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El desafío de los bordes urbanos en la ciudad contemporánea

                                                                             UN PROYECTO PARA RECONSTRUIR UNA PERIFERIA METROPOLITANA FRAGMENTADA (*)

 

 

Las formas cambiantes del crecimiento urbano

Desde la década de los años 80 pasados se han producido visibles cambios en la estructura, la organización funcional y las formas físicas de la expansión urbana en buena parte de las ciudades europeas. Estos procesos, que con frecuencia se materializan en ámbitos considerablemente alejados de los bordes convencionales de la ciudad existente, son crecientemente complejos y representan, significativamente, una expresión de las dinámicas post-industriales del crecimiento urbano en marcado contraste con las formas y la organización de las periferias construidas en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo.

El fenómeno de estas formas de crecimiento urbano disperso ha recibido una atención considerable en la mayoría de los países de Europa Occidental. Algunos autores se han referido a estas formas de crecimiento como “archipiélago”, “città diffusa”, “périphéries vertes”, o “Zwischenstadt”, reflejando por encima de sus rasgos comunes las indudables diferencias en su origen, naturaleza y forma1. En todo caso, esas denominaciones representan su reconocimiento como artefactos de un tipo distinto que surgen de modos diferentes, no convencionales, de estructuración formal y funcional del espacio urbano, y cuya eventual generalización propone interrogantes acerca de un posible nuevo paradigma de lo urbano y la urbanidad en la vieja Europa. Estas representan la cristalización de unas expresiones nuevas de cultura urbana, llenas de implicaciones económicas y sociales, pero también de consecuencias ambientales, en parte generadas a través de las relaciones entre unas formas distintas de configurar y organizar el espacio urbano y el desarrollo de las nuevas estructuras sociales y los modos de vida asociados2.

Por supuesto que estos cambios en las formas y la imagen de la ciudad y lo urbano no están representados únicamente en estas nuevas periferias de la suburbanización y la dispersión, pero es cierto que estas suponen un terreno prácticamente virgen para la producción novedosa y genuina de formas físicas, funciones y modos de vida que pueden darse aquí libres de los condicionamientos y restricciones propios de los espacios construidos de la ciudad convencional existente.

Estos nuevos ‘territorios urbanos’ podrían describirse brevemente como fragmentos de espacio construido que contienen partes de actividad y vida urbana. Unos fragmentos que se esparcen sobre extensos terrenos abiertos situados más allá del borde de las periferias continuas de la ciudad existente, a menudo conectados por vías de alta capacidad, carreteras comunes y por otros medios de comunicación, físicos y virtuales. Se trata de productos urbanos abrumadoramente decididos y configurados por las fuerzas del mercado, a veces al margen de los planes urbanísticos pero, con más frecuencia de lo que sería deseable, resultado de planeamientos permisivos, a menudo nacidos en un marco de profunda crisis del pensamiento urbanístico pero, sobre todo, bajo la evidente retirada de las responsabilidades públicas en este y otros terrenos de gobierno y defensa de los intereses generales. En este contexto, la velocidad de los cambios de las últimas décadas en las esferas de la economía, la tecnología y la cultura, que afectan tanto a las estructuras sociales como al desarrollo urbano, están generando elevados niveles de incertidumbre en el espacio y el tiempo de los procesos territoriales, con evidentes repercusiones en su ordenación y control.

 

 

Sobre la ambigüedad de los bordes del crecimiento urbano contemporáneo

Los bordes de una ciudad en crecimiento son, generalmente, espacios ambiguos, particularmente inestables en usos y formas, y esta ambigüedad es mucho más acusada en las periferias afectadas por procesos que comportan crecimientos intensos y formas fragmentadas. Como es bien sabido, en este tipo de periferias de la ciudad post-industrial no es posible señalar el límite de lo urbano. En este sentido, los elevados niveles de la expansión de las ciudades en las décadas inmediatamente anteriores a la presente recesión, asociada en buena medida al formidable crecimiento y mejora de las infraestructuras y sistemas de transporte, ha favorecido, a menudo, una considerable extensión territorial de ese ámbito indefinible de lo urbano.

