciones históricas, difícil tarea teniendo en cuenta la riqueza y amplitud de fuentes existentes, sino que los esfuerzos se concentran en seleccionar la información de utilidad para realizar una aproximación al paisaje de la Vega en sus distintas vertientes productivas, con especial incidencia en el periodo de vigencia de la producción del azúcar.

3.3.2. Percepción social

Este estudio se realiza con metodología antropológica basada en técnicas de investigación cualitativa, fundamentalmente trabajo de campo in situ y entrevistas en profundidad a informantes cualificados, elaboradas sobre guiones temáticos centrados en perfiles sociales concretos. Este método se desarrolla con la finalidad de recabar y aprehender los discursos producidos por los diferentes actores sociales, teniendo en cuenta el punto de vista de los expertos, el de la ciudadanía y el de las instituciones, ejes básicos sobre los que se articulan las miradas sociales sobre el territorio y el patrimonio.

El interés del análisis de las percepciones sociales en el marco general del estudio es doble: por una parte, conocer la visión que existe sobre el desarrollo socioeconómico en el territorio (la comarca de La Vega); y, por otra, recoger las valoraciones sociales sobre los vestigios fabriles que conforman hoy día el patrimonio industrial azucarero.  Considerando los objetivos básicos y las limitaciones de partida (de tipo temporal y económico), la investigación etnográfica se concentra en la realización de entrevistas en profundidad y visitas técnicas a los complejos fabriles conservados, participando en la lectura integral de los valores patrimoniales identificados.

La mayor dificultad a la hora de enfocar el análisis de la percepción social está en la selección de informantes cualificados, dada la multiplicidad de puntos de vista (expertos, ciudadanía e instituciones) y el elevado número de actores sociales implicados en el territorio de la Vega. Esta selección se efectúa sobre un cribado previo de colectivos sociales con carácter general, priorizando finalmente tres ámbitos temáticos específicos: el correspondiente a lo agrario, el de los movimientos sociales y el patrimonial.

Por otra parte, la oportunidad de acceder al relato y el discurso de los protagonistas de la industria azucarera permite la realización de entrevistas en profundidad a algunos trabajadores de las fábricas que vivieron el declive del sector en la comarca, concretamente en la Azucarera La Vega (Atarfe) y la Azucarera Nueva Rosario (Pinos Puente). Estos encuentros sirven para recopilar material en torno a la cultura del trabajo fabril y bosquejar algunas historias de vida.

4. Identificación y delimitación 

A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, las estructuras sobre las que se asienta la sociedad granadina experimentan una gran transformación. Una sociedad conservadora, poco propensa a las aventuras de tipo comercial o industrial, se embarca en una actividad que produce cambios de tipo económico, productivo y social a una velocidad insólita. La revolución socioeconómica que supone la industria azucarera trasciende al espacio agrario, a la comarca y a la capital, renovando las relaciones entre los municipios y las comunicaciones. Granada se convierte en una urbe muy avanzada dotada de nuevos edificios, novedosos sistemas de movilidad y múltiples vínculos entre la metrópoli y el territorio. La potente red de tranvías que se desarrolla y se conecta a la Vega, a la Costa y Sierra Nevada (con tranvías de cremallera) representa una eclosión de modernidad hasta entonces desconocida.

Históricamente se puede afirmar que durante un periodo de tiempo los empresarios que se embarcaron en esta gran transformación vieron a la Vega de Granada como un espacio productivo de oportunidades y pingües beneficios económicos, y la fértil tierra proporcionó la remolacha ininterrumpidamente durante décadas. Junto a la iniciativa empresarial y el espacio agrario fértil, la red de comunicaciones facilitaba la transferencia de energía, materias primas y mano de obra para el desarrollo de la industria. En cierto sentido el impacto fue de “tabula rasa” sobre las dinámicas agrarias que primaban en la comarca.

El Plan Nacional de Patrimonio Industrial define paisaje industrial como aquel de carácter evolutivo que conserva en el territorio componentes esenciales de los procesos de producción de una o varias actividades industriales relacionadas (Instituto del Patrimonio Cultural de España, 2011: 60). Dichos componentes o elementos perceptivos, representan un escenario privilegiado de las transformaciones y usos que las sociedades han hecho de los recursos. La definición en el plano teórico tiene una clara expresión en los testimonios de la industria azucarera de La Vega, con un matiz significativo y diversas particularidades que seguidamente se explicitan.

Lo primero que destaca es que no es un paisaje vivo, en uso. Su influjo sobre el territorio comenzó a declinar a mediados del siglo pasado. El cese se produce a comienzos de la década de 1980, momento en el que cierran las últimas instalaciones para la transformación de la remolacha. A nivel conceptual, podría identificarse como un paisaje fósil o paisaje vestigio, aquel que en su proceso evolutivo concluyó en un momento del pasado, aunque sus rasgos característicos son visibles materialmente. Estos elementos perceptivos se plasman hoy en unas arquitecturas fabriles con un valor patrimonial destacado de hitos en el territorio (chimeneas, naves, torres alcoholeras, cercas perimetrales, etc.) y una clara expresión de su articulación en el espacio agrario (estaciones de ferrocarril, apeaderos de tranvía y conexiones viarias, entre otros elementos). Aunque la remolacha dejó de cultivarse hace décadas, muchos de los elementos que facilitaban los procesos productivos y fabriles (regadíos y sistemas de transporte) permanecen en esencia con más o menos cambios.