En esta situación, las posibilidades de elección de ubicaciones técnica y económicamente atractivas para las diferentes actividades se han ampliado enormemente. Ello supone nuevos y elevados niveles de indeterminación territorial a la hora de anticipar medidas de control territorial para implantaciones futuras, o dicho de otro modo, introduce mayores niveles de incertidumbre sobre una gran parte de estos territorios periféricos acerca de sus perspectivas para acoger demandas efectivas de actividad. Una situación así genera escenarios problemáticos al planeamiento urbanístico, principalmente por lo que respecta a la operación de ciertas empresas con fuerte poder de negociación frente a las autoridades responsables.

Una buena parte de las actividades implicadas en este juego pueden tener una capacidad considerable de estructuración territorial y, con frecuencia, son percibidas como estratégicas en algún plano del desarrollo urbano por la clase o el nivel de los impactos esperados, sociales, económicos o ambientales, por sus especiales exigencias respecto al transporte, o por requerimientos de espacio o de localización. Este tipo de actividades tienen, a menudo, la capacidad de jugar más favorablemente sus oportunidades en un marco de incertidumbre. La expansión de las ciudades contemporáneas tiende a desplazar funciones de este tipo a sus bordes. Así sucede con los grandes centros comerciales y de ocio, los parques empresariales y tecnológicos, o con ciertos ‘hubs’ de transporte y plataformas logísticas, pero también con nuevas universidades y centros de investigación o educación superior especial, con centros corporativos, grandes recintos para deportes de masas y espacios explícitamente concebidos y diseñados para diferentes formas de ocio masivo al aire libre y, ciertamente, con promociones significativas de vivienda. Muchas de estas funciones optimizan sus requerimientos y costes de espacio, o sus necesidades operativas, en localizaciones inmediatamente suburbanas o incluso en periferias más alejadas, siempre que estén provistas de una accesibilidad adecuada y, en ocasiones, de buenas cualidades ambientales.3

Sin embargo, los bordes urbanos contemporáneos son también el campo de acogida para otro tipo de desplazamientos de lo urbano a los márgenes de la ciudad, por ejemplo las grandes infraestructuras de agua, de energía o de tratamiento de residuos, los depósitos al aire libre de desperdicios y basuras, reglados o no y, desde luego, formas distintas de marginalidad del hábitat o de actividades irregulares, que se despliegan a lo largo de carreteras o buscando enclaves de ‘sombra’ en el territorio; todo ello coexistiendo a menudo con espacios agrícolas abandonados, áreas inundables o enclaves de agriculturas aún resistentes. La progresión de la expansión urbana en España ha tendido a ir creando una especie de cinturón virtual de expectativas sobre esos terrenos del borde urbano, que no solo han generado innecesarias tensiones especulativas sino que frecuentemente han sido letales para la supervivencia de ciertas actividades comparativamente ‘débiles’ allí existentes, como por ejemplo, agriculturas aún interesantes y vivas, a menudo situadas en suelos fértiles, vegas u otros espacios ambiental o paisajísticamente atractivos para los promotores inmobiliarios. En general, este tipo de territorios de borde suponen paisajes intrincados, no particularmente idílicos o placenteros, pero sin embargo abundantes en sugerencias y escenarios provocadores llenos de potencial transformador.4

 

 

Rehacer un borde metropolitano fragmentado y diseminado: un proyecto territorial supramunicipal al nor-este de Oviedo (**)

Constatar las evidencias de falta de significación urbana y banalidad formal de una inmensa mayoría de estos paisajes fragmentarios de la suburbanización contemporánea, concebidos y construidos desde meros criterios de mercado, no supone menospreciar, en todo caso, posibilidades implícitas en un modelo de discontinuidades para reconfigurar consistentes artefactos urbanos de nuevo tipo5. Se asume aquí que este tipo de paisajes tienen raíces profundas en los procesos que subyacen a la formación de la expansión urbana de las últimas décadas, pero, igualmente, que las presentes discontinuidades en lo urbano hunden también sus raíces en algunos de los principios y prácticas que han construido la ciudad moderna industrial. Se es consciente, igualmente, de la propensión de este tipo de crecimientos fracturados a generar costes ambientales y energéticos excesivos, así como de dar paso y forma a las crecientes tendencias a la individuación generadas en las sociedades post-industriales. Sin embargo, también se asume que en el contexto de la presente crisis las bajas tasas de crecimiento que afectan a una gran parte de las ciudades europeas, y a la práctica totalidad de las españolas, podrían manejarse para ir regenerando de forma inteligentemente puntual este tipo de problemáticos territorios urbanos sin recurrir al modelo de la ciudad convencional.

La reparación de estos ámbitos fracturados implica una re-conceptualización y recomposición de las estructuras formales y funcionales de la dispersión, y ello supone repensar la sintaxis formal territorial de lo allí existente. En todo caso, los fragmentos de esa diseminación no necesitan ser sistemática y uniformemente convertidos en formas de continuidad/contigüidad, típicas del modelo urbano convencional. Por el contrario, en esa idea de ‘remodelación’ territorial pueden contemplarse formas urbanas alternativas que, aunque quizás impliquen modos de urbanidad también alternativos, puedan añadir diferencia, riqueza y complejidad a las condiciones de la vida urbana en la ciudad afectada.

 

El desarrollo fragmentado del borde suburbano al Nor-Este de Oviedo

El modelo formal de expansión urbana en este ámbito específico de la región metropolitana que constituye el Área Central de Asturias, puede retrotraerse a la serie de diferentes procesos de crecimiento regionales desde, al menos, los años sesenta pasados. Los crecimientos de la industria de transformación y de los servicios a las empresas, impulsados en parte por el ’polo de crecimiento’ de Lugones y otra serie de políticas económicas estatales, venían a contrarrestar los efectos del declive de viejos sectores, como la economía del carbón, o complementar los resultados de las re-estructuraciones de las industrias básicas del hierro y el acero, que habían dominado la economía de la región desde los albores del siglo XX. Estas industrias y sectores, repartidos entre la costa y el interior, habían dado a Asturias una fuerte identidad histórica, pero su desmantelamiento empezó a ser inevitable a partir de la llamada crisis de petróleo.

El área de trabajo al NE de Oviedo, que comprende terrenos de tres municipios, tiene forma de L con lados de aproximadamente seis kilómetros al norte de Oviedo por unos diez al este. Se trata, seguramente, de la concentración más dinámica de actividad y empleo de la región.

 

 

 

Aparte de la base industrial de los años sesenta y setenta, el ámbito acogía una diversidad de nuevos sectores, desde la logística y el transporte a las actividades empresariales, los servicios públicos y de consumo de masas, entre otros. Aunque se trata de un espacio ampliamente dominado por usos industriales y de servicios, desde la mitad de la década de los años noventa empezaron a aparecer iniciativas para desarrollar viviendas de medio-alto standing en emplazamientos particularmente bien preservados; por otra parte, pequeñas granjas y viviendas suburbanas individuales coexisten también en un tejido de pequeñas parcelas rústicas que forman los “vacíos” aún activos de las pre-existencias rurales que perviven.

 

 

 

El área de trabajo es periférica a la ciudad de Oviedo y forma parte de un gran espacio situado entre los más importantes centros urbanos de esta policéntrica, polinuclear, región metropolitana de cerca de 900.000 habitantes al iniciarse el proyecto en 2006. El ámbito de trabajo está atravesado por autovías y otras carreteras de alta capacidad, por diversas vías férreas de distinto gálibo, y por carreteras comunes de todo nivel y formato. Esto configura un salpicado de islotes ‘vacíos de urbanización y espacios construidos, la inmensa mayoría piezas de usos individualizados, industriales, de servicios o residenciales que se apoyan directamente sobre la red de carreteras, sin el recurso al viario secundario propio, y permaneciendo generalmente desconectadas entre sí por tejidos internos. Todo ello ha generado una intrincada morfología espacial, en donde el desorden formal y funcional es el resultado lógico de décadas de crecimiento, que en ausencia de estrategia territorial (supra-municipal) alguna, ha sido conducido por las fuerzas respectivas de los distintos agentes implicados, privados y públicos para imponer sus intereses en el marco de los planes municipales.