Definir el paisaje de la industria del azúcar en La Vega de Granada, por tanto, resulta complejo por muchas razones. Su influjo hay que contextualizarlo en la histórica personalidad agraria de la comarca y en las consecuencias que directa o indirectamente tuvo sobre esta actividad primordial. Su implantación se realiza sobre los elementos estructuradores de usos agrícolas, de manera que actualmente los vestigios fabriles han quedado fosilizados en el paisaje de La Vega, es decir, son evocadores de la fuerte actividad industrial en un espacio donde el motor básico fue y continúa siendo la agricultura. En este sentido, la denominación “paisaje de la industria azucarera de la Vega” responde por definición más a un criterio metodológico, de análisis y estudio de una realidad potente en el pasado, que a una plasmación real percibida hoy en sus procesos.    

Partiendo de estas premisas básicas, existen una serie de dificultades a priori que complejizan la identificación y delimitación espacial de este paisaje. La primera de ellas es que la investigación sobre este tema no ha abordado el estudio completo del establecimiento de estos ingenios fabriles en el territorio. Aunque se tiene un conocimiento detallado de los sistemas de transporte, de las fábricas y de los regadíos, existe una laguna en torno al cultivo de la remolacha y su relación con los conjuntos azucareros. No se conoce la superficie cultivada de remolacha con datos efectivos sobre el parcelario.

La ausencia de estudios específicos sobre el ámbito espacial del cultivo ha provocado que comúnmente en la investigación exista una asimilación entre cultivo de regadío y la totalidad de la unidad de observación (la Comarca de La Vega). Sin embargo, por propia lógica evolutiva y diacrónica, la variable productiva no puede extrapolarse al conjunto del territorio, ni siquiera a la totalidad de los regadíos, del mismo modo que el cultivo de la remolacha tampoco es constante a lo largo de la historia. ¿Cómo era la superficie cultivada a finales del siglo XIX?, ¿cuánta Vega se cultivaba con remolacha?, ¿y a principios del XX?, ¿cómo era el cultivo a mediados del siglo XX cuando quedaban sólo dos fábricas?..., a falta de datos concluyentes sobre la superficie real del cultivo en el área, cualquier representación cartográfica que se realice resultará de una visión parcial correspondiente a un periodo concreto, un año o un ciclo específico.

Es difícil establecer una correlación entre el cultivo de la remolacha y la producción de azúcar en los ingenios azucareros. La historiografía señala que la capacidad de producción de la Vega a mediados del siglo XX era bastante limitada, incorporando a los procesos fabriles materia prima de otras comarcas para garantizar la rentabilidad comercial. Por testimonios de antiguos trabajadores recabados en Atarfe y Pinos Puente, se conoce que desde la segunda mitad del siglo XX las fábricas molturaban remolacha de diversas comarcas agrícolas: remolacha denominada de “invierno”, procedente de la Vega; y remolacha “de verano”, importada de otras localidades andaluzas, fundamentalmente Jerez. Estas dinámicas productivas a mediados del XX ilustran la complejidad a la hora de establecer una demarcación espacial apriorística sobre la industria azucarera en La Vega.

Considerando que la principal dificultad a la hora de delimitar este paisaje es la identificación de la superficie cultivada de remolacha, en este estudio se aborda una aproximación al ámbito espacial de la industria azucarera partiendo del marco físico-territorial de referencia y de una serie de variables que operan en la producción de remolacha. El espacio productivo que da soporte a la industria azucarera, los ingenios fabriles y las redes de comunicación se definen en la cartografía elaborada quedando integrados por la línea denominada “Ámbito de Vega asociada”.

4.1. Reflexiones sobre la definición del ámbito. Hacia una interpretación del paisaje de la industria del azúcar

En un estudio de paisaje que tiene como vector a la industria del azúcar debe establecerse una reflexión sobre el ámbito con lecturas superpuestas. No existe una delimitación clásica de un territorio perfectamente demarcado por una línea contenedora en la que se representan una serie de atributos, sino que se plantea un discurso alternativo en el que operan cuatro variables fundamentales: el soporte de Vega – potencialmente cultivado de remolacha–, los ingenios fabriles, las redes de comunicación, y los núcleos o asentamientos humanos. Es decir, por un lado existe un espacio donde se produce la materia prima –la remolacha–; y, por otro, destaca el “área funcional” de esta industria formada por nodos principales (los ingenios azucareros, objeto básico del estudio); nodos secundarios, que son las industrias asociadas (alcoholeras, caleras, fábricas de abonos, etc.), y una red de comunicaciones de gran complejidad que relaciona todos esos centros de actividad con una serie de núcleos urbanos.

La identificación del ámbito potencial de Vega, apto para el cultivo de la remolacha, se argumenta y justifica en base a las condiciones biológicas de la planta. Las necesidades ecológicas de la remolacha francesa, cultivo propio de climas continentales del norte de Europa, vinieron a coincidir con algunas de las capacidades físicas de la Vega de Granada, y también con una serie de condiciones limitantes. El grado de temperatura óptima del cultivo se halla sobre los 22ºC. A partir de temperaturas medias de 25ºC, la producción de remolacha desciende y puede cesar sobre los 35ºC. Por otra parte, las necesidades de agua para el cultivo son abundantes. Se estima que para producir 40 toneladas de raíz, el cultivo puede evaporar hasta 7.000 m³ por hectárea, equivaliendo a 700 l./m². Las características del suelo que requiere, francos y profundos, para que la raíz se desarrolle sin resistencia y retenga mejor el agua, son más versátiles en suelos arcillosos con contenidos en cal, o en suelos neutros con un pH comprendido entre 6´5 y 7´5. Las exigencias de nitrógeno, fósforo y potasio son fundamentales para su crecimiento y rentabilidad, por lo que el cultivo requirió de suplementos o abonos químicos (Marrón Gaite, 1992).