 

 
 

 

 

La construcción de un proyecto territorial: fines estratégicos, presupuestos conceptuales y procedimiento operativo

Los fines asumidos por el Gobierno Regional ante este proyecto habían sido recogidos de la propuesta contenida en las ‘Estrategias para el Área Central de Asturias’ (***) de 2004, de donde surge la necesidad de este proyecto. Pueden resumirse así:

  • Re-estructurar este territorio, introduciendo condiciones básicas de continuidad espacial.
  • Conseguir un mayor equilibrio de los usos, excesivamente dominados por actividades productivas, infraestructuras y servicios.
  • Introducir elementos y condiciones para la complejidad y la calidad urbana de las nuevas piezas que deberán desarrollarse a partir de las propuestas y proyectos planteados.

Se asume que la dimensión física de este espacio suburbano implicaría necesariamente un desarrollo de largo plazo, cuyo programa de necesidades y actuaciones no es posible anticipar y mucho menos especificar en el momento de redactar el proyecto. Además, una aplicación rigurosa de la jerarquía de los planes prevista en la legislación hasta el estadio final del desarrollo podría introducir rigideces y dilaciones excesivas o innecesarias. Se asume, por otra parte, que hay una cultura urbanística dominante que desconsidera las implicaciones actuales del tiempo y la incertidumbre de los procesos territoriales, lo que unido a una palmaria inadecuación de las estructuras institucionales para la efectividad de la ordenación en los ámbitos supramunicipales, contribuye hoy al injusto descrédito de la política territorial entre nosotros.

En la aproximación al proyecto territorial de este ámbito del NE de Oviedo, se han tenido en cuenta los siguientes principios:

1. El reconocimiento de la condición relacional inherente a la noción del territorio.

2. El juego entre incertidumbre y oportunidad como un factor distintivo de la construcción de los territorios urbanos contemporáneos dinámicos.

3. La rapidez de los cambios en las esferas económicas, tecnológicas y socioculturales como factores que introducen niveles considerables de inestabilidad en una región urbana de intenso crecimiento.

4. La dialéctica entre las escalas de la estrategia territorial y del proyecto urbano, considerada conceptual y metodológicamente central para el desarrollo de la estrategia territorial. Una dialéctica que está inevitablemente condicionada por el factor incertidumbre inherente al horizonte de largo plazo propio de las escalas grandes.

5. En este sentido, los “vacíos” de la urbanización pueden jugar un papel central en la nueva arquitectura de esos territorios. En la escala del conjunto territorial contribuirían a identificar los condicionamientos y aptitudes de ese conjunto para introducir en cada momento –a través del proyecto- elementos de consistencia estructural. En las escalas propias del diseño (v.g. el proyecto urbano, o de otras piezas individualizables: elementos infraestructurales, etc.) permitirían definir y concretar operaciones tales como, enlazar o coser, distanciar o articular fragmentos, densificar o recomponer formal y funcionalmente piezas o tejidos dados6.

La estrategia territorial para el NE de Oviedo, descansa aquí en dos tipos de condiciones. Por una parte, una preservación estricta de determinados espacios con recursos, ambientes y paisajes sensibles o considerados estratégicos, y un tratamiento condicionado del resto. Por otra parte, en un número limitado de proyectos preparados para su desarrollo inmediato, o en muy corto plazo, definidos por el doble requisito de su viabilidad (técnica y económica) y de proporcionar elementos para la estructuración del territorio en la escala de conjunto.

 

 

 

Consecuentemente, el objetivo central de re-estructuración territorial subyace en cada uno de los proyectos planteados (seis) para ser desarrollados en el corto plazo. Dicho objetivo comporta un papel crítico en la operatividad del proyecto, y condiciona también algunos de los aspectos de su diseño. En su desarrollo, la responsabilidad última recaería sobre el Gobierno Regional, consideradas sus competencias y su capacidad de disposición y control sobre ciertos suelos clave de este ámbito para el propósito perseguido. Con estas bases, el procedimiento diseñado permitiría que la autoridad regional tuviera la posibilidad de desarrollar y aprobar, de manera reglada, cada proyecto individualmente antes de formalizar el documento estratégico del conjunto de la ordenación.

Cuatro de esos proyectos se refieren a sistemas de conectividad estructural del conjunto del área y a la continuidad urbana, y los dos restantes intentan introducir carácter y complejidad urbana a la zona.

 

 

 

Cuatro proyectos para la continuidad/conectividad estructural del conjunto del área

Alcanzar una continuidad urbana y una conectividad plenamente satisfactoria en el conjunto de este ámbito era, en el momento de la redacción de la propuesta, prácticamente imposible dada la complejidad y la naturaleza de la fracturación existente entre los espacios construidos y su consolidación. Esta estrategia optó por una propuesta reconocidamente sub-optima pero viable dentro de los recursos y capacidades disponibles. Por otra parte, su carácter abierto permitiría ir considerando las nuevas iniciativas que un futuro, impredecible en ese momento, pudiera ofrecer a la zona.

LA GRAPA

Con este nombre se denominó una pieza propuesta para salvar el salto sobre la autovía A-66, la más importante vía de comunicación (Norte-Sur) que en el momento de la redacción seccionaba la zona. Esta pieza no solamente cumpliría las funciones de paso de vehículos y peatones sino que debería contener espacios públicos estanciales e incorporar en sus bordes equipamientos que su proyecto detallado debería estudiar en el momento de su redacción.

 

 

 

LOS BULEVARES

Se trata de un nuevo sistema de calles principales a un lado y otro de la A-66, enlazadas por La Grapa, con la doble función de conectar la mayor parte de las piezas construidas y vacíos, construibles o no, de ambas zonas, y de otorgar a esos ámbitos un nivel elevado de representatividad y carácter urbano. La capacidad de las dobles calzadas planteadas sería igual a lo largo del recorrido, sin embargo, las plataformas peatonales laterales variarían en dimensión y carácter según las características de la edificación y los usos del ámbito que cruzasen, aunque deberían incorporar siempre carriles bici.

 

 

 

 

EL CORREDOR VERDE DEL RÍO NORA

Las actividades agropecuarias y los paisajes rurales existentes a lo largo del curso del Río serían preservadas así como todos los recursos patrimoniales históricos y antropológicos. No se permite la edificación para uso alguno, y en el corto plazo solo se programan actuaciones de acondicionamiento paisajístico (de los caminos existentes, o de pequeños lugares para picnic o aparcamiento en los bordes externos). El corredor quedaría abierto a iniciativas futuras condicionadas a la preservación de los elementos y cualidades de la actividad agropecuaria, el medio ambiente, el paisaje y el patrimonio existentes.

 

 

 

EL TREN-TRAN

Se trata de una línea de tranvía para enlazar los ámbitos del el interior de la zona y conectarla con las principales capitales del Área Central a través de un intercambiador con el ferrocarril. Ha sido un proyecto muy impulsado por la autoridad regional, y sin embargo es altamente problemático a corto plazo, debido a su elevado coste y la insuficiente demanda en tanto la zona no alcance los niveles de población y actividad requeridos. En realidad es un desarrollo de largo plazo del que solamente puede plantearse a corto plazo la obtención de los suelos necesarios para la plataforma de vías.

 

 

 

Dos proyectos estructurales para la diversificación funcional y la complejidad urbana

UN NUEVO ESPACIO RESIDENCIAL DE VIVIENDA PÚBLICA

Este proyecto comprende cerca de 5000 nuevas viviendas públicas, lo que supone alrededor de un tercio de las que el Gobierno Regional había programado para la legislatura en curso. El setenta por ciento de esas viviendas en alta densidad. Las viviendas unifamiliares (30%) se organizarían en forma de agrupaciones sobre un tejido salpicado por algunos edificios en altura, que albergarían servicios básicos alrededor de pequeños espacios públicos. Las viviendas en alta densidad se organizan en manzanas abiertas con equipamientos en el interior. Los espacios comerciales principales se extienden a lo largo de la vía principal, por la que en el futuro discurriría el tranvía.