Estas circunstancias señalan la importancia del factor orográfico, geomorfológico, edafológico, climático e hidráulico para la identificación del territorio que da soporte potencialmente al cultivo de la remolacha. En la aptitud agrícola convergen cualidades del medio físico y del medio humano: emplazamiento orográfico, fertilidad de los suelos, bolsas de agua subterráneas, y sistemas de captación y de distribución de aguas superficiales en regadíos.

Figura 2. Plano potencia agrícola
Figura 2. Plano potencia agrícola

En la cartografía de estudio se analiza la potencialidad del cultivo de la remolacha cruzando dos variables esenciales: las áreas de regadío identificadas históricamente y los suelos con excelente capacidad de uso agrícola, denominados fluvisoles calcáreos. El ámbito de Vega asociado a la producción de remolacha resulta de la identificación de un área de regadío compuesta de fluvisoles calcáreos, suelos consolidados destinados a regadío cuyo perímetro se indica en las bases cartográficas, alcanzando una superficie bruta de aproximadamente 19.500 Ha. Situada esa medición sin distinciones de usos en un periodo cualquiera, es necesario deducir las áreas ocupadas en ese lapso de tiempo por los asentamientos urbanos, las infraestructuras, las alamedas y otros. Realizado este supuesto para una situación concreta como la del año 1956, resulta una superficie neta aproximada de regadío de 19.000 Ha. De esta superficie, puede desprenderse la que se dispone para otros cultivos obteniendo así el suelo neto remolachero.

También es posible realizar una aproximación del área regable que se pone en carga cada temporada de cultivo, si se conoce la producción de azúcar y la riqueza de la planta que tenía un resultado variable entre el 10% y el 13%, con ayuda de otro coeficiente como es la producción de remolacha por unidad de cultivo, estimada en 22 toneladas por hectárea. En un año con una importante producción de azúcar como 1920, del que resultan 35.000 toneladas en las azucareras de la Vega de Granada, asignando una riqueza media del 11% en la planta cultivada, se obtiene una producción asociada de remolacha de unas 318.000 toneladas que necesitan un área productiva de unas 14.450 Ha. Esta superficie es compatible con la alcanzada a través de la medición cartográfica de los suelos útiles para el cultivo referida en el párrafo anterior. Son aproximaciones realizadas desde diferentes ópticas y las cifras de áreas cultivadas de remolacha en la Vega granadina podrían apreciarse a la baja, si se tiene en cuenta que en algunos periodos la planta venía a las fábricas desde otros cultivos alejados de la misma.

Figura 3. Plano tipos de suelo
Figura 3. Plano tipos de suelo

Seguramente, otras investigaciones que se realicen en el futuro sobre la producción azucarera en la Vega de Granada desvelen con más precisión las parcelas dispuestas para el cultivo de la remolacha en el periodo que se viene analizando de funcionamiento de los ingenios azucareros. Pero ese censo por parcelas o propiedades, no es fácil de realizar para unos años tan variables de actividad fabril, siendo el de la producción efectiva del azúcar dato macroeconómico conocido, un factor muy interesante de aproximación para saber en cada temporada el área de regadío puesta en servicio para la fabricación.

Esta interpretación basada en la concepción de un espacio sustentante como área de producción de materia prima se acompaña de una potente estructura fabril compuesta de nodos y una intrincada red de comunicaciones y núcleos urbanos que asientan el área funcional de los ingenios fabriles. A la hora de valorar esta última en el territorio, se establecen una serie de factores que inciden tanto en el cultivo como en la producción industrial. Estas variables suponen un modelo que opera en aquellos lugares donde radican las fábricas azucareras y se plasman en un conjunto de componentes esenciales encaminados a la disponibilidad de la materia prima (remolacha) y el desarrollo del proceso industrial.

En síntesis, el modelo de fábrica sobre el territorio comprende un conjunto de sistemas y de redes para abastecimiento hidráulico, transportes (ferrocarril y tranvía) y conexiones viarias. Estos elementos se despliegan sobre la personalidad agraria de la comarca. La implantación de los conjuntos fabriles tiene efectos en la economía a diferente escala. Actúa como foco de atracción para el desarrollo de las industrias asociadas: fábricas de abonos, canteras de piedra caliza, alcoholeras, fábricas de productos químicos, etc. La industria del azúcar en la Vega no se plasma en un espacio global contenido, sino que se expresa en un sistema nodal con diferentes pálpitos conformado por las fábricas sobre las áreas funcionales que conforman (ejes y conexiones de transporte) y su correspondiente relación con los núcleos urbanos.

Figura 4. Esquema de producción del azúcar de remolacha
Figura 4. Esquema de producción del azúcar de remolacha

4.2. El espacio del azúcar en La Vega de Granada

La generalización del cultivo de la remolacha provocó en la Vega una pequeña revolución industrial en poco más de una década. Entre 1882 y 1909 se implantaron quince ingenios industriales que transformaban remolacha en azúcar con diferentes niveles de intensidad y capacidad productiva. Teniendo en cuenta el posicionamiento respecto a las líneas férreas, pueden diferenciarse dos tipos de conjuntos fabriles según su emplazamiento: los ubicados junto a la línea Bobadilla-Granada y los deslocalizados respecto a esta línea principal, que poseían ramal ferroviario propio o en su ausencia línea de tranvía.

Entre Pinos Puente y Granada se generó un eje industrial con distintos nodos de referencia. Según la lejanía a Granada, el primero sería el protagonizado por las azucareras de Nuestra Señora del Rosario, Nueva Rosario y Nuestra Señora del Carmen. El segundo nodo industrial se localizaba a los pies de Sierra Elvira, entre los municipios de Atarfe y Pinos Puente, donde se ubicó la Azucarera de “La Vega”, junto con otras industrias asociadas. El tercer nodo ocupaba la intersección entre los ferrocarriles Bobadilla-Granada, donde se situaban la Azucarera de San Fernando, posteriormente alcoholera, dos plantas de abonos y otra de productos químicos, enlazando con un ramal que partía de la Azucarera de Nuestro Señor de la Salud (Santa Fe). El último nodo dentro de este eje es el que conformaban los complejos fabriles granadinos: el Ingenio de San Juan, la Azucarera de Nuestra Señora de las Angustias, la Alcoholera de San Pedro y la Fábrica de San Isidro. En el núcleo de Granada y bajo el paraguas del gran nodo industrial granadino, se fundaron las azucareras de San José o La Bomba, la Azucarera de San Cecilio y la Fábrica de alcohol de San Julián.

Figura 5. Plano general
Figura 5. Plano general

Deslocalizadas respecto a la línea Bobadilla-Granada, pero con ramal propio estaban las azucareras de San Pascual (Zujaira), Conde de Benalúa (Láchar) y el Señor de la Salud (Santa Fe). Santa Juliana en Armilla y la Purísima, Azucarera del Genil, en Santa Fe, disponían de líneas de tranvía.

Esta organización nodal, desde el punto de vista analítico, pone de manifiesto una clara diferencia entre las azucareras dispersas de la Vega y las emplazadas en el eje ferroviario, con un mayor peso y protagonismo. En el primer caso, destaca el aislamiento y capacidad para desarrollar economías de escala (local-comarcal) en torno a la producción del azúcar, mientras que en el segundo grupo se despliegan una serie de industrias asociadas. En síntesis, esta descripción puede esquematizarse de la siguiente manera:

4.2.1. Bloque 1. Azucareras en el eje industrial Pinos Puente-Granada

Eje industrial articulado en torno a la vía férrea Bobadilla-Granada. De carácter periurbano y con producción industrial derivada de la industria azucarera: alcohol, abonos y productos químicos. En él, se pueden identificar varios nodos industriales.

• Nodo primero: situado en el límite municipal entre Granada y Maracena. La producción azucarera estaría protagonizada por el Ingenio de San Juan, las Angustias y San Isidro, en la intersección con la línea de tranvía entre Chauchina y Granada. En la vía de ferrocarril, antes del Ingenio de San Juan, estaba localizada la Fábrica de alcohol San Pedro. En este nodo tenían protagonismo los ramales ferroviarios propios, los apartaderos de ferrocarril, la Acequia Gorda y la barriada de Bobadilla.

• Nodo segundo: localizado en la intersección entre el ferrocarril Bobadilla-Granada y el ramal ferroviario de la Azucarera Nuestro Señor de la Salud. Está protagonizado por las industrias derivadas de la del azúcar, como son la Alcoholera San Fernando, dos plantas de producción de abonos y una de productos químicos. La citada alcoholera contaba con ramal de ferrocarril propio. Cercana a la misma, sigue discurriendo la Acequia de la Viñuela.

• Nodo tercero: localizado a los pies de Sierra Elvira, entre los municipios de Atarfe y Pinos Puente, donde se ubicaron la Azucarera de La Vega, una planta de productos químicos y una cementera que explotaba una cantera próxima. Al otro lado de las vías del tren, existía un aserradero. Este nodo se ve potenciado por el tranvía entre Pinos Puente y Granada, y la carretera entre Granada y Alcaudete, actual N-432. En este eje de comunicación se localiza la barriada de Baños de Sierra Elvira. El nodo contaba con estación de ferrocarril y ramal propio al interior de la azucarera. El Camino del Soto continúa comunicando el primitivo enclave industrial hacia el este con la Vega y hacia el oeste con el núcleo de Atarfe. La Acequia del Arroyo Juncaril drena este ámbito.

• Nodo cuarto: localizado en el municipio de Pinos Puente y conformado por  las azucareras de Nuestra Señora del Rosario, Nueva Rosario y Nuestra Señora del Carmen. Dos acequias se registran en este nodo: la Acequia del Olivar, que riega las inmediaciones de la Azucarera Nuestra Señora del Rosario, y la Acequia de Briones que vierte en las inmediaciones de la Azucarera Nueva Rosario donde estacionaba el tranvía de Pinos Puente a Granada. El nodo contaba con estación de ferrocarril. La carretera que vertebra el espacio es la N-432.

• Nodo quinto: conformado por las azucareras que se emplazaban en el núcleo urbano de Granada –San José o La Bomba, San Cecilio y la Alcoholera de San Julián–, con conexiones a líneas de tranvía. 

4.2.2. Bloque 2. Azucareras en el agro, deslocalización industrial respecto al eje ferroviario Bobadilla-Granada

A nivel territorial, la característica principal que las define es su deslocalización industrial respecto al eje ferroviario que cruza de este a oeste el norte de la Vega. Para solventar esta carencia, algunas de ellas habilitan ramales ferroviarios posibilitando el transporte de la producción. Las fábricas con estos ramales son las azucareras de San Pascual, del Conde de Benalúa y del Señor de la Salud. Las de la Purísima y Santa Juliana, aunque no disponían de conexión ferroviaria, poseían líneas de tranvía.

• Azucarera San Pascual: ubicada en el camino de Valderrubio a Zujaira, en la encrucijada entre este y la Acequia Gorda. Desarrolla un ramal ferroviario hasta la línea Bobadilla-Granada de la que le separa 1 km., aproximadamente.