 

 
 
 
 

 

 

DE UNA CONCENTRACIÓN DE CENTROS COMERCIALES EXISTENTES A UN NUEVO ESPACIO URBANO COMPLEJO

Se trata del proyecto más ambicioso, cuyo desarrollo comportaría una colaboración público-privada y, seguramente, un plazo superior que el resto para ser totalmente completado. La idea central es transformar un enclave donde se concentran actualmente varios centros comerciales de gran formato para configurar una pieza diferente por carácter y complejidad, en un espacio fluido que enfatice la continuidad urbana, y que deberá integrar, en torno a espacios públicos una diversidad de usos terciarios (incluidos los existentes) y nueva actividad residencial.

 

 

 

Esta idea comprende cinco proyectos individualizables. En primer término, un nuevo espacio público en la actual trasera de los grandes centros comerciales existentes, más el correspondiente al paso del bulevar y el futuro tranvía. En segundo lugar, la trasera del gran centro comercial principal se convertirá en la fachada hacia ese nuevo espacio público, se trata de un nuevo edificio comercial en forma de una tira o banda que se engancha a ese gran centro por medio de pasajes. En tercer lugar, frente a esa nueva fachada se desarrollará un complejo de alta densidad y usos mixtos, que albergará comercio independiente, oficinas, hoteles, ocio y viviendas. En cuarto lugar, un gran parque que conectará este ámbito con el corredor verde del Río Nora. Para obtener el dominio público de este parque, los derechos edificatorios asignados por el Plan General de Siero se transferirían al nuevo complejo de usos mixtos y a un nuevo espacio residencial (el quinto proyecto) que cerrará la zona por el Este.


 
 
 
 
 
 
 

 

 

Una plataforma abierta a futuras iniciativas no previsibles en el momento presente

No hace falta repetir después de lo expuesto por qué los resultados de este Proyecto Territorial serán inevitablemente sub-óptimos. Por otra parte, las condiciones presupuestarias y las incertidumbres temporales explican que no se proponga un número mayor de proyectos a desarrollar en el corto plazo bajo la responsabilidad o el liderazgo de la Autoridad Regional, y que deben comportar, además, unos ciertos niveles de consistencia estructural en la escala del conjunto. Resulta así imprescindible incorporar condiciones y mecanismos para abrir, de forma controlada, este marco a futuras iniciativas imposible de anticipar razonablemente.

El resto del territorio no desarrollado a corto plazo, es decir los vacíos urbanizables y los ámbitos industriales susceptibles de remodelarse, que carecen aquí de propuestas concretas, se dejan como plataforma abierta a decisiones o iniciativas que puedan aparecer y concretarse en un futuro que es, ahora, impredecible. Ese ‘campo de juego’ deberá quedar sujeto a un conjunto de condiciones que hagan posible su control ambiental y estructural. Ello exigirá, primeramente, un análisis detallado de las características ‘objetivas’ (físicas, ambientales, funcionales, etc.) de cada elemento territorial o pieza de suelo potencialmente disponible, junto a sus fortalezas y vulnerabilidades. Las iniciativas futuras tendrían que ser sujetas a una rigurosa evaluación de los impactos derivados, respecto a la sensibilidad del sitio en cuestión a aspectos tales como las cualidades ambientales, paisajísticas, patrimoniales o el interés agrario, etc. pero también las implicaciones estructurales (económicas, sociales y funcionales) de la ubicación en la zona de la nueva actividad sobre el conjunto del ámbito y otros externos a él.

 

 
 

 

Adicionalmente, esta estrategia exige unas ‘Reglas de Procedimiento’ dirigidas a guiar las decisiones y el funcionamiento institucional para el desarrollo de la zona ante esas iniciativas futuras imprevisibles.

 

 

El Sprawl y la arquitectura de los bordes urbanos contemporáneos. Conclusiones

Como es bien conocido, la introducción de una nueva actividad en el espacio geográfico tiende, inevitablemente, a generar determinados efectos externos. Estos pueden afectar a cuestiones tales como el valor de los suelos, o a la atracción –o el rechazo- de actividad en su entorno inmediato, pero pueden también tener repercusiones estructurales cuando la naturaleza o el tamaño de la función allí implantada comporta una generación significativa de relaciones o flujos inter-territoriales, particularmente (aunque no exclusivamente) físicos (trabajadores, bienes o mercancías, consumidores, etc.) capaces de tensionar las condiciones locacionales de otros ámbitos más lejanos, alterando su estatus y perspectivas futuras. Una parte no menor de la inestabilidad de los bordes urbanos puede deberse a este tipo de procesos casi markovianos. Obviamente, los niveles de complejidad, la fortaleza –o la vulnerabilidad- de las actividades existentes pueden ser decisivos, en este sentido, en los ámbitos implicados.

La consistencia estructural de un territorio, como quiera que sea su definida en situaciones específicas, puede constituir una aspiración estratégica del planeamiento en la gran escala. Sin embargo, la estabilidad implícita en la noción de estructura, podría ser muy efímera cuando se dan procesos intensos de desarrollo, por eso, estas consistencias territoriales, si son importantes, han de ser chequeadas siempre que se produzcan iniciativas y actuaciones con efectos estructurales. Este es uno de los motivos que fundamentarían la incorporación de los factores de incertidumbre e inestabilidad en los marcos conceptuales y operativos de las estrategias de gran escala. Es por todo ello que el desarrollo individualizado de iniciativas (proyectos urbanos) con implicaciones estructurales en dicha gran escala debería mantener viva la estrategia. La falsa dicotomía: ‘plan’ frente a ‘proyecto’, de los años ochenta pasados se convierte aquí en una prometedora relación de conveniencia.

Los problemáticos encapsulamientos de la vida urbana que han sido denunciados en la ciudad post-industrial7 no debieran confundirse con las fracturas de la continuidad física de los tejidos urbanos, aunque no pocas veces ambos aspectos se superpongan. Debe recordarse aquí lo ya dicho sobre la posibilidad que tiene el uso inteligente y sensible de la distancia, la separación o la conexión, el entrelazamiento de formas y funciones, la administración de densidades y mixturas, para transformar ese tipo de bordes diseminados en nuevas formas de un artefacto urbano. Aquí los ‘vacíos’ intersticiales (naturales, agrarios, etc.) podrían alcanzar un estatuto nuevo: en las escalas de diseño y construcción convirtiéndose en espacios críticos de relación, interpretables como ‘transiciones’: bordes, nexos, brechas o cesuras, corredores o articulaciones; en las grandes escalas actuando como elementos estructurales de un nuevo tipo de forma urbana.

 

 

 

(*) Este artículo corresponde al texto presentado en la IV Conference of the Constructed Environment. Lisboa 2013. Se acompaña el texto inglés original.

(**) El Proyecto fue encargado en 2006 a PAU LANDER SL por la Consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras del Principado de Asturias. El equipo redactor estuvo constituido por Luis Felipe Alonso Teixidor, Arquitecto, Director Técnico. José Luis Infanzón Priore, Arquitecto Principal. Ignacio Bisbal, Grandal y Sergio Sarria, Arquitectos. Felipe, Fernández García, Geógrafo. Javier Bustinduy, Ingeniero de Caminos (Director de BBJ Consult SA). Belén Medina, Ingeniero de Caminos (BBJ Consult SA), Ignacio de Blas Olivares y Francisco Vizcaíno Ruiz, estudiantes de arquitectura.

(***) Las ‘Estrategias para el Área Central de Asturias’ fueron encargadas en 2003 por el Gobierno del Principado al equipo de PAU LANDER SL dirigido por Luis Felipe Alonso Teixidor, con José Luis Infanzón Priore como Arquitecto Principal.