• Azucarera Conde de Benalúa: situada en el camino entre Láchar y Valderrubio, en el primero de estos municipios, entre su núcleo de población y la ribera del Genil. Con línea férrea hasta la Estación de Íllora a través de 6 km., varias acequias pasan por sus inmediaciones, destacando la de la propia azucarera.

• Ingenio de Nuestro Señor de la Salud: emplazado en el camino entre Santa Fe y Atarfe, en las proximidades del río Genil, a poco más de 1 km., núcleo de Santa Fe. Contaba con ramal ferroviario que comunicaba con la línea Bobadilla-Granada de 2,5 km hasta la Alcoholera de San Fernando.

• Azucarera del Genil o La Purísima: situada junto al río Genil, en el camino del tercio. El tranvía entre Chauchina y Granada discurría por sus inmediaciones. Su paso por la fábrica distaba 6,5 km de la ciudad de Granada. Su ubicación junto al Puente de los Vados, sobre el río Genil, constituye una encrucijada de vías.

• Santa Juliana: ubicada en el municipio de Armilla, a orillas del río Monachil. Contaba con la cercanía de línea de tranvía entre Dúrcal y Granada. Distaba de la capital granadina menos de 2 kilómetros. La Acequia Arabuleila, proveniente del río Monachil, circulaba por sus inmediaciones, hallándose junto a ella el Molino de la Zarraca.

Figura 6. Plano hitos de la economía del azúcar
Figura 6. Plano hitos de la economía del azúcar

5. Síntesis y diagnóstico

5.1. La Vega y el paisaje del azúcar en la actualidad

La Vega de Granada es un claro ejemplo de territorio donde se ha forjado desde época primigenia un lugar con una marcada personalidad. Las condiciones del medio físico, con suelos aptos para el cultivo y abundantes recursos hídricos, posibilitaron la formación de diferentes comunidades humanas asentadas y organizadas en torno a la agricultura. El carácter humano de la Vega y su evolución a lo largo de los siglos han ido ligados al desarrollo agrícola y los regadíos. El marco físico donde se despliega esta actividad presenta una geomorfología que fija el hábitat sobre el límite de los piedemontes y expande hacia la llanura las aguas superficiales y subterráneas. Su caracterización como clima continental, casi mediterráneo, marca los ciclos de cultivo.

Los diversos procesos de ocupación humana gestaron un denso parcelario, una malla de caminos, de infraestructuras hidráulicas y asentamientos que en la actualidad tienen su expresión en un gran espacio agrario de signo histórico. En la conformación de la identidad de este territorio ha sido determinante el desarrollo de la ingeniería hidráulica, las formas de organización y distribución de las aguas para diversos usos productivos e industriales.

A nivel productivo, el rasgo más destacado fue la presencia de uno o dos cultivos predominantes, generalmente de carácter industrial, a los que se sumaron otros de rotación, característicamente de huerta. La predominancia de un monocultivo sustentante de la riqueza ha sido la tónica habitual en esta comarca agrícola.

El llamado “ciclo agrícola antiguo” (s. XVI-XIX), consagrado a la seda, al lino y al cáñamo, se transformó a finales del siglo XIX con la introducción del cultivo de la remolacha, tras la pérdida de las colonias españolas y la revalorización del azúcar nacional. Es en este contexto donde tiene comprensión el auge y el rápido crecimiento que se experimentó en menos de una década. Sobre el espacio agrícola tradicional, se superpuso una lógica extractiva de máximo rendimiento y beneficio económico.

El desarrollo fabril del azúcar de remolacha, iniciado por la Sociedad de Amigos del País de Granada, trajo consigo una auténtica revolución mercantil, urbanística, socioeconómica y de los transportes. Se dio paso a un nuevo modelo productivo caracterizado por altos rendimientos en la producción y un empleo progresivo de abonos minerales para el aporte de riqueza a la planta. La intensificación productiva y la técnica casi manual supusieron un aumento gradual de la población, requerida como mano de obra. De 1882 a 1910, se construyeron hasta quince factorías diferentes en el marco de la Vega, si bien nunca funcionaron todas en el mismo tiempo. En la revolución fabril existieron periodos en los que la concentración empresarial condujo al cierre de los inmuebles, reorganizándose la producción azucarera.

Tras la decadencia de la remolacha hacia la segunda mitad del siglo XX, toma el relevo el cultivo del tabaco. Muchos de los edificios fabriles que servían a la industria azucarera se desmontaron, mientras que otros fueron reutilizados o condenados al abandono.

En las últimas dos décadas han acontecido múltiples transformaciones territoriales, demográficas, socioeconómicas y funcionales que han cambiado la percepción de la Vega. De la unidad continua y homogénea que representaba la comarca a partir de la actividad agrícola, se ha pasado a un espacio fragmentado muy complejo marcado por procesos de desarrollo urbano de carácter intensivo acompañados por el trazado de nuevas infraestructuras viarias, lo que ha supuesto en la práctica una fuerte ruptura con el espacio agrario.

Aunque en la actualidad el modelo agrícola de la Vega se encuentra en situación crítica por diversas razones –edad avanzada de los agricultores, falta de capacidad de innovación, presión urbanística sobre el espacio agrario, pérdida del monocultivo del tabaco e inadaptación a los cambios impuestos en el sector productivo, entre otros aspectos–, el futuro de la comarca pasa por una renovación de la actividad agraria a partir del reforzamiento de las capacidades internas, el conocimiento de la singularidad de la actividad agrícola de la Vega (policultivos de regadío), y el replanteamiento del modelo de agricultura intensiva, a partir de cultivos “estrella” o monocultivos tutelados, que han empobrecido las capacidades de los agricultores y la fertilidad de la tierra. El agotamiento de este modelo tiene su manifestación en la práctica desaparición del cultivo del tabaco y la falta de respuesta de los agentes sociales ante la reconversión productiva de todo un sector.

Figura 7. Emplazamientos de las azucareras del Carmen y Nueva Rosario (Pinos Puente) antes separados por la red de ferrocarril, ahora por la nueva línea del AVE
Figura 7. Emplazamientos de las azucareras del Carmen y Nueva Rosario (Pinos Puente) antes separados por la red de ferrocarril, ahora por la nueva línea del AVE

5.2. Resultados de la catalogación de los bienes inmuebles asociados con la industria azucarera

La situación de los elementos industriales azucareros de la Vega de Granada es, en términos generales, bastante desigual. Gracias al catálogo elaborado durante la fase de identificación y caracterización del paisaje objeto de estudio, ha podido obtenerse una visión particularizada y actualizada de cada uno, llegando a esclarecerse aspectos confusos relacionados con sus preexistencias y usos a lo largo del tiempo.

Sin duda, el trabajo de catalogación ha estado marcado por dos grandes ausencias: la Azucarera de San Cecilio (1889-1905), desaparecida en las décadas de 1960-70; y la Alcoholera de San Pedro, esta última tristemente demolida en 2011 con motivo de las obras del AVE; por no hablar de significativos elementos industriales, de los que sólo ha quedado un gran solar vacío –en ocasiones, parcialmente ocupado por edificaciones–, donde únicamente subsisten la chimenea y algunos inmuebles dispersos, caso de Nueva Rosario (Pinos Puente), del Ingenio de San Fernando y La Vega, estas dos últimas en Atarfe, uno de los municipios que más ha crecido durante los años del “boom inmobiliario” generando una conurbación metropolitana junto a sus términos colindantes.

En los restantes casos, se ha constatado la generosa envergadura de unos bienes inmuebles, que aún sin conservar su primitivo uso, ni sus componentes materiales y funcionales, constituyen en la actualidad un testimonio suficiente de la desaparecida actividad industrial que ejemplifican. En este contexto, son especialmente significativas por su articulación compleja y valores patrimoniales la Fábrica Azucarera-Alcoholera de San Isidro/ Ingenio de San Juan (BIC, Granada), el Ingenio Azucarero-Alcoholero Nuestro Señor de la Salud (Santa Fe), La Purísima Concepción, Azucarera del Genil (Granada) y las azucareras de San Pascual y  Nuestra Señora del Rosario (Pinos Puente), esta última afectada por varias segregaciones en su finca.

En distinta medida, dichos elementos constituyen una muestra coherente y representativa de la actividad industrial vinculada a la producción del azúcar de remolacha en la Vega de Granada. Los dos primeros casos (San Isidro/San Juan y Nuestro Señor de la Salud) son paradigmáticos, debido a su unidad espacial y constructiva, gracias a la cual aún es posible identificar el programa funcional de este tipo de fábricas. Además, ostentan elementos arquitectónicos y materiales constructivos innovadores representativos de la evolución del arte de construir propio del momento que también se encuentran en los restantes ejemplos citados, pero con menor riqueza e intensidad.

Siguiendo muy de cerca estos elementos, se encuentran Santa Juliana (Armilla) y la Fábrica del Conde de Benalúa (Láchar), donde únicamente se han conservado edificaciones aisladas de origen azucarero, de indudable interés histórico, arquitectónico y representativo. En una escala inferior, debido a su alto grado de transformación, deben citarse la Azucarera Nuestra Señora de las Angustias (convertida posteriormente en Centro de Fermentación del Tabaco) y la Fábrica de San José o de la Bomba (actual sede de Endesa), en Granada. En ambas instalaciones, aún es posible encontrar algunas reliquias del pasado azucarero objeto de estudio.

Ninguna de las primitivas fábricas analizadas ha conservado bienes muebles “in situ”. Generalmente, su maquinaria, mobiliario, accesorios, etc. fueron desmantelados y vendidos como chatarra o, en el mejor de los casos, donados o adquiridos por organismos e instituciones culturales y expuestos en museos especializados o espacios educativos y públicos de Granada. Únicamente se ha constatado la pervivencia de dos archivos susceptibles de contener información sobre este tipo de industria: el primero, en Santa Juliana (FERMASA), sin catalogar y en situación de riesgo; y, el segundo, vinculado a la actividad de CETARSA en la primitiva Azucarera de las Angustias, hoy trasladado a Extremadura.

Por lo que respecta a los sistemas y redes industriales para el transporte del agua, energía, mercancías, viajeros, comunicaciones, etc. vinculados con la producción del azúcar, aún es posible encontrar en la Vega de Granada numerosos testimonios de la ordenación territorial que les dio soporte o que se desarrolló al amparo de dicha actividad. Gran parte de las acequias preexistentes que aportaron agua a las primitivas fábricas continúan irrigando en la actualidad los cultivos de la comarca y aunque la completa red tranviaria para la comunicación y el transporte de energía y mercancías ha desaparecido, la línea férrea Granada–Bobadilla, con el mismo servicio que la red anterior a escala regional, permanece en su recorrido azucarero, a pesar de las significativas pérdidas ocasionadas por la construcción de la nueva línea del AVE, a su paso por Pinos Puente y el primitivo foco industrial de San Isidro.