 

 

Notas

1 Véase, Smets, M (1986) “La Belguique ou la banlieu radieuse”. In Paysages d´architectures. Fondation de la Architecture. Brussels; Indovina, F. (1990): La Città Diffusa. IUA Venezia; Boeri, S. Lanzani, A. Marini, E. (1993): Il territorio che cambia. Abitare Sagesta. Milano; Sieverts, T. (2003): Cities without Cities. Routledge, London, (original aleman: Zwischenstadt, 1997. Vieweg); Mangin, D. (2004): La ville franchisée. Editions de la Villette. Paris; Viganó, P. –a cura de- (2004): New territories. Officina Edizioni. Roma; Xaveer de Geyter Architects (2002): After-Sprawl. NAi Publishers/deSingel, Rótterdam/Antwerp; Barattucci, Ch. (2004): Urbanizzazioni Disperse. Interpretazioni e azioni in Fracia e in Italia 1950-2000. Officina Ediizioni, Roma.

2 Secchi, B. (2005): La città del ventesimo secolo. Laterza, Roma-Bari; Ghent Urban Studies Team -GUST- (1999): The Urban Condition. Space, Community and Self in the Contemporary Metropolis, Part One: Chapters 2 and 3; Véase también: Individualism et production de l´urbain. nº 102 Annales de la Recherche Urbain, 2007.

3 Alonso Teixidor, L. F. (2010): “Modelos y formas contemporáneas de crecimiento urbano. Crisis de paradigma y encrucijadas del urbanismo”. En, Modelos de crecimiento urbano. XV Seminario de Gestión Local. Trea Ediciones. Gijón.

4 Véase Shoard, M. (2002): “Edgelands”. En Jenkings, J. (ed.) Remaking the Landscape. Profile Books, London.

5 Véase Viganó, P. (2010): I territori de l´urbanistica. Il progetto como produttore di conoscenza. Oficina Edizioni. Roma.

6 La velocidad de los cambios y la fluidez de los procesos económicos y sociales en las llamadas sociedades post-industriales avanzadas son contempladas como fuentes de buena parte de los niveles de incertidumbre que se dan en las regiones urbanas dinámicas. Científicos sociales como Richard Sennet filósofos como Zygmunt Bauman, economistas como Jeremy Rifkin, o geógrafos culturales como Nigel Thrift o David B. Clarke, entre muchos otros, han abordado críticamente, de manera directa o indirecta, algunos de los fundamentos de este problema e los tiempos recientes. Desde otro ángulo muy diferente, buena parte del discurso neo-vanguardista de arquitectos y urbanistas como Sanford Kwinter, Rem Koolhaas, Bart Loostma, Paul Virilio, y algunos otros, parece complacientemente impregnado por los encantamientos del cambio rápido, la indeterminación y lo incierto que envuelve a, o subyace en, muchos de los acontecimientos, situaciones y procesos contemporáneos. En todo caso, la necesidad de afrontar le cuestión de la incertidumbre y sus implicaciones en la toma de decisiones ha estado presente en diferentes dominios de las esferas públicas y privadas desde hace ya muchos años, como ejemplo, ver, Christiansen, K. (1985): “Coping with Uncertainty in Planning”. Journal of the American Planning Association. Vol. 51, nº 1; o, más tempranamente, la lúcida discusión de esta cuestión en: Friend, J. K.& Jessop, W. N. (1969): Fiscal Government & Strategic Choice. Tavistock Publications, London.

7 Con objetivos distintos y un enfoque más amplio que el pionero artículo de Kurokawa, “Capsular Declaration”, de 1969, Lieven De Cauter ha profundizado recientemente sobre esta problemática cuestión y su relación con la ciudad y las formas contemporáneas de lo urbano: De Cauter, L. (2004). The Capsular Civilization. Nai Publishers, Rotterdam; y De Cauter, L. (2002) “The Capsular City”, en Neil Leach: The Hieroglyphics of Space. Routledge, London. 2002.

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