Exceptuando los emplazamientos azucareros en los que subsisten escasas preexistencias (San Fernando y La Vega, principalmente) y aquellas instalaciones fabriles abandonadas y carentes de función  –situación preocupante por tratarse de los casos paradigmáticos de San Isidro/San Juan y Nuestro Señor de la Salud–, los nuevos usos presentes en los elementos azucareros analizados son variados: industriales (Vieja Rosario, Conde de Benalúa y San Pascual), comerciales (Nueva Rosario), culturales y residenciales (La Purísima y El Carmen [casa de labor]), expositivos/comerciales (Santa Juliana) y educativos/religiosos (Capilla de San Fernando). Esta heterogeneidad lleva aparejada una casuística diversa en lo que respecta a su conservación y transformaciones.

Figura 8. Fábrica de San Isidro.
Figura 8. Fábrica de San Isidro.

Aunque el BIC San Isidro/San Juan mantiene un mayor nivel de integridad en materia tipológica y funcional, su abandono constituye un serio riesgo de conservación, máxime teniendo en cuenta el devenir del conjunto fabril durante las últimas décadas, en las que no se han efectuado operaciones de mantenimiento, ni seguridad, y ha sufrido varios episodios de vaciado, vandalismo y usurpación. Lo mismo podría decirse del estado en el que se encuentra el Ingenio Azucarero-Alcoholero Nuestro Señor de la Salud, con la salvedad de pasar más inadvertido al resguardo de su entorno agrícola y de no presentar ningún tipo de protección patrimonial; si bien, este elemento incorpora otras experiencias en su historia material, debido a su adaptación a distintos usos.

Los emplazamientos y elementos industriales que hoy se encuentran en funcionamiento se hallan en buen estado de conservación, aunque generalmente han sufrido mayores transformaciones que los anteriores para adaptarse a nuevas actividades en fechas recientes. La Masía de San Agustín (Azucarera del Carmen) representa un caso particular, ya que sus preexistencias azucareras se han mantenido con un alto nivel de integridad, sin grandes modificaciones más allá de las requeridas por las funciones propias de una casa de labor inserta en un contexto agrícola y ganadero de carácter dinámico (secadero y naves de aperos); y, sin embargo, la finca ha sufrido varias segregaciones que han anulado la articulación originaria heredada de su pasado azucarero.

Los restantes elementos analizados, a excepción de la primitiva sede de CETARSA, han sido rehabilitados y/o ampliados en distinto grado, sin contar con proyectos acordes y rigurosos, debido a la ausencia de figuras normativas y legales en materia de protección patrimonial. En muchos casos, se ha enfatizando “lo inmueble” y lo arquitectónico en detrimento de lo industrial y, por tanto, de su riqueza y diversidad.

A esta circunstancia, se une la débil percepción social e institucional de los valores y significados del patrimonio azucarero, casi siempre ceñida a las chimeneas –consideradas “hitos paisajísticos”–, envolventes de los cuerpos de fábrica y otras edificaciones complementarias. En este razonamiento también puede encontrarse explicación al hecho de que las transformaciones territoriales en materia de infraestructuras hayan afectado tanto a algunos de los elementos industriales analizados ocasionando incluso su desaparición.

La protección jurídica que presentan las catorce azucareras analizadas es muy heterogénea y deriva mayoritariamente del planeamiento general de los municipios. Sólo el conjunto fabril formado por el Ingenio de San Juan y la Azucarera de San Isidro posee declaración de Bien de Interés Cultural, mientras que otros elementos como Santa Juliana en Armilla, San José en Granada o Conde de Benalúa en Láchar afrontan su futuro desprovistos de protección. Otra particularidad corresponde a aquellas azucareras que han perdido sus naves y de las que sólo se conserva la chimenea. En estas circunstancias, dichos elementos singulares se han inventariado con carácter aislado despojándolos de su pasado azucarero.

Por su parte, la visión de la ordenación del territorio es municipalista. Ya que aunque existe ordenamiento supramunicipal con protección de suelos de especial valor agrícola o ambiental, su vocación es de arbitrar los crecimientos futuros de cada núcleo y proyectar sus interconexiones y vínculos con la capital. La plasmación de estas políticas practicadas desde 1999 ha motivado una pérdida significativa de espacios dedicados al regadío, en detrimento de nuevos ensanches que han transformado el conjunto de núcleos dispersos de la Vega en una conurbación metropolitana cosida por una densa red de infraestructuras, alguna de las cuales aún se encuentra en ejecución.

Figura 8. Azucarera Nuestro Señor de la Salud (Santa Fe). Interior del cuerpo principal de fábrica
Figura 8. Azucarera Nuestro Señor de la Salud (Santa Fe). Interior del cuerpo principal de fábrica

Ante esta coyuntura, las azucareras que en otro momento disfrutaban de una situación periférica, han sido en muchos casos sometidas a las normas de lo urbano e integradas en las localidades o delimitadas dentro de suelos recalificados como urbanizables. Incluso, en algunas de estas propiedades, concretamente en Atarfe, los elementos industriales han llegado a ser demolidos prácticamente en su totalidad para atender a las expectativas creadas. Solamente, algunas de las antiguas fábricas estudiadas (San Pascual, en Zujaira; Ntro. Señor de la Salud, en Santa Fe; y, en menor medida, La Purísima, Azucarera del Genil, en Granada) mantienen sus conexiones con el paisaje agrario circundante. Estas tendencias deben ser amortiguadas a partir del impulso de nuevas políticas supramunicipales que desde un renovado planeamiento frenen la dinámica especuladora, a la par que abran nuevas vías de aprovechamiento agrario para la Vega y apuesten decididamente por unas ciudades más verdes.

Pese a todo, aunque la conciliación de nuevos usos no haya estado alineada con los niveles esperados de salvaguarda, conservación y crecimiento, la reutilización de las antiguas fábricas azucareras ha sido su principal motor de supervivencia en el tiempo y su mayor garantía de futuro en la actualidad. Por esta razón, desde este estudio se apoyan las actividades empresariales instaladas y consolidadas en dichos establecimientos (San Pascual, Jamonzar, granja para la cría de cerdos; Nuestra Señora del Rosario, Jalsosa, productos para la higiene personal; o la Purísima Concepción, talleres polivalentes, muchos relacionados con la industria cultural), promoviendo su desarrollo sostenible y proyección social, aún en los casos en los que su destino se pronostica dudoso o incierto (Fábrica del Conde de Benalúa, Casa Vílchez, productos derivados del cerdo; azucareras de Nuestra Señora de las Angustias, CETARSA; y Santa Juliana, FERMASA).

5.3. Reflexiones en la encrucijada

La abundancia y complejidad de actores en el ámbito de estudio (agricultores, empresarios, Junta de Andalucía, Diputación Provincial, ayuntamientos, asociaciones agrarias, federación de cooperativas agroalimentarias, colectivos ciudadanos, expertos del ámbito universitario y otros) hace que muchos de los problemas actuales deriven de una escasa coordinación y falta de acuerdo, sobre todo entre los principales gestores, las administraciones locales y la administración autonómica. Los municipios gestionan su espacio de Vega sin que haya una línea fuerte en la protección, de manera que la planificación se ha articulado sobre la indefensión de lo agrario y lo patrimonial. Esta descoordinación ha llevado a una progresiva reducción de suelo agrícola y a una invisibilidad de las carencias en el modelo de agricultura tradicional.

Frente a estas circunstancias las opciones futuras de la Vega pasan por entender el espacio agrícola y sus valores patrimoniales en clave territorial, más allá de las demarcaciones administrativas municipales y locales. En este sentido, la opción propuesta por la Junta de Andalucía es el Plan Especial de la Vega, documento para conciliar los desajustes del POTAUG, cuyo apoyo es generalizado por parte de los actores sociales, aunque no exento de críticas, muestra de la falta de confianza de la ciudadanía en los proyectos de la administración.

La creación de una Oficina Técnica como instrumento para la gestión del espacio agrario, y del Consejo de Participación, como órgano de representación para la toma de decisiones de esa oficina, son las piezas que el Parlamento de Andalucía pone en marcha en 2016 para la dinamización de la Vega.

Fórmulas para la innovación e investigación en variedades locales de cultivos, la incentivación del cooperativismo agroalimentario en sectores emergentes, el desarrollo de una cultura empresarial en torno a productos locales, la especialización en la agricultura ecológica, la formación de nuevos agricultores, el impulso y apoyo a la comercialización directa o de proximidad, y la puesta en marcha de la Marca “La Vega de Granada” para articulación de productos, servicios de calidad y patrimonios en red, se postulan hoy como estímulos para encarar el futuro.

El efecto de estos procesos de cambio radical sobre la Vega es la activación de la dimensión patrimonial del territorio a través de un potente movimiento ciudadano que ha visibilizado la importancia y el papel de la agricultura como actividad significativa en el presente, modeladora de un paisaje agrario con significación colectiva e identitaria. En esta línea, los vestigios de la industria azucarera pueden desempeñar un papel destacado como testimonios relevantes del predominio que una vez tuvieron en la Vega, canalizando propuestas sostenibles de desarrollo socioeconómico en el presente. Aunque el legado llega muy mermado (muchas fábricas han desaparecido o se encuentran abandonadas, mientras que otras se han transformado y adaptado a nuevos usos garantizando cierta continuidad), su expresión como industria predominante durante décadas en el territorio continúa siendo clara y nítida.

Este Estudio sobre el paisaje del azúcar en la Vega de Granada ha puesto de manifiesto que el patrimonio industrial es sólido –a pesar de los procesos traumáticos que ha sufrido–, y capaz por sí mismo de ofrecer un panorama de referencias importante tanto visual como perceptivo, también arraigado en demandas sociales que aún están vivas. Sobre todo, porque van unidas a un deseo que se percibe en el imaginario colectivo de esta importante comarca: la esperanza de que todavía queda Vega en Granada; así como al anhelo de recuperar una relación paisajística de referencia apostando por lo verde y lo agrícola, en un territorio muy poblado y castigado por la presión expansiva del “ladrillo” en las últimas décadas.

Pero la expresión “aún queda mucha vega en la Vega de Granada” está muy próxima a ser calificada de eufemismo, si no se adoptan medidas potentes que armonicen lo agrario con lo urbano, dejando un resquicio a la regeneración del territorio. Por este motivo, desde la razón y ser de este estudio, que tiene al azúcar como “leitmotiv” y trasfondo, se proponen una serie de acciones que engarzan con un doble argumento: el patrimonio industrial azucarero que tiene vida como industria debe permanecer y potenciarse; mientras que el que ha languidecido puede afrontar un rejuvenecimiento desde lo agrícola uniéndose a las tendencias que demandan una agricultura alternativa, con perspectivas de calidad, ecológicas y de reaprovechamiento industrial sostenible. A esta doble mirada, se incorpora una tercera propia de estos tiempos: la cultural y creativa, acogida a las “movidas urbana y rural”. De esa forma, no se estaría hablando de un paisaje reliquia, sino vivo y provocador de nuevas experiencias de desarrollo social y ambiental.

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Marrón Gaite, M. J. La adopción y expansión de la remolacha azucarera en España. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1992.

 

Notas 

(1) Los ayuntamientos con bienes inmuebles de origen azucarero en su término municipal son los siguientes: Granada, Armilla, Santa Fe, Láchar, Pinos Puente y Atarfe.

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